Montevideo - "Hoy Panamá es un nuevo país, ojalá que se estabilicen las cosas", reflexiona el presidente del Uruguay, Julio María Sanguinetti.
El mandatario, a pocos días de terminar su segundo mandato, se muestra preocupado de que tras la nacionalización del Canal y la retirada del enclave que Estados Unidos mantuvo en el Istmo durante casi un siglo, los panameños aún no han logrado unificar sus metas políticas en la alborada del nuevo siglo.
"Siempre están cobrando facturas hacia el pasado, ese es el drama, en lugar de gobernar hoy hacia mañana", expresó en una entrevista exclusiva con el enviado especial de El Panamá América, a pocos días de entregar la banda presidencial a su correligionario, el senador Jorge Batlle.
Sanguinetti ha seguido de cerca el desarrollo del panorama político panameño, habiendo sido una figura clave en las reuniones de Bambito, patrocinada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Grupo de Montevideo, que reunieron a los líderes de distintos sectores en aras de lograr un afianzamiento democrático en Panamá tras los trastornos causados por la dictadura del general Manuel Noriega y la invasión de Estados Unidos.
"Bambito fue una excelente experiencia de gobernabilidad", recordó. En un momento difícil de la situación política panameña se montó un escenario de diálogo en el cual, con las fuerzas políticas y sociales se logró generar un clima que normalizó la vida política de Panamá.
"En aquel momento, y sobre todo con la colaboración del presidente Belisario Betancourt (de Colombia) y el apoyo del PNUD, hicimos esta tarea".
Opina que el gran reto que enfrenta el mundo, pero específicamente América Latina, es el afianzamiento de la democracia. Sin mencionar ningún país, Sanguinetti reflejó la preocupación generalizada que existe en círculos políticos de Washington a Buenos Aires sobre la precaria situación de las instituciones democráticas en países como Paraguay, Perú, Venezuela, Ecuador y Haití.
El mandatario, que antes de entrar en la política realizó una notable labor periodística iniciada en el periódico La Acción junto con Batlle, indicó que cuando deje la presidencia el 1 de marzo, dedicará una buena parte de su tiempo a continuar la labor del Grupo de Montevideo, un organismo cívico fundado por Sanguinetti y el presidente de Catalunia, Jordi Pujol, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias y otras figuras de la vida política.
"Celebro mucho que ahora en Panamá haya una prensa libre y vigorosa," anotó, recordando las conferencias sobre el tema que pronunció en la capital panameña hace dos años.
Una primera actividad después de dejar la presidencia, reveló, será un viaje a México por invitación del presidente Ernesto Zedillo para dar una serie de conferencias sobre los retos de la globalización y el vital papel de los medios informativos, tema que abordó en una serie de conferencias en Panamá en años recientes.
En el campo económico, sus comentarios se concentraron en el Mercosur, el proyecto de integración que Uruguay impulsa junto con Argentina, Brasil y Paraguay y al cual se han adherido como potenciales socios Chile y Bolivia.
Una de sus iniciativas, que aún no ha logrado la aceptación de los otros países, especialmente Brasil, es la creación de un secretariado permanente en Montevideo, idea que también será impulsada por Batlle.
"Mercosur ha sido un proyecto indudablemente exitoso", continuó. "Este año se puso a prueba con una crisis fuerte a raíz de la crisis cambiaria de Brasil a la cual se le añadieron luego otros aspectos. En esa situación y circunstancias es que se hizo más evidente la necesidad de tener algunas instituciones que evitaran conflictos y que ayudaran a resolverlos, que sería el papel de una secretaría técnica permanente.
"Hasta ahora con el nivel político nos hemos venido manejando, pero no parece ser el mejor modo porque cuando la situación es crítica no hay elementos de intermediación entonces el conflicto político escala fácilmente porque está a nivel de ministros y de presidentes.
"Entonces la idea de que el proyecto uruguayo de creación de la secretaría técnica es tratar de formar un staff técnico en que más allá de los países esté pensando en términos de regiones. Y logremos generar alguien que esté pensando en esa dirección y pueda racionalizar los temas porque sino luego se transforma a través de su función pública en pulseadas entre los gobiernos o en conflictos de ganar perder que no es bueno".
El presidente del Uruguay, Julio María Sanguinetti, ha condicionado el uso de sus "buenos oficios" en el caso de Elián González al consentimiento del tío abuelo del niño cubano, Lázaro González, quien se niega devolverlo a Cuba.
Así lo expresó el mandatario sudamericano a este corresponsal en el curso de una entrevista exclusiva en su despacho en la Casa de Gobierno, el Edificio Libertad.
El papel mediador de Sanguinetti para romper el impasse que se ha formado alrededor de la custodia del niño balsero de seis años que fue rescatado en el Caribe y llevado a Miami el pasado 25 de noviembre, fue solicitado desde Chicago por el abogado estadounidense padre del niño que reside en Cuba, donde el caso fue convertido en una causa de Estado por el gobierno del presidente Fidel Castro.
Sanguinetti, considerado un consumado político que ya ha logrado una reelección y un hábil negociador, aseguró que no podía negarse a "hacer lo que se pueda" para solucionar el caso, pero destacó que su participación dependía del consentimiento de ambas partes del litigio.
"Le comunicaré al abogado en Chicago que me hizo el ofrecimiento que estoy en disposición de ayudar, si me es posible, pero, por su puesto, todo depende de lo que opinen las partes involucradas".
El mandatario uruguayo, que el próximo 1 de marzo entregará la banda presidencial a su correligionario, Jorge Batlle, señaló que "nadie puede rehusar una gestión de buenos oficios por una causa humanitaria, de modo que quedamos a disposición de quienes son hoy parte en este penoso litigio, penoso porque está en juego la suerte de un niño".
No obstante, cualquier gestión de buenos oficios, resaltó, "dependen de la voluntad de las partes, de su voluntad de acercamiento".
En enero, el servicio de Inmigración y Naturalización (INS) reconoció que la custodia del menor corresponde a su padre, opinión que fue confirmada por el presidente Bill Clinton y la fiscal general, Janet Reno.
Sin embargo, una jueza de Miami dictó una sentencia que permitió que el niño permaneciera en esa ciudad con los familiares de Lázaro González, quien tiene la custodia provisional del niño. Esta sin embargo, se acaba de complicar con la revelación que el tío-abuelo del niño, un mecánico de automóviles, fue enjuiciado cuatro veces por conducir un coche en estado de ebriedad.
Según la opinión de expertos en leyes de inmigración, las suspensiones que le impusieron a su licencia de conductor pueden tener un efecto adverso al juicio que González entabló al Estado para obtener la custodia del niño.