En muladares capaces de generar una lamentable epidemia se han convertido las distintas instalaciones de la Universidad de Panamá (UP), especialmente, el Campus Central.
Toneladas de hojas caídas de los árboles, basuras desbordadas en cada esquina y baños en absoluta situación de insalubridad, son las imágenes reiteradas de la primera casa de estudios superiores, que hoy cumple su decimoquinto día de paro de labores administrativas.
Durante una visita a las distintas unidades académicas, la situación de cada uno de los centros es similar, obviando algunas facultades como las de Derecho y Enfermería que han tomado las previsiones para evitar las condiciones de insalubridad en sus instalaciones.
Ayer, estudiantes de un colegio de primer ciclo tuvieron su ceremonia de graduación en el Paraninfo Universitario en medio de la basura y desperdicios amontonados en las inmediaciones del lugar.
Luis Prescott, de la Asociación de Empleados de la Universidad de Panamá, señaló que lo que se ha generado con la basura no es responsabilidad del gremio, que está reclamando un derecho legítimo y que ha sido reconocido por las autoridades.
Prescott expresó que pese a lo anterior, no han interferido con el desalojo de basura que efectuaron el pasado fin de semana equipos de labores coordinados por unidades de aseo del Municipio de Panamá.
Alegre destaca que existen varias anécdotas que recuerda, pero que no puede revelar porque forma parte de la vida de muchas personas que lucharon desinteresadamente por la recuperación de la democracia.
Manifestó que durante el período de la dictadura fue detenida en cinco ocasiones y en varias de ellas, fue liberada por la intersección del Padre Fernando Guardia.
Por su parte, Otilia Tejeira de Koster, del Centro de Investigaciones de Derechos Humanos, también trabajó a favor del retorno por la democracia en Panamá cabildeando junto con su esposo en los diferentes sectores de los Estados Unidos.
Koster asegura que junto con su esposo fueron los primeros en lograr en 1986 que el senador Kennedy hablara a favor de la salida de Noriega de Panamá porque en esa época el gobierno norteamericano apoya al exjefe militar.
La anécdota que más recuerda Koster fue cuando después de una marcha de los civilista hizo una ronda en su auto por las Vía España y observó cuando un soldado de Noriega le daba de palo a un señor.
Indica que el soldado parecía que estaba bajo efectos de la droga porque de tanto golpes que le propinaba al sujeto la sangre le corría por todo el cuerpo y esto no bastaba para que el militar se detuviera sino que seguía fustigándolo.
"Eché para atrás y nos fuimos... me siento mal por no haber echo algo en ese momento, pero no podíamos hacer nada", reconoce la activista de los derechos humanos.
Indica que no se arrepiente por no haber hecho nada sino que se sintió frustrada por la impotencia de poder hacer nada que vivió en ese momento. "Nunca se me olvida ese momento, fue una de las experiencia más dolorosas, no sólo para mi si no para los tres acompañantes, que estaban en mi auto, entre éstos mi hija", dice la dirigente.
Señala que en ese momento tuvo que ser fuerte porque su hija y los otros acompañantes querían bajarse del auto para interceder por la persona que estaba siendo golpeada y ella como responsable del grupo no podía permitir que cayeran detenidos o golpeados.
También recuerda que en un solo día se pagaron más de 20 mil balboas para sacar a cientos de civilista que cayeron detenidos durante una protesta. La dirigente asegura que el dinero siempre salía de recolecta que se hacían entre los empresarios. Por cada detenido siempre había que pagar cerca de 400 balboas en concepto de multa que imponían las autoridades de esa época.
La profesora Edna Gioconda Davis fue activista del grupo civilista UNIDAD, integrada por mujeres y fungía como Gerente de Recursos Humanos del Chase Manhattan Bank durante la crisis. Comenta que tiene muchas anécdotas que decir, pero prefiere no revelar detalles de cómo se hacían las cosas porque " como van las cosas en cualquier momento hay que ponerse de nuevo las zapatillas y volver a luchar por la democracia".
Davis revela lo que más recuerda eran las jornadas que se organizaban todas las tardes al frente de la Procuraduría de la Nación para rezar el rosario por el alma del asesinado médico guerrillero Hugo Spadafora.
Indica que lo que más le llamaba la atención de esas jornadas era la manera espontánea como cientos de panameños se bajaban de los buses y se unían al grupo para rezar siempre debajo de un árbol frondoso que existía cerca de la Procuraduría de la Nación.
Un buen día, comenta Davis, el procurador de esa época mandó a derrumbar el árbol que le servía para protegerse del sol y la lluvia, hecho que causó mucho miedo entre los activistas porque eso significó como una amenaza contra ellos.
No obstante, destaca Davis los activistas decidieron sembrar tres arboles, uno de los hoy día crece vertiginosamente en el lugar y las protestas siguieron por casi un año en ese mismo lugar hasta diciembre de 1986.
La señora Davis relata que en una ocasión huyendo de la represión cayó dentro de una alcantarilla y se fracturó la pierna, aunque eso no fue limitante para que participara en las protestas, entre estas las que se escenificó cuando se corrió la bola de que Noriega había salido huyendo de Panamá hacia República Dominicana en enero de 1988.
Para la dirigente sindical, Montenegro el sacrificio que hizo el pueblo por el retorno de la democracia no ha sido valorado por los políticos de hoy que cometen los mismos actos de corrupción que le reprochaban a Noriega. Manifestó que un grupo de políticos que nunca se le vio luchando en las calles contra la dictadura son los que han disfrutado de estos años de democracia.
"Han sido cuatro berracos los que se han aprovechado de la democracia", denunció. Según la dirigente sindical la democracia cada vez más va en retroceso a causa de las medidas que ha adoptado la clase política en contra de los trabajadores, los periodistas y los grupos sociales.
De acuerdo con la educadora Cecilia Alegre la lucha civilista contra la dictadura sí valió la pena, "lo triste fue que nos dividimos por la política". Asegura que como civilista nunca estuvo de acuerdo con la violencia ni con la invasión norteamericana.
Destaca que durante la lucha civilista surgieron valores cívicos que con el tiempo se han perdido. Para Otilia Koster la lucha civilista fue importante y también valió la pena, aunque siempre estuvo en contra de la invasión desde que tuvo conocimiento de esa posibilidad a la salida de la crisis antes de 1989.
Según la dirigente no había necesidad de una invasión para sacar a Noriega del poder y culpa al procurador Rogelio Cruz de ser el responsable de que muchos de la camarilla de Noriega quedaran en libertad o salieran del país.
Para Koster la invasión norteamericana de Estados Unidos a Panamá fue un acto programado en el que participaron sectores políticos y económicos de los Estados Unidos y Panamá.
De acuerdo con Edna Gioconda Davis la lucha emprendida por los panameños contra la dictadura de Noriega fue "justa" , aunque siempre ella estuvo de acuerdo con una transición democrática del poder sin llegar a la violencia. "La invasión fue un final muy triste que nos causó mucho dolor", indica la ex activista.
Destaca que el pueblo sí aprendió la lección de lo que fue la dictadura y posteriormente la invasión, pero no así los políticos que como no participaron en la lucha no valoran el costo que tuvo la democracia para Panamá.
Según Davis, los políticos vivieron en el exilio y llegaron después de la invasión a beneficiarse de la lucha del pueblo, lo que ha ocasionado que muchos de ellos no tengan conciencia de lo costó la democracia y aprueban acciones que han hecho que el sistema democrático retroceda en Panamá.
"el pueblo sí aprendió la lección, pero los políticos parecen que no", asegura Davis, quien no descarta que los panameños tengan que volver a las calles a defender la democracia.