La violencia irracional de la guerrilla en su natal, Pereira, en Colombia, lo hizo abandonarlo todo y venir a Panamá en busca de mejores días.
Renán entró sigilosamente al país y ya tiene 10 años de vivir ilegalmente aquí. Hoy libra su propia batalla: tratar de legalizar su estatus migratorio y seguir adelante con su negocio ambulante de venta de frituras.
Este colombiano puede ser uno de los cientos de miles de indocumentados que serían beneficiados con la amnistía que pidió el Tribunal Electoral a la Asamblea Nacional esta semana, para que estas personas legalicen su permanencia en el país.
Dejó atrás su trabajo como administrador aeroportuario de una planta de combustible, para sobrevivir como lavador de autos en sus dos primeros años en Panamá.
Renán, de 43 años y conocido como "El Parce", tuvo que cambiar de oficio para sobrevivir. Decidió ampliar su horizonte, y en un carrito motorizado rústico vende chichas, arepas, empanadas y frituras hace seis años.
"Uno estaba huyendo de la guerrilla y surgió la idea de venir a Panamá, porque siempre habían atentados, entonces a uno le toca salir para proteger la vida y buscar una mejor situación", confesó.
Renán trata desde hace varios años de arreglar su estatus migratorio. No ha tenido suerte, y lo que es peor: "perdió" B/.1,500 con una abogada "que no me solucionó".
Ahora tiene la esperanza que todo mejore con la amnistía que solicitó, con "urgencia notoria", el Tribunal Electoral.
La esperanza se le refleja en el rostro. Renán ya no quiere que lo miren como "el chichero", sino como alguien que desea salir adelante en un país que le brinda seguridad.