Nación

Secuestro de niños, una amenaza mundial


Nunca podrá olvidar el ama de casa XX los minutos de espanto que vivió en un supermercado de la ciudad de Panamá cuando desapareció su hija que iba en la carretilla de las compras. En los segundos que demoró en coger un paquete de cornflake la niña se hizo humo. Corrió a la puerta principal y pidió a los agentes de seguridad que la cerraran. Su hija no aparecía por ninguno de los pasillos y temía un rápido secuestro. Fueron al baño de hombres y luego al de damas. Detrás de la última puerta del baño de damas, dos mujeres desconocidas tenían a la niña. Ya le habían cortado el cabello y cambiado la ropa. Los hombres de seguridad detuvieron a las desconocidas y la desesperada madre recuperó su niña.
Verídica o falsa, la historia del frustrado rapto circuló por internet y paralizó el corazón de las panameñas que leyeron el mensaje. Ya hay razones sólidas para tomar más en serio las historias de secuestros de menores de edad en este país. Desde el 7 de febrero se desconoce el paradero de Mónica Milagros Serrano García, de un año y siete meses de nacida, cuando jugaba con sus primitos en el patio de la casa de su abuela, en Las Colinas de Loma Bonita, Arraiján.
No muy lejos de Loma Bonita, Lysyany Castillo, de 12 años, fue amenazada por dos sujetos de tez oscura que, cuchillo en mano, la amordazaron con cinta adhesiva y luego se la llevaron caminando hacia la barriada Valle del Sol, a unos kilómetros de su residencia en Peñas Blancas. Lysyany escapó en un descuido de sus raptores, según narró a su madre, quien había ido a la sede policial de Arraiján, alarmada por su desaparición.
En La Chorrera, un menor de 5 años estuvo a punto de ser raptado el martes 11 de marzo en el estacionamiento del Supermercado El Pueblo por un mozalbete que intentó meterlo en un Mazda azul donde iban dos mujeres. En Coclé, Eliécer Joel Lorenzo Martínez de un año y medio desapareció el 7 de enero y no se le ha vuelto a ver, aunque se ha encontrado una osamenta de niño que se teme sea parte de sus restos. Y en Chiriquí, historias de niños desaparecidos o salvados de secuestros se han repetido en Llano Grande Arriba de Las Lomas, donde un pequeño de año y medio iba a ser plagiado por un hombre y dos mujeres que se hacían pasar por funcionarios del Ministerio de Salud y otros niños estuvieron a punto de correr la misma suerte en Los Tecales, en Pueblo Nuevo de Puerto Armuelles y en el corregimiento de Santa Cruz, en el distrito de Renacimiento.
¿Qué buscan los secuestradores? ¿Qué destinos iban a darles a los niños? ¿Extirparles los órganos para venderlos en un siniestro mercado negro? ¿Sacrificarlos en ritos satánicos, como sucedió años atrás en Changuinola? ¿Darles consuelo a familias sin hijos?
No hay respuestas oficiales para éstas y otras preguntas más estremecedoras. Dos niños desaparecieron en Arraiján y Chiriquí, pero la policía aún no tiene pistas de los raptores y sus móviles secretos.
El mundo entero vive una ola de secuestros de niños y hay familias en Estados Unidos, Francia, Italia, Bélgica, Brasil, Argentina, que no se reponen de la pesadilla. La repentina aparición de la rubia adolescente Elizabeth Smart, raptada nueve meses atrás de la alcoba de un hogar de mormones, que reside en las colinas de Utah, sacudió a la opinión pública norteamericana. Al parecer, a Elizabeth le lavaron el cerebro porque no hizo ningún intento de huir en todo el tiempo que convivió con la familia encabezada por una especie de profeta religioso medio demente.
Los mormones recibieron a Elizabeth en medio de plegarias porque habían perdido la esperanza de encontrarla con vida. Sus suposiciones funestas se basan en que, de acuerdo al National Center for Missing and Exploited Children ( NCMEC) , cada año entre 200 a 300 niños son secuestrados de sus hogares o de la calle y 50 a 150 son asesinados. A menudo son los propios padres envenenados por divorcios o separaciones de sus cónyuges los que se llevan a sus hijos. De los 700 mil niños reportados ante las autoridades policiales como perdidos en el 2001, solamente un minúsculo porcentaje fue ejecutado por elementos ajenos a las familias. El 94% de los niños regresó a sus hogares. Aunque decrece el porcentaje de secuestros por oscuros móviles, la NCMEC ha emprendido una campaña para educar a los niños y a sus padres para prevenir los secuestros.
"Debemos estar preparados para saber qué hacer en caso que se presente la eventualidad de la desaparición de un niño", recomienda Ernie Allen, presidente de la NCMEC. Para evitar el doloroso trauma de un secuestro, los familiares de los niños deben encontrar soluciones a las preguntas siguientes: ¿Sabe Ud. dónde están sus hijos, particularmente las niñas?; si van a estar solos en algún momento ¿hay seguridades para ponerlos a salvo de actos ilícitos?; ¿sabe Ud. en qué compañía están sus hijos?; ¿habla Ud. con sus hijos abiertamente sobre cómo evitar que se le acerquen personas extrañas o que un conocido llegue a ellos con intenciones inusuales?; ¿verifica Ud. el lugar donde van a ir sus hijos?
Internet es una herramienta eficaz para educar a los niños y los padres en situaciones desesperadas como un rapto. La NCMEC se ha unido a clubs de muchachos y muchachas para que aprendan a usar las computadoras para intercomunicarse con sus padres y sus familiares en estos casos de apuros e impedir que accesen a webs site de pornografía.
Por otro lado, las familias que han creado asociaciones para ayudarse en la búsqueda de niños perdidos en países como Argentina, Brasil y México llevan la delantera en esta clase de apoyo que no existe en Panamá debido a que los secuestros de menores corresponden a fechas recientes.
Julissa fue sometida ayer a una intensa evaluación psiquiátrica. En el pasado fue atendida en el Hospital del Niño por problemas de conducta. Cuenta su madre que cuando tenía cinco años la atendieron en ese centro y le dijeron que era hiperactiva. Sobre su conducta cuando niña, la madre advirtió que Julissa tenía una facilidad para decir mentiras, motivo por el que empezó a sospechar que mentía sin demora, sin dudar.
La directora del Departamento de Salud Mental del Hospital del Niño, la Dra. Nilda Santamaría, dijo que no existía el expediente de la joven porque ella acudió hace 15 años y el hospital cuando los pacientes no se mantienen activos y pasan la mayoría de edad elimina los expedientes. "Los expedientes no se guardan tanto tiempo", dijo la doctora.
La madre de Julissa cree que la amenazan y por eso dice cosas que no le convienen. "Ella me dijo allí delante de la fiscal: Mamá, tú no sabes la presión que yo he vivido. Está la vida tuya y la de mis hermanos. ¿Habrá una persona que me la amenaza, estará encubriendo a alguien?, se pregunta la madre.
Sobre la angustia que viven los padres de Mónica dijo que entiende su dolor porque si su hija ya es adulta y ella sufre, cómo si Mónica es una bebé. Aunque soy su madre no le voy a tapar nada porque si ella tiene que ver algo en ese asunto y tiene que pasarse 15 ó 20 años encerrada que se quede, pero no vale una injusticia


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América