Nación

"Señora, lléveme al 5° piso, por favor"

Paciencia y tolerancia caracterizan a una mujer que pasa inadvertida.


NO SE RINDIÓ ante las dificultades. Un ejemplo de lucha y superación digno de admirar es sin duda el que vive a diario Virginia Sanguillén, una señora de 54 años que todos los días se levanta a las 3:30 de la mañana, para ir a trabajar a las 6:00 de la mañana como ascensorista en la Caja de Seguro Social, en la Transístmica.
Con más de 10 años de trabajar en la institución, la señora Virginia nos cuenta que este trabajo requiere de mucha paciencia y tolerancia, ya que son muchos los casos que le ha tocado presenciar en los que ha necesitado de estas cualidades para poder sobrellevar la situación.
Además, señaló que entre los casos más frecuentes que se dan para una ascensorista, son las emergencias de partos, la impaciencia de muchos asegurados, que a veces la tratan mal, incluso por haberse quedado atascados varias veces en los mismos. Por otra parte, indicó que le fue difícil aprender este trabajo, debido a que le daba miedo, ya que su esposo murió precisamente reparando un ascensor.
Fue su temor más grande enfrentar la situación, pero debía superarla, pues sus hijas estaban en la escuela secundaria y tenía que velar por ellas. Luego de un mes de entrenamiento, que fue muy duro para ella, porque luego que terminaba sentía que todo le daba vueltas y que se caería por cualquier parte, aprendió a manejar el ascensor. Aprendió los diferentes cambios y se encontraba lista para ayudar a las demás personas, cuyos temores son iguales a los de ella. Acotó que estas personas al verla se sentían más tranquilas y seguras de utilizar el ascensor antes que las escaleras.
A Virginia Sanguillén sus compañeros la definen como una mujer luchadora que no se ha dejado vencer por las dificultades, y que ha logrado sacar su familia adelante, pues una de sus hijas está a punto de graduarse de Mercadeo en la Universidad de Panamá.
Hoy en día disfruta su trabajo y da todos los días mil gracias a Dios por haberla ayudado, y por premiarla con el don de la paciencia para atender bien a todas las personas, aunque señala que nunca olvidará el día que una joven minusválida la insultó terriblemente por no querer llevarla a la planta baja, cuando ella se dirigía al noveno piso del hospital. Indicó que le dolió tanto que la trataran así, pero sencillamente se contuvo porque era una persona enferma.
Ahora sigue su vida tratando de ayudar a los demás y aconseja a todas las personas desempleadas que no se desesperen y que busquen la manera de seguir adelante por muy difícil que sea la situación en la que nos encontremos.


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183096
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América