El número de refugiados en Panamá registrados en la Oficina Nacional para
la Atención de los Refugiados (Onpar), asciende a 1,500, y en su mayoría son
colombianos.
El 20 de junio mediante la resolución 55/76 de 2001, en Asamblea General de
la Organización de Naciones Unidas, se estableció el Día Mundial del
Refugiado.
Cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur),
revelan que existen unos 15 millones de refugiados y otros 26 millones de
desplazados en todo el mundo.
Aunque la realidad de Panamá no se compara con la de otros países, en donde
se da con más auge la entrada de refugiados, nuestro territorio no deja de ser
visto como una especie de “salvavidas” para aquellos que huyen de sus hogares,
ya sea por conflictos armados, persecución, discriminación de sexo, raza o
motivos económicos, entre otros, en busca de un mejor futuro.
Según Mayra Silvera, directora de la Oficina Nacional para la Atención de
los Refugiados, los mil 500 refugiados que hay en Panamá representan las cifras
del 2011.
Sin embargo, existe un grupo reducido de 899 personas que hasta hace poco
logró mediante a la Ley 81 del 3 de diciembre de 2011 la residencia extranjera
permanente y permisos de trabajo. Estas personas fueron parte de un masivo
desplazamiento que ocurrió hace 20 años atrás, debido a conflictos armados que
se daban en su país de origen Colombia.
Al margen de esta situación, Silvera añade que toda aquella persona que
llega en busca de refugio al territorio nacional y que busca el estatus de
refugiado, se le ofrece apoyo psicológico y se le presta la ayuda legal
necesaria.
“El estatus de estas personas una vez ingresen al país es ilegal, pero al
hacer su solicitud se les da un permiso temporal de aproximadamente seis meses
mientras duren la evaluación de sus trámites, luego se eleva a una comisión y
ahí se decide si se le otorga o no la condición de refugiado” añade
Silvera.
Temporalmente, a estas personas se les ofrece residencia a través de
pensiones o casas hogares, alimentación y atención de salud, ya que muchos de
ellos llegan en malas condiciones. Para este tipo de ayuda Onpar cuenta con el
apoyo de organismos internacionales, fondos del estado, Cruz Roja y el Vicariato
del Darién.
Pero como todo, al haber derechos también hay deberes, por ello mientras
no son admitidos una de las prohibiciones es que no pueden trabajar. Sin embargo
se les ofrece un carné de identificación para que puedan circular. Ellos podrán
cambiar su estatus en caso de casarse con un nacional en este caso le
correspondería realizar otro tipo de trámite migratorio.