Noriega no encontró el infierno cuando llegó a la vetusta cárcel La Santé. Su vida hace años, es un infierno. El arrogante militar que causaba temor con su sola presencia es ahora un anciano cansado, enfermo, temeroso y sumido en una profunda depresión.
Dos derrames cerebrales en el año 2004 (isquemias), afecciones en la próstata, hipertensión y un constante estado depresivo que lo mantiene temeroso ante todo han disminuido el avejentado cuerpo del ex hombre fuerte de Panamá.
El cónsul de Panamá en París, Aristides Gómez, tal vez el único panameño que ha visto frente a frente a Noriega en las últimas 24 horas, da fe de su estado de salud. Dos horas se reunió ayer con el detenido en La Santé.
“Está en un estado depresivo profundo, se ve muy deteriorado y muy enfermo... es una persona que no está en buen estado”. “Su voz es baja, humilde y lenta”, narró a Panamá América, vía telefónica.
Afirmó que a Noriega “se le notan” las consecuencias de los derrames que sufrió. “Tiene parálisis en un costado”, dijo.
El cónsul pidió a la administración de la cárcel La Santé que Noriega tenga supervisión médica permanente.
A su llegada a Francia, se le practicaron dos revisiones médicas, una en el Palacio de Justicia y otra en La Santé. Gómez dijo que Noriega sufre de afecciones cardíacas, hipertensión y colesterol alto.
El ex general fue recluido en la sección VIP del penal, en una celda solitaria. ¿Qué fue lo primero que le pidió Noriega?, inquirió Panamá América. “No me deje solo, por favor, y visíteme constantemente”, contestó el cónsul.
Noriega, de 76 años de edad, toma “muchos” medicamentos para sus afecciones, señaló Gómez.
El abogado defensor del ex militar, Yves Leberquier, aseguró que Noriega “es un anciano, cansado y enfermo, que necesita ayuda para subir y bajar escaleras”. Sin embargo, precisó que “mentalmente se está fortaleciendo, es un luchador”.
“Es cierto, yo mismo lo vi”, da fe el diplomático panameño, aunque sostiene que Noriega “parece bien entrenado por su defensa en lo que tiene que decir”.
El cónsul Gómez manifestó que, a su llegada a Francia, Noriega tenía “evidentes” problemas de coordinación para expresarse, que podrían deberse al largo viaje y a su cansancio. “Tal vez si duerme un poco, su situación mejore”, expresó.
Gómez destacó que a Noriega se le han respetado hasta el momento todos sus derechos humanos y legales en Francia, incluso “no ha sido esposado”. “Él tiene una atención especial, dictaminada por el Juez”.
Explicó que la Convención de Viena le permite al Consulado visitarlo en cualquier momento y asistirlo para que reciba un buen trato.
Un caso difícil.
Monseñor José Domingo Ulloa, arzobispo de Panamá, calificó el tema de Noriega como un caso "muy difícil", porque hay que "sanar heridas y perdonar, aunque reconoció que resulta difícil lograrlo si no se ha hecho justicia terrenal".
Dijo que el tema resulta muy difícil para los que perdieron familiares, pues el perdón no involucra que se deje de hacer justicia.
Aseguró que en el tema de la dictadura militar hay que tener en consideración que la "justicia tardía no es justicia".
Mientras que el presidente Ricardo Martinelli confirmó que Panamá pedirá la extradición de Noriega, aunque afirmó que el futuro de esa petición dependerá de Francia.
"Panamá hará el pedido de extradición, tal cual como dicen nuestras leyes, pero todo depende del Gobierno francés", dijo.
En tanto, el canciller Juan Carlos Varela indicó que solicitarán al Poder Judicial y al Ministerio Público una "posición formal" para iniciar "un proceso nuevo" de extradición con Francia.
"Como Estado no podemos correr ningún riesgo de lo que pase en Francia", señaló. "No vamos a permitir que el señor Noriega esté un día que no sea cumpliendo su condena en Panamá cuando termine su condena en Francia". "Panamá se ratifica como Estado (...) de que Noriega debe cumplir sus condenas aquí”, dijo.