El déficit actuarial: es la diferencia entre los ingresos futuros menos las obligaciones futuras al precio de hoy, descontado por el rendimiento mínimo de capital establecido en la ley vigente. Visto de otra manera es la transferencia que tendrán que aportar las generaciones futuras para asegurar la sostenibilidad del sistema bajo los patrones existentes: la transferencia generacional.
Las causas fundamentales de este déficit son: la transición demográfica precoz; el generoso sistema de beneficios; y los aportes deficientes. Panamá inicia la transición de un país joven a un país maduro esencialmente en los próximos treinta y cinco años, como lo demuestra el siguiente cuadro:
Los activos son los trabajadores que están en el mercado laboral del sector moderno que contribuye con la CSS y los jubilados son aquellos de la tercera edad que pertenecen al sistema; y la dependencia es la relación que mide cuántos jubilados y pensionados hay por cada trabajador activo en el respectivo año.
Como se puede observar, la dependencia se intensifica en los próximos dieciocho años en 41%; en 39% en los siguientes quince años; 25% más en los últimos 15 años. Otra manera de apreciar este fenómeno es tomando en cuenta, que se inicia en el año 2002 con que un jubilado es mantenido por nueve trabajadores y termina con uno apoyado por dos trabajadores. El peso de beneficiarios que recae sobre los trabajadores activos es aún más dramático como ilustran las estadísticas de la dependencia total.
Esta transición demográfica precoz es el producto de dos tendencias: los de la tercera edad alcanzan mayores edades en promedio -en la década del ´90 la esperanza de vida aumentó dos años de 70 a 72 años -70 para los hombres y 74 para las mujeres; y la reducción de la fecundidad de 2.9 por mujer a 2.4. Tenemos menos hijos y vivimos más tiempo. Cabe destacar, que la esperanza de vida es mayor para los asegurados -la esperanza de vida a los 60 años, en el año 1995, era 21.9 años para los hombres y 26.6 para las mujeres. Este fenómeno es impresionante para un país de nuestro ingreso per cápita, los países desarrollados lograron el mismo nivel de esperanza de vida con mayores ingresos per cápita muy superiores al de este fenómeno.
Por supuesto los niveles de salubridad y atención médica explican en parte la extensión de la esperanza de vida, mientras que se confirma la tesis de Amartya Sen, premio Nobel de Economía, que el factor preponderante que determina el nivel de fecundidad es la educación de las niñas. La siguiente tabla compara los beneficios y aportes al sistema de seguridad social de los países europeos más caracterizados por sus economías de bienestar social y Panamá.
A excepción de Alemania, la edad de jubilación es de 65 años tanto para hombres como mujeres. Mientras es cierto que la jubilación en Alemania es de 63 años y la jubilación anticipada está prohibida; en esta última opción para los países que la brindan, la reducción de beneficios es sustancial.
La subsidiaridad, la contribución por parte del Estado con los ingresos fiscales, son notablemente mayores que en el caso de Panamá.
Lo que sí es interesante notar, es que estos países están en un profundo debate en cada uno porque sus respectivos sistemas de seguridad social son incosteables a mediano y largo plazo, por los problemas de competitividad. Entonces deberemos reflexionar muy serenamente si Panamá quiere embarcarse en un camino insostenible sin siquiera contar con la competitividad necesaria para generar las plazas de empleo requeridas hoy por hoy. Lo cierto es que un cambio relativamente profundo es ineludible.
En la próxima entrega se examinará uno de los múltiples aspectos de equidad del balance entre varios grupos de la sociedad.