Erteva, una mujer de 32 años a quien se le da este nombre ficticio para guardar su identidad, recuerda la vida que dejó atrás al lado de su compañero por 11 años, quien pasó a convertirse, según sus propias palabras, en su peor enemigo. Ella fue criada en un hogar donde el maltrato era frecuente en los 35 años de duración del matrimonio de sus padres. Su madre se excusaba constantemente ante ella haciéndole ver que lo que sucedía era normal. Para Erteva, su preocupación porque sus hijos no vivan lo que ella vivió al lado de sus padres, la impulsó a querer salir de una relación peligrosa.
No fue hasta terminar esta relación que pudo darse cuenta de sus problemas de autoestima, depresión y de inseguridad para lograr independencia económica. Erteva tomó la decisión de buscar ayuda a sus problemas hace ya un año. Después de contar con los consejos legales de una amiga, decidió romper un silencio de 11 años y denunció a su pareja ante la corregiduría correspondiente. Ahora admite que su vida es mucho más tranquila.
Admite que su pareja no cambió en un día, sino que se comportaba cada vez más violento y que las señales comenzaron antes de casarse; con la constante acusación de infidelidad, a lo que le siguieron los gritos. Para esa época ella no se consideraba una mujer maltratada, hasta su segundo año de matrimonio, en el que las acusaciones, insultos y amenazas pasaron a convertirse en golpes.
CIFRAS
El maltrato es muy común en los países latinoamericanos, donde casi el 60% de las mujeres en relaciones de pareja, son maltratadas por sus compañeros, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Las formas de maltrato, según la OPS, no se limitan sólo a la agresión física. Son consideradas señales de violencia doméstica, las malas palabras y la presión psicológica. La OPS identifica como manifestaciones de maltrato psicológico, el abuso verbal que acaba por ridiculizar y humillar a la persona.
Otras formas comunes de maltrato psicológico son la intimidación con miradas o gestos y las amenazas de muerte o suicidio y el alejamiento de los hijos. El informe de la OPS se refiere también al abuso económico, caracterizado por un control excesivo de las finanzas, recompensas o castigos monetarios y el más común, el impedimento a trabajar, aunque esto sea necesario para la economía del hogar.
PREVENIR ANTES QUE LAMENTAR
Actualmente, la Dirección Nacional de la Mujer (DINAMU), del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia (MINJUMFA), adelanta la creación de un plan integral de acción contra la violencia intrafamiliar y políticas de convivencia, junto con organizaciones no gubernamentales. El plan de acción está basado en tres investigaciones sobre el costo que acarrea la violencia al Estado, una encuesta para determinar la cantidad de víctimas, y un diagnóstico de programas de prevención y control de la violencia tanto estatales como de la sociedad civil. Para Elia López de Tulipano, directora de la DINAMU, no existen estadísticas que comprueben el índice de casos de violencia intrafamiliar; sin embargo, sí se puede hablar de un aumento en la cantidad de denuncias.
Abordar exclusivamente el problema de las víctimas sólo resolvería la mitad del mismo y la otra parte quedaría sin ser atendida, señaló. Cada año, el Estado destina recursos económicos para la atención de las víctimas en materia jurídica y de salud. A éstos se suman los gastos para la educación y prevención, con el propósito de evitar la violencia doméstica, agregó López de Tulipano.
Para Elia de Tulipano, de la DINAMU, en la prevención de la violencia intrafamiliar, la sociedad, a través de la educación, debe trabajar en conjunto para revertir sus efectos. Para Tulipano, lo más importante es la detección de los signos de la violencia, para saber identificar cuándo una conducta frecuente, como los gritos, pasa a ser considerada como maltrato.
ATENDIENDO EL MALTRATO
En Panamá, el Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada (CAMM) ha atendido, en sus siete años de fundación, aproximadamente 15 mil casos de maltrato doméstico y hostigamiento sexual. Esta organización no gubernamental, fundada en 1994, cuenta con programas de atención a las mujeres que sufren violencia doméstica, incluyendo la orientación a las víctimas de maltrato, asesoría legal y terapia familiar.
El Grupo de Apoyo, como parte de los servicios ofrecidos por el CAMM, pone a las víctimas en contacto con personas con casos similares de violencia doméstica para que comprendan que no están solas. El grupo ha atendido aproximadamente 2,500 mujeres entre los años 1999 y 2000; mientras que en los cuatro primeros meses del actual, se han sumado 152 casos más. El CAMM recomienda a quienes sufran maltrato, que llamen a la línea de auxilio doméstico (221-6252), para hablar con un consejero y planificar por adelantado lo que se va a hacer en caso de nuevos ataques.
PROTECCION LEGAL
El Estado panameño ha dictado la Ley 27, de junio de 1995, que tipifica los delitos de violencia intrafamiliar y maltrato a menores, para ofrecer atención primaria al fenómeno. A partir de esta ley, ha habido un gran avance en Panamá, de acuerdo con Ernesto Ventura, asesor legal del CAMM. Para el abogado, se puede hacer uso de ella, recurriendo a las corregidurías a interponer las denuncias, pues estas instancias deben recibirlas y enviarlas a la fiscalía de familia de turno.
También la persona puede recurrir a la recepción de denuncias de la Policía Técnica Judicial (PTJ) o a las personerías que existen en todo el país, a las clínicas particulares o privadas o a cualquier hospital para que sea debidamente examinada, señaló Ventura. Todos los hospitales del país, de acuerdo con el asesor legal, están obligados a contar con formularios que deben llenar funcionarios de la institución, para darle seguimiento a las estadísticas a fin de determinar la cifra exacta de mujeres y hombres maltratados en Panamá.
La Ley 27 impone sanciones de 6 meses a un año a quienes incurran en este tipo de delitos, con medidas de vigilancia a las que la persona debe someterse; además de acudir a centros de atención que el juzgado le asigne para que se regenere, agregó Ernesto Ventura. Una iniciativa legislativa que reforma la Ley 27, significa, de acuerdo con Ventura, grandes avances ampliando el tipo de víctimas de maltrato que pueden acogerse a esta ley.
Anteriormente, aplicaban sólo las familias constituidas y las uniones con más de cinco años, sin considerar a un grupo considerable de personas en parejas que también sufren maltrato, según el jurista. Con las reformas a la ley, indicó Ventura, las relaciones estables de un año serán amparadas; inclusive las relaciones ya terminadas en que uno de sus miembros aún continúe maltratando de alguna forma al otro, también serán consideradas. Esta ley acogerá a las llamadas "queridas" que sean maltratadas.
Para el asesor legal, más del 90% de las denuncias de maltrato resultan ser ciertas y se reafirman luego con el informe del médico forense. El asesor del CAMM señala que existen diversas formas para corroborar las denuncias de maltrato, como es el diagnóstico de medicatura forense, cuya realización es tanto física como psicológica, por lo que resulta imprescindible procurarlo.
La Ley 27 protege a los hijos de hogares en los que existe violencia doméstica. Determina que toda persona que sepa que algún miembro de su familia maltrata a un menor, tiene la obligación de informarlo a las autoridades, de lo contrario puede ser sancionado hasta con 6 meses de cárcel. El servicio de asesoría legal del CAMM orienta a las víctimas de violencia acerca de lo que deben hacer y en qué leyes pueden ampararse, para hacer efectiva la razón que tienen y para que aprendan a hacer uso de sus derechos.
IDENTIFICANDO EL MALTRATO
La organización Mujeres en Red, destinada a brindar apoyo a mujeres maltratadas en países de América y Europa, afirma a través de Internet, que la agresión física es la última fase de la violencia doméstica. Para el organismo internacional, el abusador presenta un patrón de comportamiento que puede dar señales de su posterior conducta agresiva.
Las señales más frecuentes que el abusador presenta, según el organismo de apoyo, es la persecución en todo momento, la acusación constante de infidelidad, la oposición a relaciones de familia y amistades con su pareja.
Entre las señales importantes está la prohibición de trabajar o estudiar, la critica por cosas pequeñas, el controlar excesivamente las finanzas, la humillación delante de otras personas, la destrucción de propiedad personal u objetos de valor sentimental.
Las señales finales del proceso son los golpes como bofetadas, patadas o mordidas a la pareja o a sus hijos y la constante amenaza y el uso de armas.
Mujeres en Red señala que parte del poder de quien comete violencia doméstica, es el secreto que guarda la víctima. A menudo las víctimas sienten vergüenza y no desean que nadie se entere de sus problemas íntimos familiares.