Angélica Vega pidió un permiso en su trabajo y acudió a las 7: 00 de la mañana del pasado jueves a la Dirección Nacional de Pasaportes a obtener el documento y cumplir su sueño de viajar.
"Han pasado más de cuatro horas y aún no avanzo para tomarme la foto" comentaba aún cuando se enteró que el sistema se había caído.
La noticia corría como pólvora entre los contribuyentes mientras la funcionaria del cubículo de "información" atenuba las quejas y maledicencias, con palabras amables y sonrisas nerviosas.
Al advertir la presencia de este medio, algunos, como Alejandro Brown, aprovecharon para hacer su denuncia.
Él y su esposa viajaron desde Colón, pensando que en la capital sería más sencillo renovar su pasaporte. A estos panameños residentes en New York no les quedó más que lamentarse.
En el segundo piso, en la fila de atención de las ventanillas 3 y 4, la situación se complicó cuando un ciudadano intentó "colarse". Pronto la multitud detenía a una mujer de cabello rubio corto, dispuesta a golpearlo.
Consciente de la inconformidad de los contribuyentes, la directora de Pasaportes, Carlota de Allen, recorrió las salas de espera procurando superar el incidente lo más rápido posible. Minutos después así se hizo.
El enojo no cubrió a todos los que esperaban. Juana, una anciana, tomó su bolso, sacó un espejo y comenzó a maquillarse. Ella, a diferencia de otros, realizaba su trámite a tiempo.