Una premisa muy acertada es que al reducirse la contaminación del aire, se mejora la salud de la población y se logra un ahorro al país, ya que no se gastará tanto en materia de atención médica por enfermedades respiratorias, destinando esos fondos a su prevención.
El Dr. Rafael Restrepo Preciado, especialista en neumología, manifestó que los cambios que hay en el ambiente afectan directamente los pulmones, porque son los únicos órganos vitales que tienen contacto con el ambiente. De allí que las personas que viven en la ciudad o que trabajan diariamente en la calle, tengan más posibilidades de padecer alguna enfermedad respiratoria.
El neumólogo indicó que las vías respiratorias poseen su propio sistema de protección, compuesto por una cantidad de pelos o cilios, que se encarga de sacar o evitar que las partículas tóxicas entren al árbol respiratorio. No obstante, cuando los niveles de estas partículas sobrepasan la capacidad del sistema, éste se ve afectado, facilitando la penetración de patógenos y dando paso a las infecciones respiratorias.
En cuanto al plomo, Restrepo señaló que es altamente tóxico, especialmente para el sistema que produce la sangre, el sistema inmunológico y el hígado.
En tanto, el monóxido de carbono es un veneno que en altas concentraciones desacopla el sistema de oxidación celular y finalmente mata las células del cuerpo. Las inhalaciones altas y agudas pueden causar la muerte, pero su inhalación permanente y en niveles más bajos, puede deteriorar la capacidad del cuerpo de regenerarse y hacer a la persona más susceptible a cualquier enfermedad.
El óxido de nitrógeno produce radicales libres de oxígeno, los cuales en contacto con las células, causan un daño oxidativo importante. Las consecuencias pueden fluctuar entre un daño celular y la aparición del cáncer, explicó el médico.
En cuanto a las partículas totales, éstas provocan inflamación de las vías aéreas y empeoran los procesos persistentes como los broncoespasmos, asma y las alergias respiratorias en general. No obstante, la alta concentración de partículas menores de 10 micras (PM10), que por lo general son emitidas por los motores de combustión interna y en pocas cantidades por el polvo presente en la calle, está relacionada con enfermedades respiratorias agudas y cardiovasculares.
Restrepo advirtió que los más vulnerables a la contaminación son los niños y las personas de la tercera edad. Los primeros, debido a que su sistema respiratorio está en desarrollo, por lo que son más susceptibles a que estos contaminantes provoquen daños y enfermedades de tipo crónico, como el asma, sinusitis, infecciones respiratorias a repetición con la consecuente dilatación de los bronquios, sensibilización a ciertos alergenos y alergias que pueden persistir por el resto de su vida.
Las personas de la tercera edad con una capacidad reducida de regeneración y un sistema inmunológico que no está en su punto óptimo, son vulnerables y tienen menor capacidad para defenderse de este tipo de sustancias que dañan el aparato respiratorio.
Sentenció que si bien es positivo lo que se está realizando en materia de disminuir los niveles de contaminación, lo importante “no es hacer nuevas leyes, sino que éstas se hagan cumplir, porque ese es el grave problema que siempre enfrenta Panamá”.