¿Cómo desintegrar a las pandillas?, es la pregunta que tanto autoridades como algunos ciudadanos se hacen. Uno de los sectores de la ciudad que registra un gran número de éstas, es el corregimiento de Curundú.
Allí Panamá América encontró al pastor Pablo Zúñiga, asistente de la iglesia evangélica Comunidad Apostólica Sion, que se encarga de ayudar a los jóvenes a salir de la delincuencia.
"A través del deporte estamos incentivando a los jóvenes a ser mejores personas, a dejar las rivalidades a un lado y buscar a Dios", señaló Zúniga.
Más de 50 jóvenes de 15 a 20 años se preparan para realizar un juego de fútbol amistoso para celebrar el triunfo de reconciliación.
De acuerdo con Zúñiga, la rivalidad entre bandas es un problema de tradición, porque los niños que van creciendo siguen los pasos de los adultos, y es así como surgen las peleas de territorios. Esto impide que los jóvenes de un sector se relacionen con los de otras áreas.
Para solucionar este problema también colaboran la iglesia Tabernáculo de la Fe, el Ministerio de Desarrollo Social, el INAFORP, entre otras organizaciones.
El joven Basilio García señaló que por medio del fútbol pueden alejarse de los vicios.
"Antes de esto, muchas bandas no se hablaban, pero ahora todo ha cambiado", explica.
Mientras el partido se desarrollaba, la tranquilidad en el barrio era notoria, grandes y chicos observaban en silencio.
Unos a la orilla de la cancha y otros desde las ventanas de los multifamiliares cuarto y tercero.
El detective Richard Herrera, jefe de la unidad especializada en identificar e investigar las pandillas, señaló que los pandilleros viven en una subcultura, pues dentro de la pandilla encuentran respeto y valor.
Los demás los aprecian por lo que son, sostuvo.
El territorio es otro de los factores que origina los conflictos entre las pandillas.
Los integrantes de uno de los grupos no aceptan a los nuevos, y por esto surgen enfrentamientos y hasta asesinatos.