La nueva reforma al Código Procesal Civil, que adelanta el Órgano Judicial, busca reducir los tiempos para resolver un caso, que toman en promedio 10 años.
El objetivo es bajar el proceso a tan solo dos años o dos meses.
Esto será posible porque se permitiría al juez, en una audiencia oral, preguntarle a las partes si están en capacidad de conciliar. De ser así, los enviaría a un centro de mediación para acabar con el conflicto.
Con ello, solo sería contabilizado el tiempo de la presentación de la demanda por escrito y la respuesta a la misma, que dura dos meses aproximadamente.
Sin embargo, si las partes no llegasen a una conciliación, se fijaría la fecha para la práctica de pruebas y alegatos, que toma ahora un año o un año y medio y el expediente quedaría paralizado.
Dos años para un caso
Si el proceso continúa, los abogados tienen un periodo de dos meses para presentar incidentes y exenciones, que se derimen en la audiencia preliminar, en la que se sanea el proceso y se admiten o no las pruebas.
En la actualidad, el juez reconoce las exenciones hasta la sentencia, que puede demorar tres años.
Posteriormente, se da la audiencia de fondo, en la que el juez practica las pruebas, pero puede delegar estas funciones en la figura del “juez de prueba”.
Hay que tomar en cuenta la cantidad de audiencias que se suspenden y que luego terminan con fechas distantes.
Cuello de botella
El magistrado de la Corte Suprema Alberto Cigarruista expresó que han identificado que el “cuello de botella” es el juez, ya que firman casi todos los documentos que salen de un juzgado: oficios a los bancos, orden de secuestros de cuentas, embargos de una finca y la comunicación de un remate.
Por ello, trasladarán funciones a los secretarios de los jueces y también crean la figura del “juez de prueba”, que se encargará de hacer pruebas, evitando que un juez las practique y luego falle.
Agregó que buscan que el juez se dedique a dictar y elaborar sentencia.