Son indígenas, latinos y afrodescendientes panameños, así como colombianos que no pasan de los 17 años y residen en diversas comunidades de la provincia de Darién. Su labor es hacer que los niños de esa región, ya sean panameños, desplazados nacionales o extranjeros, vean la vida con ojos de optimismo y la alegría que las circunstancias de la pobreza o del conflicto fronterizo les ha arrebatado, sea rescatada a través del juego y el de compartir con los demás.
En Darién, el Vicariato de Oriente con el apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, (UNICEF) está cambiando ojitos de tristeza por ojos de esperanza; caritas de llanto por caras de alegría; corazoncitos inquietos, por corazones en paz, todo a través del programa "Retorno a la alegría", una iniciativa que surgió a raíz de los desplazamientos de enero de este año.
En Darién los organizadores de este programa encontraron problemas de agresividad en los niños desplazados, en donde los juegos de golpes y fusiles de madera era la tónica, al igual que los llantos nocturnos sin ningún motivo o razón , fue así como nació la idea de cambiar ese panorama desalentador por uno con mayores expectativas y esperanzas.
Este programa se realizó en países como Mozambique y Colombia, y ahora con la incursión de paramilitares y guerrilleros a Darién, que han obligado, tanto a panameños como colombianos a dejar sus hogares y pertenencias para huir con sus hijos a otras regiones más seguras, se hizo necesario ejecutarlo en Panamá.
El proyecto se inició en enero en Boca de Cupe, una comunidad ubicada a unas cuatro horas río arriba desde Yaviza, navegando en piragua por el Chucunaque y el Tuira. La desesperación y el miedo de los desplazados que huyeron de las balas y la crueldad de los insurgentes colombianos marccaron sus vidas para siempre; por lo que era necesario cambiar el miedo, temor y tristeza, por alegría, especialmente en los niños.
El proyecto "Retorno a la alegría" arrancó oficialmente el 10 de febrero, sumándose posteriormente comunidades como Mercadeo, So Bía Quirúa, Balsal, Matugantí, Boca de Paya, Yape y Yaviza.
Aunque en parte, se está tratando de solucionar sus inquietudes psicosociales, en Darién los niños requieren de atención a sus necesidades básicas, con lo que se estarán garantizando el respeto de sus derechos, proclamados en la Declaración de los Derechos del Niño, aprobada el 20 de noviembre de 1959.
En estas poblaciones la necesidad de los servicios públicos y la pobreza extrema están condenando a muchos niños y niñas a un futuro incierto, algo que sólo en conjunto, sociedad, instituciones y gobierno, pueden darle solución.
Pero a pesar de todo, en Darién la solidaridad es pan de cada día. Luzmil Tócamo es un joven Emberá de 17 años que reside en la comunidad de Mercadeo. El forma parte de un grupo de jóvenes voluntarios del programa "Retorno a la alegría", en donde los adolescentes se vuelven protagonistas, tratando de desarrollar una sociedad diferente.
En Mercadeo se reúnen de dos a tres horas todos los sábados desde hace unos cinco meses. Realizan juegos, cuentos con títeres, dibujos, entre otras actividades y cada grupo tiene su nombre. El de Tócamo se llama curiosamente, Generosidad, y lo integran niños de siete a seis años.
En Mercadeo hay un total de 40 casas, su población está compuesta en su mayoría por indígenas Emberá, aunque existe un grupo reducido de desplazados colombianos que tienen varios años de residir en el lugar.
Graciano es otro joven voluntario de 15 años de edad que actualmente vive en Boca de Cupe. Actualmente, porque hace unos meses salió huyendo con su familia de Piedra Real del área de El Chocó (Colombia).
"Afortunadamente a nadie de mi familia han matado", destacó este joven que aparenta mucha más edad en su manera de hablar, tal vez, porque la violencia de la que huyó lo obligó a madurar de golpe.
Para él, el programa que lleva adelante el Vicariato con UNICEF le ha ayudado bastante. "Antes era muy introvertido, ahora soy más extrovertido y comparto más con los amigos". Graciano ha recobrado la confianza en las personas que le rodean.
Este joven quiso dejarle un mensaje a las autoridades: "No me quiero ir mientras la guerra en Colombia no haya cesado".
"Todo intento de erradicación de la pobreza tiene que tomar en cuenta a los niños", destacó Alfredo Missair, director Regional Adjunto de la Oficina Regional de UNICEF en una visita que realizó recientemente a la provincia de Darién.
Missair señaló que aunque se han hecho muchos intentos por mejorar las condiciones de vida de los niños, a través de programas de salud (vacunación, bajo índice de mortalidad infantil, etc.) eso no es sostenible y se nos olvida que dichos intentos se nos pueden caer, e incluso ya empiezan a darse problemas de salud inaceptables en la región, en pleno inicio del Siglo XXI, tales como: desnutrición, no inmunización, etc.
"Hemos logrado cosas, pero no lo suficiente como para desarrollar en todas partes lo que se necesita para proteger los derechos de todos los ciudadanos, niños y adolescentes", enfatizó.
Missair destacó que el país tiene que invertir más en la infancia y en la adolescencia. Si los países se han comprometido con respetar los derechos de los niños, no hay excusas para no hacerlo, dijo.
Al respecto, señaló que hay un estudio de UNICEF y CEPAL que se presentó recientemente en la reunión de ministras y ministros Iberoamericanos de Infancia y Adolescencia sobre cumplimiento de metas del Plan Iberoamericano, el cual destaca que en Latinoamérica sólo se invierten 70 centavos de dólar por día por niño, cuando la cifra ideal sería de 1.05 dólares, lo que muestra una brecha de 35 centavos entre lo que se está haciendo y lo que debemos hacer.
La hermana Margina Cuadra es una de las religiosas que trabaja en el Vicariato de Oriente y es parte del programa. A ella se le han acercado algunos padres de familia a manifestarle la complacencia de ver los cambios que han tenido sus hijos. "Jóvenes voluntarios que antes eran problemáticos ahora contribuyen a que otros niños puedan crecer en un mejor ambiente, destacó.
Sor Margina señaló que con los voluntarios del proyecto "Retorno a la alegría" se quiere que los jóvenes tomen conciencia de sus necesidades, que manifiesten su opinión y que den a conocer cuando algo no les gusta.
Para las misioneras fue un reto involucrar a los jóvenes indígenas, dado que por lo general son muy retraídos, pero afortunadamente el programa tuvo muy buenos resultados. Ahora en cada comunidad están surgiendo nuevos líderes.
La hermana indicó que próximamente se estará incluyendo dentro del programa de actividades, aspectos de la cultura, con lo que se busca reforzar las raíces culturales en los niños
Cuatro hermanas trabajan en la zona misionera de El Real, que comprende las Comunidades de Mercadeo, Pinogana, Yape, El Real, Boca de Cupe, Púcuru, Paya, Balsal y todas las comunidades fronterizas. Cada una de ellas se dividen las comunidades en donde regularmente realizan las giras, para retornar luego a su sede, ubicada en El Real.
Estar pendientes de las comunidades es casi un reto para ellas, dado que tienen que esperar hasta dos horas a orillas del río a que pase una piragua y las lleve a sus destinos, pero lo hacen todo por amor, un amor que es retribuido por la gente que las han hecho parte de su cotidianidad.