Nación

Regatas de la muerte


Las desafortunadas carreras de autos en las diferentes avenidas de la ciudad de Panamá ha sido motivo de preocupación de diversos sectores de la sociedad panameña, más no de las autoridades.
Esta irresponsable práctica se ha denunciado a través de distintas tribunas, no obstante, aparte de aumentar la multa por esta práctica, ni la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), ni la Dirección de Operaciones del Tránsito (DOT) de la Policía Nacional, han hecho los esfuerzos necesarios para acabar o minimizar esta práctica.
El pasado 5 de junio de 2003, la Junta Directiva de la ATTT aumentó las multas a quienes sean sorprendidos realizando regatas de B/.100 a B/.1,000 la primera vez, la segunda se duplicaría y a la tercera se suspende la licencia al infractor. Sin embargo, a pesar que esta medida está en ejecución a estas personas parece no importarles, pues siguen con estas práctica.
El trágico resultado de una de estas carreras, acaecido el pasado domingo en horas de la noche, donde perdiera la vida un joven de 23 años, ha colocado nuevamente en el tapete este problema.
Las regatas en la ciudad continúan registrándose desde que llega el fin de semana y a pesar que ocasionalmente se observan vehículos del tránsito cerca, lo único que hacen es encender las escoltas y las sirenas de las patrullas para ahuyentar a los conductores.
No obstante, hay sectores como en Punta Pacífica, en el corregimiento de San Francisco, donde esta actividad inicia desde que llega el jueves después de las 10:00 de la noche y siguen hasta las 3:00 de la madrugada.
Estas carreras se llevan a cabo en los mismos puntos señalados: en la vía Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), a la altura de la entrada de la urbanización Dos Mares, avenida Balboa, Calle 50, Corredor Norte, Terminal de Transporte de Albrook, vía Israel y en Punta Pacífica.
Como si fuera poco, esta actividad atrae a gran cantidad de jóvenes, quienes presencian esta actividad. Uno de los lugares que frecuentemente se llena de observadores es en las inmediaciones del Global Bank de calle 50 y en los estacionamientos de los locales cercanos, donde la tónica es el licor y los altos volúmenes de los equipos de sonidos.
Ante la falta de una efectiva acción policial, esta actividad se ha trasladado a diferentes barriadas de las afueras de la ciudad, situación aún más peligrosa, pues en caso de algún accidente se puede impactar alguna residencia.
Entre las barriadas donde ya se observan esta irregularidad y que se han denunciado se encuentran: Camino Real, San Antonio, Las Praderas, Campo Lindbergh, Villa Lucre, Chanis, Costa del Este, Don Bosco y San Gerardo, entre otras.
Esta situación ha hecho que proliferen los denominados policías muertos o resaltos en estas comunidades, a fin de frenar esta actividad, pero a un costo que deteriora los automóviles.
El director de la ATTT, Pablo Quintero Luna manifestó que es muy fácil culpar a las autoridades, sin embargo, a su juicio los únicos responsables de las regatas son los padres de esos conductores, quienes ignoran las actividades en las que andan sus hijos.
Expresó que evidentemente no hay control de los padres hacia estos conductores, pues muchas veces le proporcionan el dinero para modificar los vehículos, ignorando las consecuencias de estas transformaciones.
"Hemos aumentado las multas a quienes realizan regatas, le retiramos las modificaciones y suspendemos licencias, pero es por el gusto", acotó el funcionario.
El Departamento de Relaciones Públicas de la Policía Nacional reconoció que no cuentan con el equipo necesario, ni con la cantidad de agentes para atender a la población vehicular en el ámbito nacional.
Se informó que la Dirección del Tránsito cuenta con un aproximado de mil agentes para todo el país.
Actualmente en todo el territorio nacional hay 496 mil 83 vehículos, lo que significa que cada agente del Tránsito debe atender a un promedio de 496 automóviles diariamente.
No obstante, indicaron que sobre la cantidad de accidentes que se registran en la ciudad no se puede culpar exclusivamente a la DOT, sino que la falta de conciencia de muchos conductores, el marcado consumo de alcohol y la irresponsabilidad al conducir inciden en que permanentemente hayan accidentes.
Información suministrada por la ATTT revela que hasta la fecha se han registrado 204 muertes por accidentes de tránsito, en 181 días transcurridos.Ilustración Alejandor OrtizEl Panamá AméricapppAsì quedaron los vehìculos involucrados en la regata que cobró la vida de un joven y dejó varios heridos. Las regatas se popularizaron en la década del ochenta, cuando se corrían carros en Tumba Muerto.
Magali Morales agradece hoy a Dios porque no perdió a otro de sus hijos en un accidente de tránsito. Ya lo vivió una vez cuando le tocó decir adiós a su primogénito.
Ella es la madre de Heidi, quien este domingo resultó lesionada luego de que dos autos protagonistas de una regata en la Calle 50 perdieran el control, se estrellaran y uno de ellos cayera sobre su auto, un Mitsubishi Lancer.
Los conductores de los vehículos eran los jóvenes Kenyi Tatsuro Odai, de 28 años, propietario del Toyota Supra rojo que aterrizó justo sobre el carro de Heidi y Jack Gazal, de 23 años, quien falleció en el lugar.
Todo ocurrió cuando Heidi, después de haber comprado una lasaña para cenar, recibió una llamada a su celular que retrasó su entrada al auto. Entonces, en fracción de segundos, pasó lo peor: una regata fatal cobraba otra vida.
Recordando poco de lo sucedido, hoy Heidi se recupera de las heridas que le ocasionó la lluvia de vidrios a la que se enfrentó cuando buscaba un sitio para guarecerse.
Magali, en medio de la preocupación por el estado de su hija, pidió a las autoridades que investiguen la certeza del rumor de que Kenyi Tatsuro Odai salió del país después de lo sucedido.
"Ellos me tienen que cubrir todo lo de mi hija, casi me la matan. El otro joven, un judío, lo enterraron ayer, pero eso no puede quedar así", añadió.
Heidi está recluida en el Hospital San Fernando, donde se le practicaron varios exámenes y radiografías y se le hizo una cirugía para corregir las cicatrices de las cortadas en su rostro. El seguro médico no cubre todo los gastos.
Heidi Soto Morales tiene 25 años, una licenciatura en Turismo y acaba de terminar su maestría. Mañana jueves iría a una entrevista de trabajo, ya no podrá. Se informó que hoy deben darle salida del hospital.
"Yo sólo quiero que esto no vuelva a pasar, quiero que la juventud sea más seria. El ángel de la guarda salvó a Heidi, de lo contrario, hoy estuviéramos llorando a mi segunda hija por culpa de unos irresponsables que son protegidos por mamita y papito y que tienen plata para que los saquen del país. Ellos compran testigos, abogados y acaban con una ciudadana honesta", manifestó enérgicamente Magali.
La madre también pide que le devuelvan los documentos de Heidi, pues en el accidente alguien robó su billetera. No le interesa el dinero, sólo los documentos personales para reclamar a la aseguradora del auto que fue pérdida total.
En el accidente automovilístico los dos vehículos, después de venir corriendo desde la Calzada de Amador, fueron a dar al Restaurante Tamburrelli de calle 50. Destruyeron la fachada, impactaron contra otros autos y acabaron con las cuatro motocicletas que hacían repartos a domicilio.
Jacomo Tamburrelli, uno de los propietarios, aún está sorprendido por lo sucedido. Su local está tan alejado de la calle que nunca pensó que algo así pudiera ocurrir
No se han calculado aún los daños y por lo pronto un constructor está desmantelando la parte frontal del establecimiento para reconstruirlo.
Tamburrelli asume que los responsables del accidente van a cubrir los gastos en los que incurra, por su parte ellos repararán lo más pronto posible el local para luego pasarle la cuenta.
Mientras que Mary Montequin, arrendataria del local contiguo a Tamburrelli y propietaria del salón de Belleza Kutz, también afectado, manifestó que los daños a su negocio ascienden a unos B/. 500. Resultó con dos vidrios grandes quebrados, un hueco en el mueble de la recepción, entre otros.
A esos de las 2:00 de la tarde del día del accidente habían terminado unas remodelaciones al local de Montequin.
Ella recuerda que ese domingo lloraba porque los bomberos no la dejaban pasar a ver cómo había quedado su establecimiento. Cuando por fin entró, se encontró con parte del equipo de sonido de los autos involucrados, vidrios y sangre.
Hasta ahora nadie ha asumido la responsabilidad económica, por lo que pidió a las autoridades que tomen conciencia, porque si su salón hubiese estado abierto y el restaurante más concurrido, "una desgracia mayor habría tocado a varias familias y hoy lo estuviéramos lamentando".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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