El empresario Wellington Fung instó al futuro mandatario del país a retomar el proyecto del Centro Multimodal, Industrial y de Servicios (CEMIS) y lo reformule, porque fue bueno en su concepción, aunque haya sido mal manejado.
Fung, expresidente de la Asociación de Usuarios de Zona Libre de Colón (AU), dijo que el futuro gobierno debe hacer una labor de "re-ingeniería" en el proyecto CEMIS para adecuarlo a lo que necesita la Zona Libre.
Sin embargo, advirtió que es menester realizar una gran inversión para modernizar el aeropuerto de France Field y llevarlo a una categoría aceptable.
Recientemente, el expresidente Guillermo Endara se pronunció a favor de poner en práctica el CEMIS, cuya ejecución quedó pendiente luego que el legislador Carlos Afú denunciara que hubo pago de coimas a algunos legisladores para pasarlo en la Asamblea Legislativa.
Fung manifestó que después de cinco años, quizás la realidad no es la misma, por ende, el proyecto tiene que ser revisado y actualizado, porque es bueno para Colón que necesita cariño por parte de los gobernantes.
No obstante, la Sala Capitular en donde se ubica el Salón Bolívar es más antigua y aunque se le han hecho intervenciones, las mismas ascienden a épocas recientes.
Y es que el caso del Salón Bolívar es especial. A él se le han realizado unas cinco intervenciones en el Siglo pasado: 1938 por la Sociedad Bolivariana,1956 por el Gobierno Central para la Primera Reunión de Presidentes de América. La de 1976 hecha por la Dirección de Patrimonio Nacional, le introdujo decoraciones interiores y exteriores con elementos históricos que no concordaban con la infraestructura. Se trajeron técnicos de Quito, Ecuador y el Salón Bolívar perdió autenticidad con ellos.
Estas elaboraciones ecuatorianas se encuentran hoy en el Instituto Nacional de Cultura. El arquitecto González Clare propuso incorporarlas al Museo del Salón Bolívar, ubicado en el mismo edificio.
No obstante, la intervención reciente realizada en el año 2000 ya está en problemas. Según comentó el arquitecto, hay puertas que están afectadas debido a que el frío del interior de la cámara con el contraste del calor exterior hace que la estructura sude demasiado, y por otro lado, la exposición al salitre del mar la amenazan.
Debido a ello se buscó un remedio. Encerrar el edificio del Salón Bolívar en una cámara refrigerada, debido a su importancia como objeto museístico.
Este trabajo ya se está realizando. Enormes vigas de concreto sostienen grandes carriolas que mantendrán pesadas planchas de vidrio. Sobre el techo bajan varias salidas de aire acondicionado, con lo que se tratará de compensar el contraste de temperatura en el que está sometido el inmueble y se le protegerá del salitre del mar.
El propósito de la restauración se dio primero para mudar la Cancillería y poder dignificar la existencia del Salón Bolívar; para agregarle valores culturales, por medio de la Plaza de los Libertadores en la cual se puedan dar eventos públicos. La componen el busto del Libertador Simón Bolívar y según el diseño original, las astas y las banderas de todas las naciones de la Organización de Estados Americanos (OEA). Un aspecto que ya no se cuenta, tal como se pudo comprobar.
Finalmente, para establecer la Biblioteca de Tratados y Convenios en las que reposarán 100 años de historia, documentos que según González Clare han permanecido archivados en "cajetas".
Actualmente se está en la etapa final de hacer los acabados finales y el balance de los acondicionadores de aire. Se prevé que la mudanza final de la Cancillería se dará poco a poco. Por el momento ya se utilizan dos pasillos del inmueble, destacó la gerente del proyecto, Lourdes Pérez Molina.
El antiguo edificio del Convento de San Francisco de Asís, hoy Cancillería de la República tenía, en un momento, la forma de una U abierta al mar.
Lo componen el edificio Juana de Arco construido en 1926, Juan Bautista La Salle en 1928, el edificio Constitución en1931 (anteriormente en ese lugar existía una biblioteca de los curas Escolásticos que luego heredan los de La Salle, allí se redacta la primera constitución del país) y el edificio sobre el muro que separa la ciudad del mar, destruido por un vendaval en 1943 y por alguna razón los monjes no reconstruyeron, dejando la forma de U hacia el océano.
Hoy ese edificio se volvió a construir sobre pilotes para dejar libre la vista hacia el mar y recibió el nombre de Centenario, realizado en el 2003.
El edificio del Centenario tendrá unos 4,500 metros de oficinas. No obstante, según el arquitecto, ya el diseño original no se ha cumplido porque se ha excedido en la cantidad de oficinas.
Además hay elementos culturales en el inmueble. Sólo un 50% está constituido por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el resto son elementos culturales como: la Plaza de los Libertadores, la Biblioteca de Convenios y Tratados, el Salón de los Próceres (para eventos diplomáticos), el gran Salón Bolívar, el Museo de Bolívar, la Sociedad Bolivariana y la Academia de Estudios Diplomáticos.
La obra, aunque no se ha entregado en su totalidad, ya es poco lo que le falta. De hecho, en las próximas semanas se iniciará el traslado paulatino de todas las oficinas de la Cancillería a ese lugar.
Pero este ha sido un trabajo arduo y como tal, requirió mucho tiempo. Según González Clare, la demora se debió, porque al ser una restauración de gran magnitud era necesario realizarla en etapas.
Así, primero se dio el proceso de investigación, un proceso de por sí largo en el que se buscaron evidencias, mapas, etc. Posteriormente, vino la evaluación, preparación de documentos (planos y especificaciones), aprobación de planos y por último la construcción.
El mismo proceso de construcción se dividió por etapas, debido a que el Estado no poseía el dinero para realizarlo en su totalidad. Esto además de ser muy conflictivo, demoró el proceso en sí, destacó el arquitecto.
González Clare sentenció que en los cinco años de trabajo de restauración, algo que catalogó como un "calvario profesional", son muchas las personas que han aportado sus conocimientos, esfuerzo y tiempo, para finalmente dejar una obra digna de apreciar y valorar.