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Predicen menostormentas que en últimos tres años


Estudiante de Periodismo

La temporada de huracanes que se inició el 1 de junio y culminará el 30 de noviembre en el Atlántico, probablemente presente niveles de actividad normal y registre menos tormentas que en los últimos tres años, informó la Administración Nacional de Asuntos Oceánicos y Atmosféricos (NOAA).
Según expertos de la agencia estadounidense, esta conclusión se debe a la ausencia de condiciones intensas del fenómeno conocido como La Niña, que se caracteriza por la presencia anormal de temperaturas más frías en la superficie Pacífico Ecuatorial y asociadas con cambios atmosféricos en vientos y lluvia.
De acuerdo con la NOAA, una temporada de huracanes normal en el Atlántico usualmente consta de 8 a 11 tormentas tropicales, de las cuales un aproximado de 5 a 7 alcanzan fuerza de huracán, y de dos a tres entran en la categoría de intensos. De éstos, se calcula que uno o dos alcanzan a tocar tierra en Estados Unidos o el Caribe.
La NOAA ofrece información al Centro Nacional de Huracanes para que prepare el programa de vigilancia meteorológica.
Con este fin, representantes de Centroamérica, el Caribe y Sudamérica, junto a los estadounidenses se reúnen cada dos años para actualizar datos y presentar modelos que ayuden a pronosticar qué cantidad de tormentas se producirán en una temporada.
El programa de vigilancia meteorológica tiene la finalidad de que los gobiernos se organicen y minimicen las pérdidas humanas y materiales.
Usualmente los huracanes afectan las Antillas y parte de la costa Este de Estados Unidos y sus efectos son muy directos en Centroamérica, porque se desplazan hacia la cordillera de esta región.

DAÑOS Y CAUSAS
La temporada de huracanes en el Pacífico empezó el 15 de mayo. La vertiente pacífica es una masa oceánica mayor que la del Atlántico y para esta temporada tiene más energía por el calentamiento de sus aguas, explicó el meteorólogo Felipe Alvarado.
Para que se inicie una perturbación tropical en el Caribe o en el Pacífico, debe existir una temperatura de 26 grados centígrados entre la superficie del mar y el aire circundante. Esto provocará una evaporación que a su vez, transportará energía hacia los niveles altos de la atmósfera, dijo el experto de la Empresa de Transmisión Eléctrica S.A.
Si se presentan vientos fuertes, la energía registrará alturas muy superiores que impiden el desarrollo de tormentas, pero si por el contrario, son débiles, el transporte de humedad formará nubosidades que estructuran el sistema de vientos y se forman anormalidades.
Dependiendo de la intensidad del aire, la depresión tropical se convierte en tormenta y luego en huracán, mientras que el movimiento de la tierra se encarga de desplazarlos, afirmó.
Los huracanes se manifiestan con vientos fuertes, abundantes precipitaciones y descargas eléctricas. En consecuencia, provocan inundaciones que elevan el nivel de las aguas tanto de los lagos como de los ríos y quebradas.
De acuerdo con los expertos, una depresión tropical tiene corrientes de aire menores a 63 kilómetros por hora, la tormenta oscila entre 64 y 117 y el huracán parte de los 118.
Según la escala Saffir Simpson, al alcanzar vientos a partir de los 119 kilómetros por hora, el huracán entra en la categoría 1 y a partir de ese momento puede llegar hasta la 5, que causa la máxima destrucción.

 
NO HAY NADA ESCRITO SOBRE PIEDRA
Felipe Alvarado, quien trabaja en conjunto con la Dirección de Aeronáutica Civil en materia meteorológica, afirma que el informe de NOAA es confiable porque cuenta con equipos especiales de investigación.
Sin embargo, aclara que a pesar que los pronósticos del Centro Nacional de Huracanes y de la NOAA son confiables, ningún dato meteorológico puede considerarse preciso porque se trabaja con modelos de temporadas anteriores, similares a los actuales.
Por otra parte, Alvarado explica que Panamá no sufre los efectos directos de los huracanes como el resto de la zona, debido a su famosa posición de "S" acostada, horizontal y orientada de Este a Oeste.
Dice que los países centroamericanos no tienen esta particularidad y están ubicados de norte a sur, por lo que sufren los embates de este fenómeno natural.
Afirma el meteorólogo que Joan fue el huracán más cercano a las costas panameñas y en 1988 estuvo a 485 kilómetros de Colón, distancia que asegura, está fuera de un radio de acción directo.
Sin embargo, agrega que en el Pacífico hay incidencia de bandas nubosas en forma de espiral y producidas por sistemas de viento que al desplazarse logran afectar las condiciones climáticas de Panamá.
Los vientos más fuertes en el país son de 40 a 50 kilómetros por hora, velocidad no originada por los huracanes, sino por el flujo de aire existente en la región.
Aclara que usualmente en Panamá cometen el error de referirse a vientos huracanados, lo que en realidad son líneas nubosas producidas por tormentas locales y que originan corrientes fuertes de aire.
Agrega que los panameños los consideran huracanados porque derrumban árboles y levantan techos, pero no se trata de que el viento sea intenso, sino que depende de las condiciones de las viviendas y áreas donde se registre.
Los huracanes afectan a Panamá a través de efectos colaterales porque el flujo de vientos causa lluvias orográficas que aumentan el nivel de los lagos, ríos y quebradas, provocando deslizamientos de tierra.
Las lluvias orográficas son precipitaciones fuertes y abundantes en las regiones montañosas debido a que el viento, al encontrarse con una barrera, hace que las nubes converjan en la cima.
De acuerdo con Alvarado, cuando el cielo está negro en las montañas y en las partes bajas llueve, hay que tener cuidado porque las precipitaciones en las zonas altas son más abundantes que en las bajas, por lo que muchos son sorprendidos por las crecientes de ríos y quebradas.
Joan, César, Mitch y Bret fueron los huracanes que tuvieron alguna incidencia en el país, pero que afectaron gravemente a Centroamérica por su posición geográfica de norte a sur.
En cuanto a los tornados, el meteorólogo explicó que el de 1992 y que causó la muerte a 12 personas, se debió a la penetración de aire cálido en el Pacífico, lo que provocó inestabilidad en la región continental.
Esto permitió la entrada de una tormenta del sur cargada de humedad que produjo la circulación fuerte sobre el área de Juan Díaz y alrededores.
Alvarado afirma que en la región tropical normalmente no existen las condiciones necesarias para originar tornados, por lo que aún recopilan datos del suceso de 1992.
Este informe será entregado al Laboratorio Nacional de Tormentas Severas, en Estados Unidos, para que estudien y expliquen el fenómeno.
Por otra parte, asegura que las trombas marinas, que son tornados producidos en el mar, se registran frecuentemente en el país.

ACTUALIZACION
El 23 de julio próximo se dictará en Panamá un curso de meteorología y técnicas de análisis pronóstico en el área tropical. Un funcionario del Laboratorio Nacional de Tormentas Severas de Oklahoma será el encargado de la capacitación, que durará tres semanas aproximadamente.
Alvarado comenta que en el país hay una oficina de meteorología que labora hasta medianoche, no obstante, ante eventualidades, trabaja las 24 horas.
Advierte que en Panamá no existen equipos de vigilancia adecuados. No hay un radar meteorológico que permita entrar en el sistema, observar su desarrollo, movimiento y traslado.
Agregó que tampoco hay una estación terrena, que es una computadora que muestra imágenes de satélite en directo.
Pese a este panorama, dijo que esperan que entre julio y agosto se instale el equipo. En tanto, estas imágenes deben obtenerlas de Internet, pero considera que no es lo ideal.

PLAN OFICIAL
El Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) prepara un plan integral ante la posibilidad de inundaciones, a través del Centro de Operaciones de Emergencia.
Según Omar Smith, director técnico del Centro de Operaciones de Emergencia del SINAPROC, a pesar de que la temporada de huracanes empezó el 1 de junio, las inundaciones se acentúan en los meses de septiembre, octubre y noviembre, de acuerdo con referencias de años anteriores.
Agrega que el plan para enfrentar inundaciones tiene la intención de que las instituciones involucradas conozcan cuáles son las áreas más afectadas y que al producirse una eventualidad, se inmiscuyan en el trabajo.
Actualmente este programa realiza talleres con más de 19 entidades, entre ellas, el Servicio Aéreo Nacional, el Servicio Marítimo Nacional, el Ministerio de Obras Públicas, la Autoridad del Canal de Panamá y el despacho de la Primera Dama.
También participan la Cruz Roja, el Servicio de Protección Institucional, la Caja de Seguro Social, el Ministerio de Salud, la Policía Nacional y la Autoridad Nacional del Ambiente.
Otras entidades involucradas en el proyecto son el Cuerpo de Bomberos, el Ministerio de Vivienda, Empresa de Transmisión Eléctrica y Cable & Wireless.
De acuerdo con Smith, lo primordial es que la ciudadanía esté informada de cuáles son los sitios con riesgo de inundación y sepa qué hacer tanto en estos casos como en otros.

 
EDUCACION
Según el meteorólogo Alvarado, es responsabilidad del Gobierno y de los medios de comunicación educar a la ciudadanía, prepararla y enseñarle medidas de precaución ante los desastres naturales de cualquier origen.



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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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