"multinacionales" de expertos en la lucha antisubversiva de las dictaduras militares que Sudamérica padecía en la décadas de los "70 y "80, realizaban giras periódicas a distantes capitales de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Uruguay, donde interrogaban y torturaban a los presos políticos.
Nuevas pruebas de esta estrecha colaboración fueron aportadas a varios organismos defensores de los derechos humanos y de la libertad de expresión en esta capital por el licenciado Martín Almada, un connotado abogado paraguayo y fundador del "Archivo del Terror", la documentación que ilumina las prácticas represivas y la estrecha colaboración de esos regímenes a través de la llamada "Operación Cóndor".
Un informe al general Pastor Milcíades, jefe del Departamento de Investigaciones de la dictadura de Stroessner, fechado en Asunción el 9 de abril de 1977, da cuenta como dos presos políticos uruguayos fueron "interrogados minuciosamente" en una comisaria paraguaya por una comisión integrada por oficiales del Estado Mayor Chileno, el Servicio de Inteligencia de Estado (SIDE) de Argentina y un mayor del Servicio de Inteligencia del Ejército del Uruguay, además de varios oficiales paraguayos.
"Interrogados minuciosamente es un común eufemismo para encubrir que fueron minuciosamente torturados", señala Almada en una entrevista con el corresponsal de El Panamá América.
"Si a alguien podía quedarle alguna duda de la interrelación que existía entre los servicios de inteligencia y seguridad de las dictaduras militares sudamericanas, tenemos cada vez más elementos de juicio como este documento suscrito por el Comisario Inspector Alberto Cantero a Coronel", añade.
Almada, un hombre de 62 años y apariencia frágil, tiene conocimiento directo de estos procedimientos, o sea que los sufrió en carne propia cuando
fue detenido como subversivo al regresar a Asunción de Argentina, donde había recibido un doctorado en pedagogía de la Universidad de la Plata.
Su tesis fue sobre el programa educativo de Panamá durante el gobierno del general Omar Torrijos, cuyos programas sociales y su inclinación izquierdista no eran vistos con buenos ojos por los militares sudamericanos.
La primera indicación que el abogado tuvo de este operativo conjunto, sin aún estar enterado de la Operación Cóndor, fue cuando él mismo fue detenido y torturado por agentes paraguayos en presencia de varios oficiales que reconoció como brasileros y argentinos.
"No le presté mucha atención hasta que un prisionero que estaba en una celda vecina, Amílcar Latino Sancucho, un líder del ERP argentino, me contó que también había sido interrogado junto con dirigentes del MIR chileno por un "tribunal secreto" integrado por oficiales de los distintos regímenes militares que dominaban nuestro continente.
"Así nos enteramos de que existían estos grupos de oficiales de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, o sea los integrantes de la Operación Cóndor, que viajaban de un país a otro a presenciar los interrogatorios y coordinar así la represión".
Después de ser detenido en 1977 por los servicios de inteligencia paraguayos con la colaboración del SIDE, el activista de los derechos humanos fue torturado con el trágico saldo que su esposa, que oyó sus gritos cuando un policía le obligó a escucharlos por teléfono, murió de un sincope cardíaco.
Almada, un activo promotor de varios movimientos de derechos humanos y de protección ambiental en Paraguay, aún mantiene vivo el trauma de esos tiempos.
Durante la entrevista, en un restaurante cerca de Dupont Circle en el centro de Washington, Almada, algo nervioso, solicitó a una camarera que bajara el volumen de un concierto de Bach, transmitida por un altoparlante.
"Cuando me torturaban constantemente tocaban música, sambas brasileras, para tapar los gritos," recordó, hablando en voz baja. "Entonces, cuando me encuentro en un lugar público no puedo oír música porque empiezo a sudar y siento como si me encogiera para quedar muy chiquitito".
No fue fácil reanudar la conversación. Pero después que el abogado tomó unos sorbos de chocolate caliente continuó: "Otro ejemplo de esta colaboración entre los servicios de seguridad de las dictaduras, son los numerosos despachos que el comando superior del ejército de Brasil enviara al ejército paraguayo con listas de "subversivos" de nacionalidad brasilera que se hallaban en territorio argentino.