Nación

Se pierde vista a la Bahía de Panamá


La Bahía de Panamá, vista desde la Avenida Balboa, es uno de los paisajes privilegiados de la ciudad capital.
Sin embargo, la paulatina construcción de edificios y los rellenos para determinadas obras, han arrancado una voz de alarma entre los ciudadanos, quienes ven amenazada esta panorámica natural.
La peculiar historia del área destaca que el primer intento de elaborar un proyecto urbanístico en la ciudad de Panamá fue realizado por el vienés Dr. Karl H. Brunner, en enero de 1941, en calidad de asesor del gobierno de esa época.
Ese plan, que desapareció en 1949, se le considera el más decidido y orgánico para planificar los aspectos urbanos de la Ciudad de Panamá, según consta en el Plan de Panamá, informe presentado al Instituto de Vivienda y Urbanismo por una misión encomendada a Diego y Fábrega, en 1968.
El Dr. Harry Castro Stanziola, al respecto, comenta que el ingeniero Abel Bravo, a inicios de siglo, dijo que sería muy bonito hacer un paso vehicular y peatonal en lo que hoy es la Avenida Balboa, pero este proyecto no se concretó.
Hoy, donde se yerguen majestuosos edificios, ayer era una inmensa playa conocida como Peña Prieta (en la actualidad está el restaurante Boulevard).
El Dr. Stanziola comenta que allí llegaba el tranvía y los barcos desembarcaban el ganado. Era un área de esparcimiento y ya se preveía la factibilidad de crear un parque, hoy el Urraca.
El área de Paitilla hasta los terrenos donde está el Parque Omar era una finca, propiedad de la familia Bermúdez.
Comenta que la zona empezó a transformarse con la construcción de barrios como La Exposición y Bella Vista porque los únicos edificios eran El Club Miramar, el Hospital Santo Tomás y la embajada inglesa, porque en Paitilla no se había construido nada.
Castro Stanziola recuerda que las primeras construcciones en Paitilla fueron viviendas de uno o dos pisos y en tierra firme.
Un artículo publicado en la Revista Lotería No. 412 de 1997, "La Ciudad, la Bahía y su potencial", el arquitecto Luis D. Crespo analiza los efectos del crecimiento urbanístico, la necesidad de planificación y la explotación de manera científica de este desarrollo en el área.
El arquitecto Crespo explica que la Bahía de Panamá es un enorme atractivo, con enorme potencial económico que debería utilizarse en beneficio de los habitantes de la ciudad. Agrega que posee las tres principales características de toda buena inversión en bienes y raíces: "localización, localización, localización".
Las inversiones en altos y elegantes edificios, que le dan vuelta en parte, son el producto del aprovechamiento de ese potencial, en el que la vista al mar es su principal elemento.
Crespo considera que ese potencial ignorado por muchos años, ahora despierta la conciencia de su valor y del uso o usufructo que se le puede dar.
Dice que esa vista parcialmente obstruida, se perderá aún más si desde la Avenida Aquilino de la Guardia saldrá el Corredor Sur para hundirse en un túnel que "proteja vista y ruidos y dé vuelta a Paitilla" y por allí hasta Tocumen, lo cual califica de "Ironías del destino".
Las consideraciones del investigador no sólo se refieren a la obstrucción física, sino a la contaminación y el foco de infección que representa y propone como alternativa, construir un gran parque público a lo largo de toda la Avenida Balboa desde el Mercado de Paitilla, con atractivos y comercios, un elegante malecón al mar para la vista y tránsito de recreo, con estructuras imaginativas de una sola planta, dentro de áreas verdes. El proyecto sería un verdadero "Disney World" panameño.
Alerta que es mejor actuar pronto porque un día "podemos amanecer sin vista a la Bahía o hasta sin Bahía".
Aunque parezca alarmante, un estudio de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (1996), determinó que el área es el punto de mayor contaminación dentro del Golfo de Panamá y del país.
Ya en 1991 la Cámara Panameña de la Construcción alertó que el 45 por ciento de la contaminación procedía de las aguas residuales urbanas, por el aumento de urbanizaciones cerca de la costa.
Pero el surgimiento de obras de otra magnitud, agravaron la situación en ese punto geográfico. Obras como la calzada de Amador, que ha incrementado la incorporación de sedimentos fangosos en la mayoría de las playas, específicamente en Panamá Viejo; los rellenos en Punta Paitilla y Coco del Mar; la dársena en el Club de Yates y Pesca, donde se draga gran cantidad de material del fondo marino para rellenar la costa y extender el parque Anayansi y el relleno donde hoy está la base de Amador, son las estructuras con mayores impactos geomorfológicos en la Bahía, según la Comisión Nacional de Medio Ambiente, detalla Ovidio Gómez en su artículo "El Litoral Pacífico en peligro de contaminación", publicado en la Revista Lotería No 423 de 1999.
El desarrollo de modernas obras y elevados edificios en esa parte de la bahía, sin considerar la belleza del paisaje, han creado un complejo problema en la zona, porque le han ocultado a los ciudadanos el acceso a un estilo de vida caracterizado por disfrutar en la jungla de cemento el privilegio de vivir de cara al mar.
El avance de la mano del hombre, que dio al inicio un toque especial al área, puede significar su desaparición.
Pareciera que hubiese cabida parafrasear a Rufino Cuervo en el sentido de que: "El que quiera ver la Bahía que venga, porque se acaba".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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