El PRD decidirá este domingo asuntos muchos más graves y profundos que un nuevo Comité Ejecutivo Nacional, CEN.
Está en juego el control del partido político más grande de América Latina (tiene más de 500 mil adherentes, una sexta parte de la población panameña), así como podría definirse la candidatura presidencial para el periodo 2009-2014, el quinquenio durante el que se espera cosechar las mieles de la bonanza que se está sembrando hoy.
Los protagonistas.
Dos nombres gravitan más que ningunos otros: Balbina Herrera Araúz y Juan Carlos Navarro Quelquejeu. Son los punteros de las encuestas.
Aunque están en el mismo recipiente, el PRD, son como agua y aceite. Sus raíces, y la trayectoria en el partido, tienen vertientes completamente opuestas.
Balbina es de origen humilde, estudió agronomía en la Universidad de Panamá, y empezó su militancia política en las calles, en los movimientos estudiantiles izquierdistas de los años 70. Es miembro fundadora del PRD, en 1979.
Juan Carlos, por su parte, proviene de una familia adinerada, estudió en la Universidad de Harvard, Estados Unidos, y su inducción a la política criolla pasó primero por la agenda ambientalista, para llegar al PRD de la mano del presidente Ernesto Pérez Balladares, en 1997. Se le considera un político de derecha.
Aunque ambos lo nieguen, las diferencias entre Balbina y Juan Carlos parecen irreconciliables a medida que avanza el proceso electoral, en el que el PRD se perfila como el partido triunfador, ante una oposición dividida.
Peor aún cuando Herrera es quien se desmarca en las encuestas y aparece como favorita para ganar una eventual elección presidencial, aunque ella hasta el momento ha negado estar interesada, por cumplir un antiguo acuerdo a favor del actual alcalde Navarro.
El pacto.
En el vértice de este supuesto (¿supuesto?) pacto está nada menos que el propio presidente de la república, Martín Torrijos, quien apoya a Navarro para cumplir lo que acordaron en 2004, cuando el actual mandatario le pidió al hoy alcalde que no compitiera con él por la candidatura presidencial de ese entonces, con la promesa del apoyo futuro para el 2009.
Otra versión indica que el acuerdo es mucho menos viejo. Fuentes perredistas señalan que Martín le pidió a Juan Carlos que no aspirara a la presidencia del partido este 9 de marzo, para estar en mejores condiciones ante la candidatura presidencial del país.
Herrera no acepta, ni rechaza, que exista semejante acuerdo. Ella insiste, en estos últimos días, en evadir la pregunta directa. Antes (diciembre 2007) decía que sí, que Juan Carlos era "el ungido" [las comillas son nuestras], y que ella respetaba esa decisión para no dividir al partido, y que se iba a conformar con aspirar a la alcaldía capitalina.
Sin embargo, Juan Carlos Navarro siempre dudó. Desde el primer momento sus allegados enviaron a los medios señales de que Balbina estaba mintiendo, y que en último momento incumpliría su palabra.
El futuro.
Algo que está claro es que la verdadera contienda en el PRD empezará el lunes 10 de marzo, después del Congreso.
¿Volverá Balbina al Gabinete de Martín? ¿Luchará sola contra un CEN dominado por el eje Torrijos-Navarro? ¿Cuánto durará esta alianza? ¿Se lanzará Balbina a las primarias presidenciales? ¿El poder detrás del poder la dejará aspirar? ¿Qué tanto se dividirá el partido a lo largo del año?
Se espera que el domingo ambos bandos, el de Balbina y el de Juan Carlos, llenen el estadio Nacional de aliados que intentarán, cada uno por su lado, hacer el mayor ruido posible para aclamar a su candidato.
Y empezará la gran batalla y el tiempo de las conjuras.
La división perredista
La fisura se notó con los congresillos. Fuentes cercanas a Navarro aseguran que cuando la cúpula del partido cerró filas contra Pérez Balladares, y favoreció a Balbina, ella se sintió con poder suficiente para imponer sus criterios por encima de los de Torrijos, y colocar a sus allegados en los puestos clave.
La jugada no le resultó. Balbina perdió frente a la maquinaria del actual poder dentro del partido, y la mayoría de los congresillos pasaron a manos del eje Torrijos-Navarro.
Aquí estaría el núcleo del argumento del alcalde, de que Balbina incumple su palabra.
La contraparte tiene otra historia. Los hijos de Balbina fueron el detonante, al verse perjudicados en el congresillo que se realizó en San Miguelito. El alcalde Héctor Carrasquilla “les jugó sucio”, dicen las fuentes consultadas. El responde a Torrijos.
Poco después de este hecho, Balbina, que se jacta de ser una mujer de palabra, indicó en una reunión partidaria que “mi lealtad es con el partido, no con algún individuo”.
Ambas versiones pueden ser ciertas. No se sabe qué ocurrió primero.
Toro, de rival a aliado tácito
En un santiamén, “El Toro” pasó de rival a aliado tácito de Balbina.
No es extraño. Ambos son dirigentes históricos, y se saben las mañas. Ella fue presidenta de la Asamblea Legislativa siendo Pérez mandatario. Antes de eso, ambos sacaron la cara por el PRD cuando nadie en el país daba un centavo por el colectivo, luego de la invasión de 1989.
“El Toro es más frontal, respeta a los adversarios de calibre (...) uno sabe qué esperar de él cuando hace sus embestidas (...) estamos hablando de un copartidario con trayectoria”, señaló la fuente balbinista.
En cambio, se señala que Torrijos y Navarro son “unos advenedizos” que se quieren quedar con el partido, a pesar de que su militancia no es mayor de 15 años.
Si Balbina obtiene más votos de los que esperan el Presidente y el Alcalde este domingo, Ernesto Pérez Balladares volvería a las conveniencias del poder. Aunque perdería la presidencia del PRD, tendría una aliada sin igual en la cúspide, lo que lo convertiría en “un pez de vuelta al agua”.
Una tendencia innegable
Una jugada que hoy tiene sentido, es el “salto” de Mitchell Doens, ex líder del ala comunista del PRD y ministro de Trabajo cuando Pérez Balladares era presidente, al bando de Martín Torrijos el año pasado.
No es absurdo pensar que Doens fue el lazo que le sirvió a “El Toro” para atraer a Balbina, también con raíz izquierdista.
Esta tendencia de Balbina podría ser su condenación. Los panameños, en términos generales, no ven con buenos ojos a los “ñángaras”. Ya corren rumores de que ella recibe dineros de Hugo Chávez. Sus allegados, y ella misma, lo niegan. Herrera asegura que este es “fuego amigo”, es decir, que el libelo surge de dentro del PRD.
Sin embargo, es una carta que sus adversarios no dudarán en lanzar a la mesa para dañarla lo más posible.
Una imagen que todavía no se ha borrado de las mentes, es la de Herrera formando un tumulto durante la visita de George Bush padre en 1992, que terminó en humareda por los gases lacrimógenos, y en un desaire al mandatario estadounidense que ordenó la invasión del 89.