REGRESARON 97 días después, Ezequiel Vargas Puga, Eric Vargas Puga, Mohamet Mondul, Luis Eduardo Semis Román, (a) "Larry"; Hilario Valderrama y Alberto Antonio Vargas Puga al Grand Deli Gourmet.
A diferencia del 4 de febrero de este año cuando ingresaron al local para cometer un robo de tan solo B/. 3 mil, que culminó con el asesinato de las dos dependientes del local, esta vez los protagonistas del ilícito tuvieron que reconstruir los hechos.
Se veían serenos, muchachos jóvenes, bien vestidos, llegaron al lugar a las 10: 20 de la mañana de ayer, escoltados por personal de la Policía Técnica Judicial y Policía Nacional, en un microbús del Ministerio Público a las instalaciones del restaurante ubicado en Obarrio.
El primero en ingresar fue el guardia de seguridad Ezequiel Vargas Puga, quien dijo que fue un error de su parte planear el robo, ya que el solo tenía que cuidar el lugar, y al igual que Semis no aceptó haber participado en los asesinatos.
En el mismo lugar, a pocos metros del bus donde permanecían los otros cinco acusados del doble homicidio, estaba Juan Rodríguez, padre de Vielka. En su rostro se reflejaba el dolor.
También habían otros familiares de las occisas, quienes no dejaban de mirar a los involucrados en las muertes de Holanda y Vielka.
Rodríguez, con lágrimas en los ojos, cabizbajo, casi sin voz, dijo sentir dolor y pidió "justicia" a las autoridades.
Mientras, uno a uno de los sindicados esperaban pacientemente esposados dentro del bus su turno para narrar su versión al fiscal Cuarto Superior, Dimas Guevara.
Guevara admitió que el arma con la cual ejecutaron a las dependientes del Deli Gourmet no aparece todavía. También dijo que todos son imputables para enfrentar su responsabilidad ante los dos crímenes y el robo. Después de esta diligencia el fiscal remitirá al Organo Judicial los resultados de la vista fiscal.
Semis y Ezequiel Puga de forma imprevista decidieron hablar sobre el hecho, ambos serenos y sin presión, narraron según sus versiones lo que ocurrió ese fatídico 4 de febrero en horas de la noche cuando Holanda Martínez y Vielka Rodríguez fueron interceptadas con el robo.
El común denominador de estas investigaciones es que todos los acusados aceptaron cometer el robo, más no así los homicidios de las mujeres.
Las occisas fueron identificadas como Holanda Martínez (supervisora), quien tenía seis meses de embarazo, y Vielka Rodríguez (cajera).
Los cuerpos presentaban impactos de bala en la espalda, axila izquierda y en la cadera. Estaban amordazadas y las manos las tenían inmovilizadas con cinta adhesiva. Fueron dejadas en el Corredor Sur, a la altura de Llano Bonito.
Regresan a escena del crimen
Los vinculados al doble homicidio aceptan haber participado del robo, pero no del asesinato de las mujeres.