Washington- Horas después que un periódico de Miami publicó la columna de un prestigioso comentarista ironizando la próxima cumbre entre la Unión Europea y Latinoamérica, funcionarios del gobierno de Estados Unidos se ocuparon de difundirla a varios periodistas y corresponsales extranjeros destacados en esta capital.
La histórica conferencia, que se realiza hoy y mañana en Río de Janeiro y a la que asisten la mayoría de los 48 jefes de Estado que integran el grupo EU-LA, "parece encaminada a convertirse en uno de los mayores fiascos de la región," opinó Andrés Oppenheimer en una reciente columna en el Miami Herald.
Bajo el titular "¿Una cumbre histórica o un histórico fiasco?", para el gobierno de Clinton la nota vino como caída del cielo. Criticado porque Washington está aún lejos de implementar las promesas de las Cumbres de las Américas de Miami y Santiago de Chile de iniciar las negociaciones para realizar la llamada Asociación de Libre Comercio de las Américas para el 2005, el gobierno opina que ahora le toca el turno a los europeos.
Distinto fue el tono de un reciente informe del embajador de Panamá en Alemania, Enrique Thayer, que advierte que la meta central de la cumbre será la de establecer una "alianza estratégica" en lo político y comercial, fundada en un diálogo directo en que se privilegie el tema de la democracia y el respeto a los derechos humanos, fuentes diplomáticas informaron a El Panamá América.
La cumbre, señaló, se articulará en torno a tres grandes temas. En primer lugar, se discutirá la necesidad de reforzar el sistema democrático en los países latinoamericanos, la reforma de las instituciones internacionales como la ONU y el Fondo Monetario Internacional, los derechos humanos, la lucha contra el narcotráfico y la necesidad de diesnar una estrategia para el desarrollo sostenible y la búsqueda de fórmulas para erradicar la pobreza.
En segundo lugar, los asistentes a la Cumbre reflexionarán sobre la necesidad de reforzar las relaciones económicas y comerciales existentes, y en tercer lugar, discutirán como fomentar la cooperación científica, cultural y educativa entre las dos regiones de ambos lados del Atlántico.
Entre ambas partes se conjuga un mercado de 850 millones de consumidores potenciales, que en 1998 alcanzo un intercambio comercial de aproximadamente 80 mil millones de dólares.
Quizás la tónica de la conferencia la anticipó el escritor mexicano Carlos Fuentes, al enfatizar la importancia de las relaciones culturales, el tema que ha quedado en el olvido en las Cumbres de las Américas, como si no fuera el elemento crítico que explica las afinidades y los conflictos entre
Washington y Latinoamérica.
Fuentes, invitado por la Academia Brasileña de Letras para recibir el "Premio de la Latinidad", señaló que "como mexicano, este premio tiene muchos significados porque la latinidad empieza en la frontera de México con Estados Unidos y la migración significa una defensa de la memoria y de la lengua que se manifiesta constantemente en todo lo que uno hace."
Sobre el hecho de que el premio le sea entregado en el marco de la Primera Cumbre América Latina y el Caribe-Unión Europea, Fuentes, que en los "70 fue embajador en Francia, dijo que tiene un gran significado, ya que "finalmente somos parte de una civilización euroamericana.
Apuntando al flujo migratorio hacia Estados Unidos, señaló que ese país podrá ser una gran potencia pero que Latinoamérica es más fuerte por su cultura. Una prueba de ello, expresó, es que hay en Estados Unidos 30 millones de latinoamericanos conscientes de sus tradiciones y que se sienten
depositarios de una continua capacidad de renovación en el mundo.
Otro fue el enfoque de Oppenheimer, uno de los comentaristas mejor informado sobre las relaciones interamericanas. Este fundamentó su escepticismo sobre la conferencia en las conversaciones que tuvo con Manuel Marín, el vicepresidente español de la golpeada Comisión Europea, y Enrique
Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, un invitado especial del anfitrión del acontecimiento, el presidente Fernando Henrique Cardoso de Brasil.
Marín fue el más pesimista en anticipar pocos resultados del encuentro, por lo que culpó a la posición del presidente francés, aunque a Iglesias también le parecía "muy dificil" que se realice el inicio de negociaciones entre la UE y el Mercosur.
"En lo que a mi respecta, pienso ir a la Cumbre de Río, por lo menos para gozar de sus fiestas," ironizó Oppenheimer. "Por las dudas, me llevaré un traje de baño y mi máscara de snorkling, en previsión de que la Cumbre no será un evento noticioso que requiera un trabajo de tiempo completo".
Cierto que por unos días la nota del columnista del Miami Herald parecía justificada, porque el gobierno francés todavía insistía que la UE no debía comenzar conversaciones con el Mercosur sobre la reducción de los aranceles hasta que se complete una planeada nueva ronda de conversaciones de
liberalización del comercio internacional patrocinado por la Organización Mundial de Comercio, probablemente en el 2003.
Sin embargo, pocos días después, en una reunión en Luxemburgo, España, Portugal e Italia, que tienen vínculos cercanos con América Latina lograron persuadir a Francia que aceptara un pronto comienzo a las conversaciones con la meta explícita de un área de libre comercio, comenzando con la EU y el Mercosur, posiblemente ya en el 2001.
Vale la pena recordar que la idea de la Cumbre la presentó el propio presidente de Francia, Jacques Chirac, en un discurso ante el Congreso en Brasilia el 12 de marzo de 1997, como el acaba de recordar en una entrevista publicada hoy en O Estado de Sao Paulo.
"Europa y Latinoamérica tienen todos los fundamentos para construir una alianza estratégica," declaró. "Debemos trabajar juntos para la nueva organización del planeta creando un mundo multipolar".
Como contraste, el corresponsal en Estados Unidos del mismo periódico, Paulo Sotero, informa que "la Cumbre de Río apenas provoca bostezos en Washington".
Es notorio que hasta los más altos funcionarios de la política exterior de Estados Unidos se interesaron poco en el desarrollo del acercamiento Europa-Latinoamérica, que de alguna manera fueron impulsadas por las cumbres iberoamericanas que España inicio en 1991.
Por ejemplo, se filtró que diplomáticos latinoamericanos quedaron perplejos cuando recientemente se reunieron con un alto funcionario de la Casa Blanca para hablar de la cumbre de Río, y éste a los pocos minutos preguntó si no pensaban seguir el ejemplo del presidente de Nicaragua que anunció que no asistiría a la reunión en La Habana.
De inmediato los latinoamericanos se dieron cuenta que el funcionario confundió la reunión EU-AL con la próxima Cumbre Iberoamericana a celebrarse en Cuba en noviembre.
"Los europeos hablan mucho de planes de ayuda para el desarrollo de América Latina, pero en el momento de la verdad ni sus inversiones ni mucho menos su comercio se aproxima al volumen de Estados Unidos", es una réplica común que esgrimen los funcionarios cuando se compara el interés que últimamente han demostrado Alemania, Gran Bretaña y Francia, además de España, en consolidar sus lazos con Latinoamérica con la relativa poca prioridad que la región goza en la agenda de la política exterior de Washington.
Quizás parte del problema reside en el hecho de que autodenominarse "el país indispensable" tras la derrota del Comunismo como la secretaria de Estado Madeleine Albright suele caracterizar a Estados Unidos, sus funcionarios se vuelven cosquillosos cuando otros países se reúnen sin ellos.