En estas instalaciones los jóvenes de diversos sectores de la ciudad reciben formación de acuerdo con su vocación.
La organización no solo ofrece formación profesional, sino que los jóvenes reparan lavadoras, bicicletas, puertas y sillas de rueda, entre otros objetos, para la posterior venta.
Asimismo, diferentes empresas del país contratan los servicios de estos jóvenes para que les empaquen sus productos.
Además, a las Industria de Buena Voluntad llegan productos de calidad de Estados Unidos (bicicletas, silla de rueda, refrigeradoras), para ser armadas por el equipo de taller de metales.
Luego de acondicionados, los productos son puestos a la venta, con la finalidad de recaudar fondos, ya que el proyecto es autosostenible.
El precio de las sillas ortopédicas es B/. 150.00; refrigeradoras y lavadoras desde B/. 176.00; las bicicletas B/. 15.00 y las puertas a B/. 97.00.
Sheyla Sánchez, directora Ejecutiva de Industrias de Buena Voluntad hace un llamado a los estudiantes que han terminado el bachiller que no tienen experiencia laboral a acercarse a las instalaciones a recibir orientaciones, de igual forma para los jóvenes universitarios, ya que ofrece una variedad de cursos.
El centro brinda clases de empaque, comida rápida mantenimiento y limpieza, metales, jardinería y clases teóricas ofrecidas por un equipo de Formación Integral y Laboral de la entidad.
La duración de esta formación es de un año. Una vez culminado este curso pasan a una Programa de Capacitación de Empleo, donde se les enseña el funcionamiento de los equipos informáticos, relación laboral, los deberes y derechos.
La Asociación Panameña de Industrias de Buena Voluntad es una institución no gubernamental de carácter social que inició sus operaciones el 14 de septiembre de 1970, para ofrecer rehabilitación profesional en los distintos talleres y así poder lograr la integración laboral de personas con limitaciones físicas y mentales.
La rehabilitación a nivel profesional ha sido difundida en Latinoamérica por Goodwill Industries International Inc, y acogida en Panamá por un sector de personas identificadas con esta idea, quienes a través de los años, se han esforzado por lograr fondos a través de donaciones del sector privado, venta de productos y servicios que ofrece la entidad.
Según la directora ejecutiva, Sheyla Sánchez, en la entidad se brinda el acondicionamiento laboral a través de entrenamientos para la formación de hábitos, capacidad de trabajo y producción en los talleres del centro de rehabilitación. Todos bajo los principios de dignidad al trabajo, derecho del discapacitado, la integridad y el trabajo en equipo.
El proceso del centro es educar a los discapacitados para lograr erradicar la pobreza y llevar las personas de escasos recursos a ser generadores de sus propios ingresos.
De acuerdo con Sánchez, algunas de las personas que asisten a los programas no tienen ningún nivel de educación o no han terminado la primaria o el primer ciclo, pero allí se les brindan todas las herramientas necesarias para que logren la independencia tanto en el aspecto educativo como laboral. Además, es necesario que la sociedad conozca que los discapacitados que asisten a esta entidad no van a trabajar, sino a adquirir capacitación laboral.
Para recibir la capacitación las personas discapacitadas deben pasar por un proceso de aprendizaje en cada uno de los talleres con que cuenta la institución y el proceso es por etapa y cada uno tiene un subsidio que les permite a los jóvenes pasar a la independencia.
El 14 de septiembre de 1970 esta organización inició labores en Panamá y ayuda a las personas con limitaciones físicas.
Según estadísticas de la asociación, han integrado 505 egresados al mundo laboral con un promedio de ubicación de 69 egresados por año durante el periodo de 1997-2001.