Calzarse los guantes de la autoestima, para emprender la pelea de su vida contra las drogas, requiere al menos dos valores. Quien sube al cuadrilátero para despojar del título a una adicción que parece invicta, emprende una acción que reclama valor personal, sí, pero valoración social, también.
Tal motivación guía los pasos de quienes han sido doblegados por una droga que flexionó sus "piernas de trapo" y mientras eran abucheados por la fanaticada que flanqueaba el entarimado. "Aunque se ha avanzado bastante en ello, se necesita más aceptación social", hizo notar un joven que se recupera de una truculenta adicción.
Y es que no puede ser de otra manera si se buscan soluciones. La sociedad parece entender que el flagelo de las drogas gana adeptos en la población, especialmente en sectores de la juventud. "Muy fuerte", respondió Rosario de Gago, presidenta de Hogares CREA, cuando se le preguntó por la situación de la droga en Panamá.
"El problema está creciendo y nos están llegando casos cada vez más jóvenes", alertó la presidenta de una organización que acomete la tarea de atender adictos desde cuatro centros en Panamá: Hogares CREA de adolescentes en Vía España, Chilibre, Cermeño y las Cumbres (para mujeres) que juntos atienden a cerca de 230 adictos.
Ya es casi una verdad de perogrullo decir que la droga no discrimina entre clases sociales, u otras consideraciones de orden social. En Cermeño por citar un ejemplo, conviven hermanados, un joven moreno de Curundú, y otro pelirrojo de Colombia, con aventajada posición económica, social y hasta política (por los nexos paternales).
Ambos tienen algo en común: cayeron en las ergástulas de la droga, por el lado negativo, pero los dos aceptaron su condición de adictos y hoy son líderes encaminados a superar el escollo de la adicción, por el vértice positivo. Los dos confluyeron en CREA, donde se afanan por rescatar a otros compañeros del foso de la adicción.
"Si vamos a hablar de oportunidades, yo tuve muchas en la vida", cuenta el joven Fernando Diago, actual director del Hogar CREA en Cermeño, antes de contraponer que igual "me llegó el problema, y por ende llegó a mi familia". Este joven pelirrojo es oriundo de Colombia, donde vivía amparado por una "situación económica solvente".
"Tuve todas las oportunidades del mundo, pero las desaproveché y caí en la adicción", se sinceró Diago, haciendo notar que tiene un hermano que hoy en día es abogado, piloto y economista, que le aventaja en un solo año de diferencia, pero que contó con iguales oportunidades. Sin embargo él no cayó en la adicción, explica.
Es probable que muchos ciudadanos en Panamá hayan sido afectados por casos de adicción registrados en su periferia inmediata. Algún familiar, vecino, o amigo, ha sido jalonado por la droga hacia su danza de la muerte. Se sabe que algunos no logran pasar el Rubicón, pero muchos otros descuellan después, como exitosos ciudadanos.
Uno de los ciudadanos sometidos a ese rigor, es Hilario Zapata. Sin embargo, y volvemos al tema de la aceptación social, esta semana mientras el ex campeón daba impresionantes muestras de recuperación en Cermeño tras ingentes esfuerzos por zafarse del grillete de la adicción, fue mencionado en un medio como limosnero en Calidonia.
Muchos parecen en la sociedad, dispuestos a evocar de manera insidiosa, el laberinto de perdición que debió recorrer el ex campeón mosca y minimosca, pero no muchos dan la impresión de querer dar crédito a la recuperación que la gloria del boxeo panameño está asumiendo ahora en Hogares CREA de Cermeño.
Como muchos casos, el vaticinio de su rehabilitación, queda de momento, en el dudoso terreno de la especulación. Pero no se hace difícil, cuando se habla ahora con Zapata, confirmar que quienes otrora fueron vistos en un decadente estado, pueden lograr impresionantes avances que van de la mano con un cambio de actitud y de semblante.
Por supuesto que quienes esperan ver al diestro campeón de hace unos veinte años atrás, que ganó 47 de sus 54 peleas, en condiciones siquiera aproximadas a las que ahora presenta con sus cuarenta años a cuestas, pierden proporciones. "Me siento bastante bien", fue el saludo del excampeón cuando se le preguntó por su ánimo, el pasado martes.
Pero él no es el único púgil contra la droga en Hogares CREA. Como Zapata, no menos de 30 gladiadores pelean por su vida en Hogares CREA de Cermeño, un sitio generoso en la belleza de su paisaje, ornamentado por una inmarcesible vegetación, y una ambientación, por la naturaleza moldeada, para inmersiones espirituales.
Nada más el ejercicio de encaminarse al sitio encumbrado en una ligera elevación geográfica de Capira, constituye un vigoroso triunfo contra las angustias propias del estrujado ambiente urbano. Ese es el camino que conduce a la antigua casa presidencial (hoy Hogar CREA) aún ornamentada con los azulejos de la edificación original.
Como se recordará, en 1992, y por gestión de la entonces primera dama de la república, Ana Mae Díaz de Endara, el inmueble solariego fue donado a Hogares CREA. También se evocará que, pese a fricciones de quienes rehusaban la instalación de CREA en el área, la iniciativa finalmente quedó materializada para fortuna de sus inquilinos.
Fernando Diago explicó que el trabajo de Hogares CREA consiste básicamente en la "superación personal".
Son cerca de 34 residentes quienes se conducen entre la primera y la segunda fase, y actualmente comparten el camino hacia el despojo de la adicción en Hogares CREA. Adicionalmente, allí están también otros residentes más que pertenecen a la tercera fase que forman parte del equipo terapéutico.
El asunto de la recuperación tiene mucho que ver con la autoestima. "En hogares CREA se trata de nivelar la edad emocional con la edad cronológica, pues nosotros ingresamos con una edad emocional mucho más baja que la cronológica", explica en una conversación el líder de la residencia en Cermeño, Fernando Diago.
El también absolvió inquietudes sobre el asunto de los "pantalones cortos" y los "pantalones largos", y sobre el asunto de la venta de bolsas de basura que acostumbramos ver en las calles de Panamá, a manos de jóvenes identificados con camisetas amarillas, que revelan al generoso colaborador, que trabaja para Hogares CREA.
Los pantalones cortos "simbolizan inmadurez" y se trata de una ayuda inmediata que se implementa al residente una vez que cruza el portón del hogar, explica Diago. Una vez que se llega a Hogares CREA de Cermeño inmediatamente se entra y se deja atrás un portón, para caminar cuesta arriba, a la instalación.
En este camino los visitantes son recibidos por una calle de honor conformada por no menos de veinte pequeños letreros que constituyen una especie de carta de presentación en la que se les anticipa lo que allí encontrarán: Confianza, autonomía, industriosidad, lealtad, fe, amor, respeto, paz, orgullo, compromiso, entre otros.
Según Diago, cuando el residente, es decir la persona que se ha sometido al proceso de tratamiento, supera la primera etapa y se encamina a la segunda, se calza los "pantalones largos", lo que significa o simboliza el hecho de que ellos han nivelado su edad emocional con la edad cronológica.
Adicionalmente, otros actos simbólicos acompañan la terapia en Hogares CREA. A quienes alcanzan la etapa de madurez, se les dota de un reloj, de una cartera y de un dólar, lo cual significa que van a poder administrar bien su tiempo, su dinero, y por lo tanto, van a hacer buen uso de los mismos.
Ellos deben encarar un tratamiento estipulado en un tiempo mínimo de 23 meses (es decir poco más de dos años), pero ello no significa que se trate de un tiempo fijo. Este es el periodo en que los residentes deben cumplir satisfactoriamente cada una de las etapas (algunas constan de dos meses, y otras de tres).
"Todo el tratamiento es en base a ayudas", dice Diago aclarando que allí no se imparten "castigos", sino "ayudas".
El día rutinario para los residentes en CREA de Cermeño se resume en lo que llaman "diario vivir". Este se inicia a las 6 de la mañana, cuando tañen dos campanazos (que representan la voz de director), sigue a las 12 cuando suspenden las faenas para almorzar, y luego se activan tres campanazos para "terapia de grupo".
Estas se realizan en un sitio llamado el "Jorón", que es quizás el punto más elevado de la residencia, y desde donde se puede observar la hermosura de un paisaje capireño, que escolta la recuperación de los residentes en CREA. En ese "jorón" se brindan terapias educativa, de urbanidad, deportiva, familiar, e individual, entre otras.
Otras actividades se dispersan en atención a la "pollera" (cría de pollos pechugones), construcción de facilidades como la porqueriza (en donde reposa la puerca "Petra" la "fula"), las prácticas deportivas (casi paralelo a la inauguración esta semana de la Copa América, en CREA también se inauguró una contienda futbolística interna).
¿Logran las personas recuperarse? Se sabe que algunos no, pero otros como David Silva están a punto de hacerlo. Silva cuenta ya con casi veinte meses (cuando el mínimo requerido es de 23), y todo parece indicar que dejó atrás aquellos días en que se inició desde los 10 años en una adicción que lo condujo a dormir en cartones en la calle.
David, joven moreno y oriundo de Santa Cruz, Curundú, es huérfano de madre, y convivió -según narra- durante bastante tiempo en la adicción con Hilario Zapata, hasta que fue arrestado con "piedra" el día 3 de noviembre de 1997. Desde el 11 del mismo mes, aceptó someterse al tratamiento de Hogares CREA, y ahora viste pantalones largos.
El caso de Zapata es similar. Aunque él prefiere no exacerbar la esperanza, Hilario Zapata, también parece ir camino a la recuperación. El aceptó que la adicción le costó su trabajo (que como se sabe era el boxeo) pues desde 1982, cuando inició su adicción, ha transitado por un prolongado laberinto de desatinos.
Muchos recordarán haberlo visto en medios de comunicación en condiciones que denotaban desgaste y adicción enraizada. En el decurso de sus intentos de recuperación, Hilario ha debido acudir a dependencia Química del psiquiátrico, a Teen Challenge, y a Cuba donde fue desintoxicado.
El pasado martes, cuando se le resaltó la positiva evolución hacia el abandono de su adicción, el pugilista de cuarenta años refutó con lucidez: "Yo no he logrado nada. Todavía me falta un largo camino por avanzar". Mientras los pugilistas de CREA pelean por su vida, la fanaticada bordea el tinglado esperando que se diga contra la droga: "ºEstá mal!", "ºEs un bulto!", "ºPusieron a la droga a bailar la tirinana" y "ºEso es todo amigos!".