A sus 17 años de edad se dejó llevar por el clamor de la masa, esa que pedía a gritos el simple hecho de que nuestra enseña tricolor ondeara junto a la bandera de Estados Unidos en territorio panameño.
El olor a conflicto se asomaba aquella mañana del 9 de enero de 1964, en la que Ricardo Hurtado, fiel testigo de la historia, se disponía a concluir exámenes finales en el Instituto Nacional.
Su instinto de lucha se agudizó al ver que un grupo de compañeros de salón avanzó hacia la rectoría del Instituto Nacional con la intención de pedir permiso para sacar una tradicional bandera, la que posteriormente intentarían izar en los predios de la Escuela Superior de Balboa en la antigua Zona del Canal.
"Mis compañeros hinchados de orgullo marcharon para hacer valer aquel tratado que obligaba a Estados Unidos a izar la bandera panameña en todos los edificios públicos, ese fue su único pecado", recuerda aún con orgullo Hurtado, uno de los pocos que aún quedan para contarlo.
Minutos después se sumaría a una segunda avanzada que encontró con sus compañeros cerca del Antiguo Hospital Gorgas, con la bandera rota en mano, avasallados y visiblemente golpeados, situación que los llevó a su punto más álgido.
Desde ese momento las acciones de protesta se intensificaron, a ellos se les sumó un cúmulo de panameños no sólo en la ciudad de Panamá, sino también en la provincia de Colón, que aguardaban el ataque de las tropas norteamericanas que descendían en sus convoy y fuertemente armados.
Ya entrada la tarde la osadía por tratar de escalar el alambrado frente a los estacionamientos del antiguo Hotel Tívoli, junto a José Arana, otro de los gestores que llevaba un pabellón nacional en las manos, le costó ha Hurtado ser uno de los primeros heridos de esta gesta. Pero también la historia lo inmortalizó con la imagen que le dio la vuelta al mundo, de los dos estudiantes saltando el alambrado de la antigua Zona del Canal. El que está de espalda sin la bandera es Ricardo Hurtado ( ver imagen).
"Resulté herido cuando un soldado disparó contra mí una granada cuyas esquirlas se enterraron en parte de mi rostro, ojos y la lata al explotar quedó incrustada en la espalda", por esta razón debió ser operado en dos ocasiones para sacarle las esquirlas de su vista.
Estando en el suelo, Ascanio Arosemena, su amigo y compañero de juegos y bailes, a pesar de no estar en el Instituto Nacional (sino en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía), aprovechó la ausencia de los soldados y lo recogió hasta lograr subirlo a uno de los buses que se encontraban en la estación donde hoy funciona la terminal de los buses de Saca.
"A Ascanio Arosemena lo conocí del colegio éramos amigos, siempre nos veíamos, vivíamos cerca era un muchacho alegre y hasta jugábamos fútbol", hace memoria Hurtado.
De ahí perdió contacto con Arosemena, quien al lograr trasladarlo hacia el hospital retornó a las acciones de lucha sin pensar que hora y media más tarde estaría muerto al lado de la cama de quien brindó ayuda, con una enorme herida en el pecho.
Hoy, 49 años después, aún ve con desilusión como la fecha se ha ido perdiendo importancia con los años y ha sido ignorada por los gobiernos.
"El pueblo ve con indiferencia aquella gesta heroica de 1964. El 9 de enero marcó la tercera República, producto de esta gesta fue que nos liberáramos el 31 de diciembre de 1999 ( cuando el Canal revirtió a manos panameñas). Vivimos la colonización de Española, Colombiana y de Estados Unidos, liberarse de este hostigamiento no lo soñaba nadie".


