Washington.- El próximo debate en el Congreso de la propuesta del gobierno de George W. Bush para perforar pozos petrolíferos en los grandes lagos Michigan y Huron presenta un agudo dilema a los legisladores Republicanos, sobre si apoyar a su presidente o plegarse a la corriente de la opinión pública que favorece la protección del medio ambiente.
Por ejemplo, el senador Peter Fitzgerald, un Republicano conservador del vecino Estado de Illinois, lindante a los lagos, critica el plan del Presidente con la misma vehemencia que los liberales Demócratas que lo denuncian por temor a la contaminación lacustre y al peligro que representa para la fauna y flora de las costas.
Este es sólo el ejemplo de la instancia más reciente de un paulatino resquebrajamiento del "frente unido" que los Republicanos trataron de conformar alrededor de la política de su presidente, que fue objeto de numerosos análisis este último fin de semana, un extenso puente desde las fiestas patrias del 4 de julio.
Asimismo, las encuestas de opinión pública, en lo que va del gobierno de Bush, que el 20 de este mes cumple los primeros seis meses de mandato, lejos de reflejar el esperado optimismo que marca el inicio de un nuevo periodo presidencial, muestran un creciente escepticismo que el ex gobernador de Texas controla las riendas del Ejecutivo, y mucho menos lo que concierne a la conducta de la política exterior.
La política económica sigue siendo uno de los puntos neurálgicos para los que atacan el programa de Bush.
En este sentido, el recorte presupuestario que el Congreso aprobó tras un significativo esfuerzo de la Casa Blanca y que el equipo de Bush considera como uno de sus primeros grandes triunfos es severamente criticado por Paul Krugman, profesor de economía de la Universidad de Harvard, quien sostiene que el Gobierno ahora deberá enfrentar las consecuencias de un deterioro económico que no había anticipado.
"Si hace seis semanas el Senado hubiese sabido lo que sabe ahora, no sancionaría este enorme e irresponsable recorte presupuestario", plantea Krugman. "La verdad es que los moderados que votaron por el corte fueron engañados. Y la nación tardará años en pagar por las consecuencias de su ingenuidad".
Uno de los puntos en que coincide una gran gama de los analistas es en cuestionar la evidente tendencia del equipo de Bush de manejar el Gobierno como si fuera una gran empresa privada.
David E. Sanger, que dirige la cobertura de la Casa Blanca para The New York Times, aborda este tema en un artículo de fondo en la edición dominical del periódico titulado "Tratando de Manejar a un País como una Corporación".
Para subrayar esta tesis con su singular lenguaje corporativo, Sanger cita a Thomas E. White, quien dejó la presidencia de Enron, la influyente compañía energética de Texas para asumir el cargo de secretario del Ejército que se autoproclama "Somos efectivamente los presidentes del directorio de una subsidiaria del Departamento de Defensa".
"Una causa de los problemas del presidente", señala el corresponsal, "podría ser que realizar este esquema operativo en el Gobierno conspicuamente adolece de lo que Washington necesita: La flexibilidad requerida para satisfacer la gran variedad de ciudadanos y para acomodar a diversos intereses, algo que Bush hizo muy bien en Texas".
Asimismo, Sanger recuerda el reciente viaje de Bush a Europa donde, ironiza, los líderes de los países visitados "se cansaron de ser tratados como subsidiarias extranjeras de América Inc."
"Entonces Bush escuchó, y dijo que se sintió humilde", continúa. "Pero ni bien regresó