No hay barreras que hoy día las mujeres no hayan superado. Ni siquiera ser madre es un impedimento para desempeñarse en puestos en los que tienen bajo su mando a compañeros varones.
Este es el caso de Itzbeth de Julián, quien a sus 38 años de edad es, además de madre, una de las 6,687 mujeres que trabajan en el sector de la construcción.
Ella es tecnóloga industrial y, aunque su profesión le exige estar en las áreas donde se desarrollan las obras, supo compartir la maternidad con su trabajo.
Empezó trabajando hace cinco años en la Cinta Costera 1 como asistente de calidad, ha trabajado en la segunda y tercera fase de este proyecto, en el que descubrió hace dos años que iba a ser madre, entonces ya se desempeñaba como supervisora de calidad.
Así como el puesto que ocupa le exige estar pendiente de los mínimos detalles para asegurarse de que las obras tengan la calidad requerida, de la misma manera lo está de su pequeña hija.
Al levantarse todos los días, sigue un cronograma. “Yo me levantó y lo primero que hago es lavar mamaderas y dejar todo listo para la beby”, expresó Itzbeth.
Se considera una persona organizada que, cuando se enteró de su embarazo, se preparó psicológicamente para desempeñar ambas tareas, sin dejar de atender a su pequeño retoño. “Yo soy de las personas que se programan. Yo me preparé para ese momento para que no fuera tan difícil”, acotó.
Recuerda que para ese tiempo estaban en el periodo de transición de Cinta 2 a Cinta 3 y, aunque en el trabajo siempre los jefes fueron comprensibles, ella pedía salir a campo, así fuera un ratito para hacer sus labores con toda y su barriga.
Organización es la palabra clave de esta joven para ser madre y trabajadora a la vez. “Yo trato de hacer mi trabajo en el tiempo, de 8:00 a.m. a 6:00 p.m., y en caso de que salga después de las 6.00 p.m., trato de llegar más temprano”, resaltó.
Luego de soltar el casco y las botas, al llegar a casa reaparece la figura de la madre. Cuando son las 8:00 p.m. su hija la espera despierta, porque como dijo, “ella no se duerme hasta que llegue”. Es entonces cuando empieza el nuevo rol y le toca el turno de jugar, bañarla y prepararla para irse a la cama.
Al llegar el fin de semana, el domingo es el día consagrado a su hija, el que se dedica a hacer todos los quehaceres, contó.
Itzbeth también trabajó por cuatro meses en un proyecto en Libia -en 2009- donde, a pesar de la cultura, se sorprendió de que los muchachos que tenía a su mando la aceptaran y siguieran sus órdenes al pie de la letra. “Atrévanse a ser algo por ustedes mismas, porque lo que nosotros somos hoy en día es lo que motiva a nuestros hijos a ser algo en un futuro”, es su consejo en este Día de las Madres a todas las mujeres.