CUMPLIR EL sueño de tener un techo propio nunca ha sido sencillo; sin embargo, hay quienes no logran siquiera la posibilidad de un "rancho" digno. Lo difícil de su situación económica se los impide.
Tal es el caso de una joven de 27 años, oriunda de Los Santos, quien junto a su esposo y tres hijos ocupa un terreno, a un costado de la pista de aterrizaje de Calzada Larga en Chilibre, su esperanza es que un día su permanencia allí sea legal.
Ellos viven en una reducida estructura de madera y cinc corroido. Allí el agua escasea, hasta para lavar los platos como pudo corroborar Panamá América.
Laura, la más pequeña de sus hijos de apenas dos años, padece diarreas y su piel está enrojecida, debido a la contaminación del lugar.
"Desde el mes de septiembre vivimos en este lugar, y no he podido ni llevar a mis hijos al subcentro de Salud Caimitillo, porque a veces no tenemos ni para comer".
Pese a lo desgarrador del relto, según las autoridades las invasiones de terrenos privados no resuelven los problemas habitacionales. Por el contrario, advierten, se corren riesgos ante la falta de servicios básicos.
Los precaristas lo saben pero no piensan ceder hasta que el Ministerio de Vivienda legalice estas tierras. Así lo hizo saber Jeremías, que en su corta estancia en el lugar, es un líder en la "comunidad".
Su justificación para invadir el terreno es que pagaba altos costos de alquileres y no puede financiar una casa como las promovidas en la Feria de la Vivienda.
"Esto de la feria es un engaño para nosotros los pobres" aseguró.
La Autoridad de Aeronáutica Civil (AAC) censó a las familias del lugar y determinó que existen un total de 300. Los resultados finales se evaluarán posteriormente, así como las posibles alternativas.
De acuerdo con AAC, el límite para estar lo más cerca al aeropuerto es de 200 metros desde el centro, de lo contrario se atenta contra una norma de seguridad, sumado a que los invasores usan la pista de aterrizaje para actividades que no son propias.
Precaristas no temen arriesgarse
El tener una vivienda digna es la posibilidad remota con la que sueñan algunos invasores.