Nación

Procurador Sossa niega diferencias con su suplente


El procurador José Antonio Sossa negó tener diferencias con su suplente, Mercedes Araúz de Grimaldo, luego que ésta criticara su vista fiscal sobre el presunto pago de sobornos a legisladores por la aprobación del Centro Multimodal, Industrial y de Servicios (CEMIS).
Al tiempo que el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Adán Arjona, informó que a esta instancia judicial le tomará un año evaluar las sumarias remitidas por el Ministerio Público sobre este caso.
El procurador Sossa aseguró que en este caso la única diferencia consiste en la apreciación de Araúz de Grimaldo de que la investigación pudo haber seguido su curso sin la necesidad de pedir autorización a la Corte Suprema. Estimó que el desempeño de Araúz de Grimaldo como su suplente, ha sido satisfactorio y ha dado muestras de un trabajo profesional.
Por su parte, Arjona dijo que el artículo 520 del Código Judicial señala que el magistrado sustanciador del proceso tendrá un día por cada 50 páginas del expediente y las sumarias del caso CEMIS contienen un total de 7,895.
Al día siguiente, antes de la cita, Posada Carriles y dos amigos acudieron al sitio para asegurarse de que no hubiese intrusos merodeando. Más tarde, faltando veinte minutos para la hora fijada, los dos amigos de Posada vuelven al lugar y entran por puertas separadas, ubicándose en sitios estratégicos desde donde dominan ambas entradas y salidas. Posada arriba a la cafetería a las 8:55.
"Emilio" entró a Biggest a las 9:03, con el atuendo acordado el día antes: una camisa azul oscuro, con mangas largas. Posada llevaba una guayabera cubana blanca y pantalones kaki. Por ser una hora temprana, en el lugar había pocos comensales, lo que permitió una identificación más rápida. "Emilio" tendría unas 40 ó 45 años, un metro ochenta de estatura, complexión fuerte y aspecto pulcro. Llegó, se sentó junto a Posada, diciéndole: "-Hola, Luis, soy Emilio", y luego, con voz apagada y sin que se lo pidieran, pronunció la contraseña nuevamente. "-Sin Patria, pero sin amo".
Después de algunas palabras convencionales pidieron café y donuts. Acto seguido, "Emilio" le explicó: "-Ramiro te envía a ti y a los demás un fuerte abrazo; me pidió que te informara que recibió el dinero y el GPS (Global Position System) que le enviaste. Quiere que sepan que en Cuba se ha estado trabajando muy arduamente para establecer los contactos necesarios que nos faciliten desarrollar una estructura militar disciplinada y fuerte que pueda infundir respeto y dar sentido humano a este enlace en la "Hora Cero", que sin dudas pondrá fin al sufrimiento de nuestro pueblo esclavizado. Me pidió que te reiterara que nuestros planes siguen adelante".
"Emilio" hizo una pausa, durante la que miró a todos lados, luego prosiguió: "-También es mi misión informarte que el próximo 17 de noviembre se ha programado el inicio de la X Cumbre Iberoamericana de Presidentes. En Panamá y en Cuba, ya se está comentando la presencia de Fidel. Gramma publica, semana tras semana, algo al respecto. Ya casi no hay dudas de que él estará allí".
Luego de otra pausa, bajó la voz un poco, y dijo: "Lo cierto es que junto a Fidel, aparte de los altos oficiales que constituyen la avanzada, viajará el jefe de la seguridad, Eduardo Delgado, quien planea aprovechar la Cumbre para no regresar a la isla. Lo que necesitamos es que recibas a Delgado, que lo ayudes a salir del país. El nos ha comentado esto en plena confianza, y nos ha pedido que te lo comuniquemos a ti, que el solo dará este paso si tu lo recoges y le aseguras su posterior traslado a Miami, pues sabe de tus vínculos con la CIA..."
Posada Carriles guardaba silencio mientras "Emilio" seguía narrándole los detalles del plan. Lo que decía tenía sentido dentro de las condiciones en que se maneja la clandestinidad en Cuba, y prosiguió: "Una cosa más que me pidió es que te enfatizara que él estará buscando tu carta, para él de sobra conocida. Tanto a Delgado como a nosotros nos resulta difícil confiar en los cubanos que radican en Miami, no importa lo buenos que sean. Conocemos el alto grado de infiltración que existe de parte de los servicios de inteligencia de Cuba, en todos los sectores del exilio, por lo tanto no confiamos en nadie más. También nos preocupa la compartimentación que existe entre nuestros compatriotas que residen en Estados Unidos, por lo que te pedimos que estés solo en el momento de recibir a Delgado. Una vez que se encuentre en territorio seguro, podremos coordinar mejor el plan principal, que sin lugar a dudas experimentará una escalada, un beneficiosos acelerón".
A estas alturas del diálogo, "Emilio" ya se mostraba más entusiasmado, más seguro y confiado en sus afirmaciones. Posada Carriles sabía que lo que se estaba jugando ese emisario no era sólo la libertad, sino también la vida si caía en poder de Castro o de sus secuaces, por lo que comprendió el fervor con el que "Emilio" le explicaba cada detalle.
"-De manos de Delgado vas a recibir también una detallada información sobre la completa red de espionaje cubano que opera en Centroamérica, Miami, Nueva York y Panamá. También te proporcionará amplia información sobre los vastos intereses comerciales que la "revolución" mantiene en Panamá, los nombres de quienes corren con los negocios del comandante, etc. De mi parte, yo no te voy a volver a contactar hasta unas tres semanas antes de la Cumbre en Panamá. Entonces será cuando te daré información más concreta. Pero, por favor, ten todo listo para el viaje".
Luego de intercambiar detalles sobre algunos aspectos del plan, Posada Carriles y "Emilio" se despidieron con un fuere apretón de manos. A modo de despedida, el emisario expresó: "-Recuerda, Luis: confiamos en ti para seguir adelante con nuestros planes", luego se dirigió al hotel, pues ese mismo día viajaría supuestamente a Panamá. Todo esto ocurrió entre el 24 y 25 de junio de 2000.
A fines de agosto, o en el mes de septiembre (este detalle no lo recuerda bien) Luis Posada se encontró con Gaspar Jiménez en Panamá, a donde éste había viajado por petición suya. Jiménez se hospedó en el Hotel El Panamá, lugar en el que sostuvieron una reunión. Después de explicarle con lujo de detalles las intenciones del jefe de seguridad de Castro, Eduardo Delgado, lo que ocurriría el 16, 17 ó 18 de noviembre, así como otros detalles de lo que pasaba a lo interno de Cuba con los grupos clandestinos, le comentó la preocupación que había en la isla por el alto grado de infiltración existente en el exilio.
Gaspar Jiménez se mostró receloso acerca de la visita de Emilio y le expresó a Luis Posada que no compartía la idea de que él viajara solo a Panamá. Le aseguró que él gestionaría el asilo político del futuro desertor, con algunas amistades suyas, pero insistió en que Posada Carriles debería viajar a Panamá unas semanas antes para familiarizarse con el terreno, alquilar por lo menos tres apartamentos en diferentes áreas de la ciudad y también preparar y estudiar la ruta de escape. Recalcó que lo que se proponían hacer no era fácil, y que se dificultaba mucho más porque ocurriría en plena Cumbre, cuando las medidas de seguridad serían extremas.
Entre ambos comentaron lo que ya se sabe entre los cubanos, que donde quiera que viaje el dictador sus servicios de inteligencia siempre ofrecen a las autoridades del país anfitrión, con semanas de anticipación, una lista con los nombres de los cubanos en el destierro, a quienes ellos consideran como amenazas potenciales.
Ya se tiene conocimiento de algunos casos en que algunos de los cubanos que aparecen en la extensa lista desean ingresar al país mientras el tirano se encuentra allí y se le ha dado a escoger entre regresar a Miami en el siguiente vuelo disponible, o quedarse detenido hasta que el tirano abandone ese territorio.
Para salvar este inconveniente, Gaspar y Luis, quienes saben muy bien que su nombre encabeza la famosa "lista negra" anticastrista, decidieron entrar a Panamá en forma encubierta, con nombres supuestos, para evitar ser detectados y quizás perseguidos por los matones del tristemente célebre Departamento América de la inteligencia cubana, a los que ellos mismos identifican como killers.
De igual manera, considerando las medidas de seguridad que habría en los aeropuertos del país con motivo de la Cumbre, toman la decisión de ingresar a Panamá por Paso Canoas, el puesto fronterizo que comunica al país con Costa Rica por vía terrestre. Estaban seguros de que las autoridades de los aeropuertos tendrían fotografías suyas, al igual que conocían las amenazas de muerte que pendían sobre ellos por parte de los castrocomunistas. Por algo en el cuerpo de Posada Carriles están marcados los impactos de ocho balas calibre 45, como mejor testimonio de sus aprensiones.
Había otro motivo que favorecía la decisión de ingresar por Paso Canoa, y es el de que ellos contaban con un amigo común en la provincia de Chiriquí, de quien habían sabido que se encontraba mal de salud, por lo que la ocasión se presentaba oportuna para hacerle una visita.
Gaspar Jiménez y Luis Posada acordaron traer con ellos a Panamá a Guillermo Novo Sampol y a Pedro Remón, quienes entrarían al país con su documentación estadounidense, pues si se presentaba la ocasión de viajar con el desertor en un vuelo comercial, ellos serían los encargados de cumplir esa parte de la misión: de no ser así, se adoptaría el plan original, que era el de ser recogidos por un avión particular, después de mantenerse escondidos durante un tiempo prudencial. Otra de las opciones era llegar a la embajada norteamericana, algo que veían muy arriesgado, pues sería el primer lugar que bloquearían los secuaces de Castro.
Por esas fechas, me encontraba en Atlanta, Georgia, asistiendo a un seminario que nos ofrecía capacitación, tanto a mí como a mi empresa, para desarrollar los enlaces técnicos necesarios con el fin de establecer enlaces comerciales y técnicos con clientes de Estados Unidos, Puerto Rico, México, Argentina y Brasil. Desde esa ciudad realicé un apresurado viaje para reunirme con Gaspar Jiménez, en San José de Costa Rica, con el propósito de volar juntos hasta Panamá y poder brindar el apoyo esencial que se requería para la recepción de uno o más desertores de la escolta de Fidel Castro que habían planeado desertar durante su corta estancia en la tierra de Omar Torrijos.
Gaspar Jiménez me esperó en el Hotel Best Western, de San José, en donde pernoctamos antes de seguir viaje hacia la frontera con Panamá. A las seis y media del día siguiente salimos del aeropuerto Juan Santamaría con rumbo a Coto 47.
El pequeño bimotor de Sansa cruzó los cielos costarricenses sobrevolando lo que aparentaba ser una alfombra de selva inhóspita, mientras que en el estrecho espacio de la cabina nos disputábamos el escaso oxígeno disponible, lo que provocó que Jiménez padeciera una severa disfonía, secuela de una dolencia cardíaca que lo afecta desde hace tiempo. Luego de una hora y cuarto, divisamos en la distancia un claro en el que muy pronto distinguimos un pequeño y desolado aeropuerto, a poca distancia de la frontera panameña. Continúa mañana


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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