Nación

Presidenta de la Corte salva obstáculo de discriminación


Vio a su padre servir como conciliador entre la gente de su pueblo natal y eso marcaría una vida destinada al ejercicio del Derecho en su país, pese a haber obtenido el título de abogada en el extranjero.
La nueva presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Mirtza Angélica Franceschi de Aguilera, anhelaba ser jueza y lo ha conseguido, pero no se conformó con ello.
Hoy es una de las dos mujeres con el más alto cargo de un órgano del Estado. La otra es la Presidenta del país.
Mirtza Franceschi inició su carrera judicial tan pronto se graduó de abogada en México, en 1959. Recibió su título en noviembre y en diciembre de ese mismo año, se trasladó a la ciudad de David, Chiriquí.
Llegó a su pueblo con una meta que estaba dispuesta a lograr: ser jueza.
Pero eso no lo decidió al azar. Quiso ser jueza porque su padre era juez de trabajo en David.
Y he aquí que para lograr su objetivo se encontró con un obstáculo casi imposible de salvar en aquellos años: era mujer y como tal, no "debía" ser abogada.
Había discriminación contra la mujer en 1960 y aún hoy, sostiene la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, "porque nos ven como seres inferiores".
En aquel momento, ella no pudo iniciar su carrera como abogada, pese a tener el título que la calificaba como tal. Comenzó siendo secretaria del juzgado penal en David. Escribía a máquina con rapidez, lo que aunado al hecho de que era estenógrafa y a la vez abogada, le permitió hacer sus pininos en el campo del Derecho, elaborando proyectos de sentencia.
Unos meses después, se presentó una vacante de juez municipal y, demostrada su capacidad, fue recomendada y luego nombrada para ocuparla.
Esto lo hizo cuando había jurisdicción mixta, es decir, era jueza municipal y penal.
Desempeñó ese cargo por espacio de siete años, luego de los cuales fue destituida cuando se dio el golpe militar de 1968.
A partir de entonces, se dedicó a ejercer su profesión de abogada privadamente por 20 años.
Posteriormente, en 1990, fue solicitada en la Corte Suprema de Justicia para que ocupara una magistratura y durante dos años fue presidenta del Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial, que comprende Chiriquí y Bocas del Toro.
La segunda mujer que ocupa la presidencia de la Corte Suprema de Justicia recuerda que en ese puesto le correspondió atender casos muy "sonados" en Panamá, como los del asesinato del padre Nicolás Van Kleef, el de Hugo Spadafora y el de Edwin Amaya.
Con los años se presentó una vacante en la Corte y fue nombrada por el Consejo de Gabinete, durante la presidencia de Guillermo Endara como magistrada en la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo, que es donde ha laborado hasta llegar a la presidencia de la Corte Suprema.
LOGROS DE LA MUJER
Por otro lado, y refiriéndose al hecho de ya tres mujeres han ocupado el más alto cargo en cada órgano del Estado, la magistrada dice sentirse muy orgullosa porque la mujer se ha ganado con su trabajo, el derecho de gobernar el país y está cumpliendo a satisfacción con el deber de servir a la patria.
Ahora bien, dejó muy claro que ella siente que se ha avanzado, aunque no se puede dejar de lado el hecho de que la proporción es muy poca en comparación con la cantidad de hombres que han ocupado estas posiciones.
Para poner un ejemplo, sólo en la Corte Suprema de Justicia, únicamente dos mujeres han ocupado su presidencia, cuando ese mismo cargo lo han ocupado 41 hombres.
Asimismo, una sola mujer -la legisladora Balbina Herrera-ha ocupado la presidencia de la Asamblea Legislativa , mientras que hoy, por primera vez en la historia, una mujer -Mireya Moscoso-llega a ser la Presidenta de Panamá.
Esta situación hace que aquellas mujeres que han logrado ese triunfo, tengan que esforzarse el doble, porque a la vez que representan desde sus cargos a la mujer panameña, sienten que tienen el compromiso ineludible de hacer bien su trabajo, precisamente para que la mujer ocupe siempre un sitial de altura en la sociedad.
Además, la entrevistada dice sentir la responsabilidad de trabajar para que todas las mujeres en el país tengan igualdad de oportunidades. Y, a juzgar por su trabajo en pro de esta causa, no hay duda de que ha luchado por ese objetivo.
La experimentada abogada, rodeada de gran cantidad de ramos de flores que perfumaban su amplio despacho de la Corte Suprema de Justicia, dio a conocer que fue miembro fundadora y presidenta durante dos años de la Asociación de Juezas y Magistradas de Panamá.
Esta agrupación se ha dedicado a trabajar por la erradicación de toda forma de discriminación contra la mujer en la administración de justicia, y para ello, sus miembros se han capacitado, tanto en Panamá como en el extranjero, sobre la interpretación y aplicación de las leyes, a la luz de los Tratados internacionales que consagran los derechos de las mujeres, las niñas y los niños.
IMAGEN NO SE BASA EN LA REALIDAD
Por otro lado, la licenciada Franceschi de Aguilera se refirió a la imagen poco favorable que proyecta la administración de justicia; imagen que, según ella, no se basa en la realidad.
Opina que en los últimos 10 años, en que se restauró la democracia en Panamá, ha progresado la forma en que se administra la justicia en el país, si se toma en cuenta que está vigente la carrera judicial y que los funcionarios judiciales son elegidos por concurso entre los aspirantes.
Esto permite mayor independencia de criterios al momento de administrar justicia, argumenta la magistrada.
Por otra parte, las condiciones de trabajo del funcionario de la Corte son mejores hoy, pues las instalaciones físicas han sido mejoradas y equipadas con tecnología moderna.
En lo que se refiere a capacitación, a través de la Escuela Judicial se capacita a funcionarios de reciente ingreso, así como a jueces en servicio, a quienes se les adiestra sobre la función social que deben desempeñar y sobre qué espera la sociedad de ellos, además de concienciarlos sobre el hecho de que la administración de justicia busca la convivencia pacífica y la seguridad jurídica para fortalecer el estado de derecho y consolidar la democracia.
De igual forma, se les capacita en ética judicial para "refrescarles" lo relativo a esta materia contenida en el Código Judicial. También se les hace énfasis en el significado de la carrera judicial, que constituye el fundamento de estabilidad para que los jueces emitan sus fallos de manera independiente de los otros órganos del Estado, de partidos políticos, de grupos de presión, gremios o asociaciones y de sus superiores.
La magistrada está convencida de que la Escuela Judicial cumple un papel preponderante porque la universidad forma académicamente a los abogados, pero la Escuela Judicial les enseña a interpretar la ley para su aplicación.
Toda esta capacitación, así como la modernización de equipo e instalaciones, tienen un fin primordial: disminuir la mora judicial.
Con estas mejoras integrales, habrá jueces más eficientes y eficaces y funcionarios preparados para que la justicia cumpla con sus fines, sustenta la magistrada.
Mirtza de Aguilera hace gala de su experiencia en administración de justicia, mientras explica los avances y las proyecciones del Organo Judicial. Justamente, la magistrada participó en el Programa de Mejoramiento de Administración de Justicia, que es financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y el Gobierno, el cual es ejecutado actualmente.
El programa incluye un componente de descongestión judicial, para el cual se nombraron 20 jueces temporales en Coclé, Panamá y Chiriquí, donde hay más volumen de casos. Estos jueces resolverán los casos pendientes para agilizar la administración de justicia.
Con este programa se perfeccionará la carrera judicial, se modificará la gestión judicial y se modernizarán los procesos, como hoy son modernos los procesos mercantiles y los marítimos.
Se llevarán los procesos orales a la jurisdicción civil y de familia para agilizarlos, tal como se ha hecho en otras jurisdicciones.
Asimismo, se buscan medios alternos de resolución de conflictos, mediante los conciliadores, a fin de descargar los tribunales y agilizar los procesos.
NO HABLA SOBRE SALA QUINTA
La presidenta de la Corte rehusó dar declaraciones sobre la derogación de la Sala Quinta, toda vez que si lo hace, debe declararse impedida para actuar en caso de que, tal como se ha anunciado por parte de sectores de oposición, la ley que deroga la Sala Quinta sea demandada por inconstitucional.
"Eso lo vamos a conocer nosotros los magistrados, entonces no debemos emitir ninguna opinión ni ningún concepto al respecto porque si lo hacemos tenemos que declararnos después impedidos", señaló.
MUJER CONTRA MUJER
La licenciada Aguilera se refirió a su colega Graciela Dixon, quien se abstuvo de votar durante la elección del presidente de la Corte, porque consideró que ninguno de los dos candidatos -Eligio Salas y Mirtza de Aguilera- llenaba sus expectativas.
Dixon está equivocada, es la concepción de Aguilera. Y está equivocada, dice, porque ella está convencida de que reúne todos los requisitos para ser presidenta de la Corte y regir sus destinos durante dos años.
Es más: cuenta con el apoyo de sus colegas magistrados, lo que a su juicio es muy importante para su gestión.
Aguilera sostiene que llamó a Graciela Dixon para que trabaje con ella y no ha recibido respuesta. "Pero yo espero que ella me conteste que está dispuesta a trabajar conmigo", agrega.
Sabe que la magistrada Dixon señaló que ella (Aguilera) no tiene sensibilidad social.
Es allí donde se equivoca, según la presidenta de la Corte, porque existen obras concretas y hechos que demuestran lo contrario.
Citó como ejemplo, que se ha preocupado por la creación de la Clínica de Salud Ocupacional que, dicho sea de paso, fue idea de otro de los magistrados que se abstuvo de votar en su favor: José Troyano.
Asimismo, está trabajando, a través de la Asociación de Juezas y Magistradas, en la creación del Centro de Orientación Infantil para hijos de los funcionarios, cuyo local estará ubicado muy cerca de las instalaciones de la Corte Suprema.
Durante los últimos ocho años, señala Aguilera, su labor no se ha limitado a resolver expedientes, sino también a trabajar por la capacitación de los funcionarios judiciales. Es presidenta del Comité Consultivo de la Escuela Judicial y participa en la ejecución del programa de mejoramiento de administración de justicia. Conoce el Organo Judicial por dentro y por fuera, porque fue abogada litigante en forma privada y ha trabajado allí durante una década.
¿INDEPENDENCIA POLITICA?
La presidenta de la Corte Suprema de Justicia se inscribió en el partido Panameñista en 1976, al que renunció en 1990 cuando inició labores en el Organo Judicial. Su familia como la de su esposo formaba parte de ese partido y hoy siguen siendo arnulfistas.
Precisamente, los arnulfistas criticaron al expresidente Ernesto Pérez Balladares por el hecho de que presuntamente tenía el control del Organo Judicial por haber nombrado a la mayoría de los magistrados.
Hoy, la moneda cayó del otro lado, y el oficialismo parece tener el apoyo de la mayoría de los magistrados, si se toma en cuenta que votaron a favor de la ley que derogó la Sala Quinta, es decir, acataron la ley.
Además, dentro de pocos meses, se vence el período de dos magistrados de la Corte y sus reemplazos serán nombrados por la Presidenta Mireya Moscoso, con lo que logra también el presunto control en ese órgano del Estado.
Con la moneda volteada, ¿qué opina la presidenta de la Corte?
Al respecto, Franceschi de Aguilera explica que a los magistrados los nombra el Consejo de Gabinete y los ratifica la Asamblea Legislativa, lo que quiere decir que los dos órganos del Estado que han sido electos mediante el sufragio popular, son los que deciden quiénes son los magistrados de la Corte.
Ese es el sistema, sin embargo, lo que legitima a los magistrados en sus cargos, en su origen, son las cualidades de honestidad, preparación académica, su vocación, ecuanimidad y sentido de responsabilidad.
Esas cualidades les permiten ejercer con independencia de partidos políticos, presiones familiares, personales o de gremios, sus funciones como magistrados, debidamente ceñidas a la Constitución y las leyes.
Se puede ser, como en su caso, un magistrado que perteneció a un partido político mientras pudo hacerlo. No le ve nada de malo a eso si una vez ese magistrado asume una responsabilidad dentro del Organo Judicial, se olvida de partidismo político y de relaciones familiares o de amistad.
Si antepone el deber de servir a su país con esas cualidades, a sus intereses políticos, familiares o sociales, entonces ese magistrado hará una papel digno e independiente, según la magistrada.
ANHELABA SER JUEZA
Mirtza Angélica Franceschi de Aguilera anhelaba ser jueza desde muy joven. Y no era para menos. Su padre fue juez de David y alcalde de Puerto Armuelles y Bugaba.
Con una sonrisa y mirada de añoranza, explicó que cuando ella iba a visitar a su papá, lo veía administrar justicia en cualquiera de sus cargos, como juez o como alcalde. Sonríe más ampliamente al recordarlo en el momento en que los moradores de su pueblo llegaban para que les resolviera casos relacionados con la pérdida de una gallina de patio o de un pollo.
Ella lo veía como una figura conciliadora y deseaba imitarlo.
Así pasaron los años de estudiante en el colegio Nuestra Señora de Los Angeles en David, donde obtuvo el título de Perito Comercial y luego en el exclusivo Colegio Francés en México, Distrito Federal.
En ese centro de estudios, se le realizaron exámenes psicológicos que dieron como resultado que debía optar por dos carreras universitarias: Psicología y Derecho.
¡Claro!, se dijo. Su padre ejerció esa profesión y ella quería seguir sus pasos. Así lo hizo.
EXITO, FAMILIA Y MUJER
La presidenta de la Corte Suprema de Justicia se considera una mujer afortunada en el plano profesional y personal.
Su matrimonio con el profesor de filosofía e historia, Manuel Aguilar, cumplió ya 36 años. Tiene cuatro hijos varones que hoy día son profesionales en diversos campos.
Uno de ellos, Manuel, es odontólogo, mientras que Rodolfo y Juan Sebastián siguieron los pasos de su madre: son abogados. Carlos Eugenio optó por titularse en administración de empresas de seguros.
Su éxito lo comparte con todas las mujeres panameñas para que sientan que si ella pudo lograr una carrera de abogada, un matrimonio feliz y criar a cuatro hijos que hoy son profesionales, cualquier mujer que se lo proponga también puede lograrlo.
Ese fue el mensaje de la recién elegida presidenta de la Corte Suprema de Justicia, una de las dos mujeres que tienen el poder en Panamá.


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71159
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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