La distancia es larga y como la carretera está en malas condiciones, el viajero siente que se le quiere desprender el hígado cuando los vehículos saltan en medio de los baches. Pero nada de eso supera la hermosa experiencia de compartir con seres tan especiales.
Sus caras de esperanza, la alegría contagiosa, la expresión de sorpresa que no terminaba y sus muestras de satisfacción, fueron suficiente.
Nos esperaban ansiosos, algunos con sus chancletitas a medio talón porque el suelo las había gastado. Otros con sus piececitos en el suelo porque no hay con qué cubrirlos. Tampoco importaba la impertinente caries marcada en los dientes cuando de compartir risas se trata. Algunos viajaron casi una hora para participar en esta fiesta especial.
Más de 150 niños acompañados por sus padres llegaron a la cita.
Hubo brindis, juegos, piñatas, bolsas de comida, ropa nueva, juguetes y sobre todo, mucha amistad, cariño y corazones henchidos.