La desaparición de la niña Mónica Serrano, de quien aún se desconoce su paradero, y las constantes denuncias de intentos de rapto de menores en diferentes áreas del país, mantiene en pie de alerta a la comunidad, que intenta dar una explicación a este fenómeno.
Ante esta situación surgen especulaciones de toda clase. Por un lado hay quienes creen que esto no es más que una red que busca traficar con humanos, mientras que otros más pesimistas hablan de la posibilidad de que se trate del tráfico de órganos, ambas actividades deleznables e ilegales.
En Panamá, hasta el momento, las autoridades no tienen evidencias concretas que lleven a pensar que estamos en manos de estas actividades. Por lo contrario, las normas legales vigentes en esta materia son muy estrictas y los procesos para que pueda darse son tan complejos, que no podría ser posible, sostiene el Dr. Juan Materno Vásquez J., especialista en trasplante renal de la Clínica Hospital América.
Si bien los órganos de los menores en muchos casos pueden ser usados en una persona de edad adulta, por ejemplo, un riñón, en Panamá la ley es muy rígida. Cuando se habla de donaciones vivas se prohíbe que un niño o joven menor de 18 años pueda ser donante de órganos sólidos. Los menores de edad sólo pueden ser donantes en el caso de médula ósea o cuando el niño haya fallecido por muerte cerebral.
El especialista señala que la legislación panameña protege al menor para evitar que alguien quiera utilizarlo como donante de órganos o para la venta, ya que en el país está claro que los órganos están fuera del comercio y no se pueden comprar o adquirir.
Para los especialistas consultados por El Panamá América, la ley panameña se basa en normas de otros países que han tenido experiencia en este tema y es muy rígida para evitar cualquier tipo de manejo irregular o el tráfico de órganos.
Es casi imposible que ocurran hechos irregulares en Panamá porque son pocos los especialistas en trasplante, y tendrían que sintonizarse todos para realizar este ilícito, pues es muy complejo y oneroso realizar un trasplante de forma ilegal. Además, en el país toda donación debe ser altruista y sin ningún tipo de recompensa económica de por medio, ni siquiera cuando se genere en el seno familiar.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), "las partes del cuerpo humano no pueden ser objeto de transacciones comerciales". Sin embargo, en algunos países existe un mercado en el que el organismo humano adquiere un valor desmesurado: se trata del comercio ilegal de órganos y los únicos ejemplos demostrados ocurren en India y China.
En el primer país era legal, hasta 1995, que una persona viva vendiera un riñón a otra. En la actualidad, por las críticas de todos los organismos internacionales de salud, se prohibió la práctica, pero siguen registrándose casos de forma clandestina, según David Rothman, autor de "The international organ traffic".
Según las organizaciones humanitarias, en China siguen ocurriendo casos de venta de órganos de prisioneros ajusticiados. De hecho, de acuerdo con Human Rights Watch de Asia, de 2,000 a 3,000 órganos son extraídos cada año de cuerpos de personas ejecutadas.
César Cuero, Coordinador Nacional del Programa de Trasplantes de la Caja de Seguro Social (CSS), señala que en el país el programa es muy cuidadoso en cómo se realiza esta operación y los procesos que se efectúan para que una persona reciba la donación de un órgano para trasplante.
Explica que los trasplantes se realizan de dos formas: de un donante vivo, que es una persona saludable, o un donante cadavérico, que es un paciente que llega con una muerte cerebral al hospital. A esta persona se le practica una serie de exámenes de laboratorio y luego se cumple con los procedimientos de ley para certificar su muerte cerebral. Se localiza a los familiares para solicitar los órganos y una vez que todos estos requisitos son cumplidos, se le lleva al salón de operaciones para hacer la extracción del órgano.
Para el profesor Alejandro Vernaza, jefe del Laboratorio de Trasplante de Organos de la CSS, esta unidad es responsable de establecer los estudios en la búsqueda del donante más compatible con el receptor, en una lista de espera cuando se trata del receptor de donante cadavérico, e igualmente los estudios a los grupos familiares emparentados cuando se busca un donante genéticamente compatible con el receptor.
Este centro no sólo está dedicado a los estudios de compatibilidad para trasplante o injerto renal, sino que es el laboratorio nacional de todos los estudios de tipificación para los programas de injerto de medula ósea que se realizan en otras unidades hospitalarias como el Instituto Oncológico y el Hospital del Niño.
En Panamá los donantes vivos se encuentran más entre hermanos, madres a hijos y de padres a hijos. También la ley es específica en lo que respecta a los donantes vivos, pues sólo podrán hacerlo los familiares que se encuentren en el primer grado de consanguinidad, es decir, que sólo los padres, los hijos o los hermanos pueden donar órganos.
Únicamente en casos especiales se puede permitir el parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad como primos hermanos, pero no así los esposos que se encuentran el primer grado de afinidad, ni mucho menos el trasplante de donantes vivos no relacionados, como amigos o amistades.
Además, no todos pueden ser donantes. Por ejemplo, para considerar que un cadáver sea donante, debe reunir ciertas condiciones. Primero, es necesario el reconocimiento del cuerpo, pues no se puede tratar de un cuerpo anónimo y por ello se exige que fallezca en el hospital; conocer las circunstancias que rodearon su muerte y, principalmente, tiene que haber sido producto de un trauma o lesión del sistema nervioso central. Este proceso cierra aún más la posibilidad del tráfico de órganos.
El que decide las donaciones es un grupo de especialistas que atiende a los pacientes, hace el diagnóstico y ubica al paciente en los programas. También hay un grupo médico integrado por psiquiatras, quienes evalúan los casos para determinar si la persona está en condiciones de calificar para un trasplante. Reciben el apoyo de psicólogos clínicos, trabajadores sociales y enfermeras coordinadoras de trasplantes, mientras que la parte quirúrgica está a cargo de urólogos especialistas en trasplantes, cirujanos cardiovasculares, quienes asisten en casos especiales, y enfermeras quirúrgicas especializadas.
El proceso se inicia una vez encontrado un donante potencial, que generalmente se detecta en las salas de cuidados intensivos. Se realizan exámenes como el HIV, hepatitis, tipaje, se examina si hay infecciones, si tiene tatuajes, ya que una persona con marcas se descalifica inmediatamente, pues éstas pueden haber infectado a la persona, principalmente, por hepatitis.
Excluidas todas las causas que puedan descalificar a una persona, se espera, sin influenciar en los médicos tratantes, la certificación de la muerte cerebral (ellos deben desconocer que su paciente es visto como un potencial donante).
La alarma se activa cuando se le avisa a la enfermera coordinadora de trasplante que hay un paciente en muerte cerebral, o sea, que se ha producido el cese irreversible de las funciones del tallo cerebral, lo que indica que esa parte del organismo ya falleció, antecediendo el paro cardio-respiratorio.
Este diagnóstico lo tiene que hacer un profesional idóneo o un neurocirujano que no participe del programa. La ley exige la certificación de dos profesionales con seis horas de diferencia cada uno, la primera por un neurocirujano y la segunda por un intensivista, paso que no se puede obviar ya que para cualquier trasplante se asegura que existan las dos certificaciones. Tras el momento de la muerte cerebral, entre 24 y 48 horas es el tiempo justo para poder utilizar sus órganos, siempre que no tengan un foco infeccioso.
En Panamá los trasplantes de órganos los realiza esencialmente la CSS. Aún cuando hay hospitales privados que califican para realizarlas, solo tres trasplantes se han efectuado afuera.
Actualmente existen unos 400 pacientes en diálisis, de los cuales el 60% esta en espera de un riñón y no se ha cuantificado lo de los pacientes de hígado. Aunque se va a iniciar el programa de hígado y corazón, todavía no hay fecha fija.
De acuerdo con los datos oficiales de la CSS sobre el programa de trasplante renal, un paciente que va tres veces a la semana genera un gasto de 35 mil balboas al año y un paciente al que se le ha trasplantado exitosamente un riñón, le representa a la institución unos 8 mil balboas al año.
Puede que en un futuro -aún lejano, según los expertos- sea posible crear órganos en laboratorio, con lo que el precio del cuerpo humano disminuiría mucho. Científicos de las universidades de Wisconsin y Baltimore, en Estados Unidos, han logrado cultivar en laboratorio células procedentes de embriones humanos que, bajo ciertos estímulos, se transforman para producir tejidos adultos, como músculos, huesos, cartílagos, piel, tejido nervioso y del tubo digestivo.
De momento, no se puede producir órganos, pero esto supondría una gran ayuda para reparar los que estén lesionados. Sin embargo, aún no se puede "dirigir" a las células para que se conviertan en el tejido que se desea y el uso de embriones humanos suscita fuertes controversias.
En algunos países siguen existiendo casos de compraventa de partes del cuerpo y diversos investigadores han calculado lo que se llega a pagar en el mercado negro por un órgano o un trasplante. Según estos investigadores, una porción de piel proveniente del interior del estómago o las piernas de prisioneros ejecutados en China cuesta unos $1,600.00.
En los sitios donde la sangre es pagada, el costo base puede ser entre $34 y $68 dólares por unidad. Sin embargo, según un artículo de "Discover Magazine", se sabe de algunos casos en los que personas que cobran por su sangre han llegado a ganar hasta $500 dólares por cada donación. A pesar de que el trasplante de intestino aún presenta muchos problemas de rechazo, en el mercado negro de Hong Kong, según los rumores, se puede comprar uno por $400 mil dólares.
En Nueva York dos hombres fueron acusados de vender córneas de prisioneros chinos ejecutados a $4,800 dólares el par. Y en Bombay han alcanzado un precio de 1,600 cada una. Según otras informaciones, se han dado casos en los que una córnea ha llegado a costar $4,000 dólares. En Bombay, según la revista británica "Stuff", se puede llegar a pagar unos $23,000 dólares por un corazón, e incluso se practican transplantes que cuestan unos 154 mil dólares.
Esta misma revista asegura que en India se hacen trasplantes clandestinos de hígado por unos $80,000 dólares, de los cuales 8,000 corresponden al precio del órgano. Según rumores, la Tongjo University of Medical Sciences de China ha cobrado por realizar trasplantes de órganos a occidentales. El precio de un trasplante de pulmón está cerca de los $127,000 dólares, de los que sólo $6,700 corresponderían directamente al órgano.
De acuerdo con el artículo de David J. Rothman, en India se llegan a pagar entre $2,500 y $4,000 dólares por un riñón, de los cuales el donante recibe sólo unos $1,000 ó $1,500 dólares.