Nación

Rostros del abandono


La mayoría de los pacientes abandonados en el Hospital Santo Tomás son varones adultos mayores que presentan limitaciones físicas o padecen enfermedades degenerativas como el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). También puede tratarse de indigentes recogidos en la calle a los que simplemente llevan a este centro para atención médica, y luego allí se les abandona a su suerte.
Pero también hay mujeres. Nilka Barrios, encargada del Departamento de Trabajo Social, considera que las limitaciones de los pacientes son algunas de las causas del rechazo porque requieren de mayor cuidado. Además, el deterioro de las relaciones familiares es determinante.
Cuando se trata de pacientes con limitaciones y no hay quién vele por ellos, se les ubica en asilos; pero se tiene que esperar un cupo. Y durante el tiempo de espera, el hospital se encarga del paciente.
Muchos no son abandonados en el hospital, sino que permanecen por largos períodos. Tal vez, porque como no fueron padres responsables, sus parientes no sienten la obligación de ocuparse de ellos.
Sin embargo, hay otros casos que sí se catalogan como abandono porque los traen, los fichan y cuando el médico los va a atender los señores están solos, explica Sonia Vergara, trabajadora social del servicio del cuarto de urgencia.
En estas situaciones se procura localizar a los familiares. Se presiona mediante las autoridades y por medio de las corregidurías para que se les aplique la ley.
Vergara comenta que ha atendido a pacientes que le indican dónde viven, pero cuando llegan al lugar los familiares niegan que la persona vive allí. Tuvo dos casos, donde los familiares no querían recibir al paciente.
Entonces, como último recurso acuden a la corregiduría del área para que los familiares cumplan con su responsabilidad. Y se les da seguimiento por medio de las trabajadoras sociales del centro de salud o policlínica del área donde reside el paciente, asegura Vergara.
De no existir alguien que se responsabilice por ellos, el hospital no los abandona sino les busca ubicación. En esta tarea reciben el apoyo del Ministerio de la Familia y del Hospital de Larga Estancia.
La licenciada Vergara sugiere que se abra un albergue en la capital para darle respuesta a los pacientes del área, porque muchas veces no hay cupo aquí y los envían a centros en el interior del país.
En el Hospital Santo Tomás, hay 13 trabajadoras sociales asignadas a los diferentes servicios donde detectan los llamados casos sociales. Y los descubren mediante las visitas a: las salas de hospitalización, las áreas de consulta, urgencia, cirugía, medicina interna, cuidados intensivos y demás.
Su trabajo necesita de mucha observación, porque deben examinar las condiciones físicas y la salud de los pacientes para descubrir potenciales casos de abandono o de las necesidades pertinentes.
Aunque el Departamento de Trabajo Social no tiene estadísticas sobre la cantidad de abandonados por años, Barrios informa que en el 2002 hubo unos 20 casos y en el 2003, 5 pacientes.
Según estadísticas del centro, en el 2002 se atendieron un aproximado de 272,148 pacientes; cantidad que incluye las admisiones, las consultas especializadas y las urgencias.
La encargada del departamento, la licenciada Nilka Barrios, considera que el personal de trabajo social es insuficiente para cubrir la demanda. Por eso, se requiere más funcionarios para ofrecer un mejor servicio, cubrir la población y hacer una investigación más profunda.
Entre los casos que se descubren, Barrios destaca maltrato, el tipo de relación en el seno familiar, problemas con fármacos, casos de abuso y desempleo. A las personas que presenten alguno de estos problemas, se les orienta y se les da seguimiento, es decir, una atención integral.
Aunque en todos los servicios se presentan casos de abandono, el volumen más grande se da en Medicina Interna; quizás porque quienes allí se atienden padecen enfermedades crónicas.
Gloriela Medina, trabajadora social de Medicina Interna, tuvo dos casos de abandono. A uno que está recluido en el asilo Bolívar, sus familiares no quisieron hacerse cargo de él, porque nunca se ocupó de ellos. Este paciente estuvo nueve meses hospitalizado hasta que se le encontró un hogar.
El otro, es un señor colombiano que tiene 20 años de vivir en Panamá, sin familiares y lleva un año internado. Tiene 65 años con enfermedad cerebro vascular y no se vale por sí mismo. Como no hay quién se responsabilice por él, acudieron al consulado de Colombia, del cual esperan una respuesta.
También se han dado casos fortuitos, como el de un mexicano parapléjico que llegó al cuarto de urgencia porque se sintió mal. El señor viajaba por tierra en una línea de transporte y el consulado dio todo el apoyo para que volviera a su país de origen, asegura Sonia Vergara.
Así como ese consulado los ayudó, otros centros como REMAR, Hogar San José, la orden Madre Teresa de Calcuta y el Albergue de María en Colón, les tienden la mano.
Y, precisamente, el Albergue de María cobijó a un señor de 61 años con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
Nilka Barrios explica que éste llegó al hospital por un derrame cerebral. Es un paciente hipertenso que vivía solo en Curundú, porque sus dos hijos residen en otras áreas distantes.
Aunque la demanda es enorme; asociaciones cívicas, centros de salud y estaciones de policía, les brindan respaldo. Pero hay situaciones muy difíciles como la de un señor de aproximadamente 58 años, sordo y ciego. La Policía Nacional lo encontró en el sector de playa de la avenida Balboa a las 8:00 p.m. del viernes 16 de enero.
Está hospitalizado en el área de Observación y hasta la fecha no se ha tenido contacto con sus familiares. El Hospital Santo Tomás atiende un promedio de 66.5 pacientes diarios, de ellos hay una cantidad desconocida; porque no existen registros de personas que nunca son reclamadas.


fecha edicion
old id
145109
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América