Nación

"Sólo Dios evitó una tragedia"en Llano Bonito


La bomba de tiempo que habían denunciado los moradores de Llano Bonito, en Juan Díaz, estalló este martes, a pesar de las constantes denuncias de una explosión debido a la instalación de la Distribuidora Ancón, en esta área residencial.
"Sólo la mano de Dios impidió una tragedia", exclamó una preocupada moradora de las áreas residenciales que colindan con el lugar del siniestro.
Pero ayer el silencio de las autoridades matizó el ruido de las explosiones que aterrorizaron a los más de 600 residentes de la cuadra la noche del martes. Sólo el Cuerpo de Bomberos reveló que las explosiones se debieron a una fuga cuando se trasegaba líquido inflamable.
El Panamá América trató de contactar al director del SINAPROC, vía telefónica, y no fue posible. Igual al administrador regional de la Autoridad Nacional del Ambiente, Darío Arrue, pero estaba incapacitado.
Se desconoce el tipo de permiso que tiene la empresa, localizada en una zona residencial donde hay viviendas, comercios y tres edificios de apartamentos, cuyos residentes estaban ayer aún asustados, frustrados porque ninguna autoridad se acercó para saber de su suerte, y alarmados por los líquidos inflamables que se filtraron en una quebrada lateral a los edificios Villa Norma 1 y 2, y La Paz.
En un recorrido por el área, El Panamá América observó cómo la quebrada, rodeada de matorrales, estaba llena de un líquido espeso, negruzco y con un olor penetrante, estancado en su curso por unas bolsas con arena.
El temor de nuevas explosiones y la falta de respuesta de las autoridades, llevó a los moradores a narrar sus experiencias y a advertir que iniciarán una cruzada para que sus denuncias sean escuchadas.
El horror.- El martes, niños discapacitados, recién nacidos, infantes adultos mayores, mujeres y hombres con pequeños en brazos vivieron el horror de las explosiones en serie.
Solo la mano Dios impidió una tragedia. La explosión se dio en forma vertical, una masa de fuego en forma de hongo se elevó, y no se expandió porque sino ni los mosquitos hubieran quedado, aseguró Ana María Rodríguez, cuya casa la separa una cerca de ciclón y zinc de la distribuidora.
Sus gritos de ¡Auxilio, auxilio!, siguieron a los estallidos de los cisternas y tanques cargados con combustible que estremecieron su vivienda .
Ana bañaba a su perro en ese momento. El terror la invadió porque tiene dos tanques de gas licuado y al ver cómo se elevaba el fuego hacia el cielo, solo pensó en pedir auxilio y alertar a los vecinos para que llamaran a los bomberos.
Al revivir los hechos, su cuerpo, las lágrimas en su rostro y la entonación de su voz, recrearon, en parte, su desesperación.
Mientras Ana relataba, sus vecinos constataban la versión y demostraban su decepción por lo que habían advertido ante los bomberos de Juan Díaz, el centro de salud del lugar y el SINAPROC.
Igual hizo su hermana María Cecilia Rodríguez, quien dijo que no sólo los cisternas se estacionaban y se lavaban sino que se extraía combustible y se pasaba a tanques. Sostiene que llenó documentos en la ANAM y en el centro de salud para que hicieran una inspección, que hasta la fecha espera.
Dijo que en una ocasión llamó a los bomberos porque un piedrero quiso entrar y éstos vieron los tanques y no hicieron nada.
Su sorpresa fue grande cuando tres días después, los bomberos, con una sierra, cortaron un árbol que se había secado. "El hermoso árbol de marañón curazao ahora es un tremendo esqueleto viviente parado, igual los palos de naranja y el piso está lleno de aceite y de gasolina", afirma María Cecilia.
Considera que este tipo de negocios es una bomba de tiempo y no se deben aceptar en un sector residencial y necesitan que se les preste atención porque sus vidas valen mucho.
Ana María teme por los tanques que aún están allí y porque hace dos meses denunció que sus árboles se están secando por los efectos del combustible que se filtra y hasta la fecha no han hecho nada.
Carmen González, otra residente, con su niño en brazos de un año comenta que luego de las explosiones empezó a sentir dolor de garganta y botó sangre. Sus tres niños de 8, 5 y de 1 años lloraban y estaban muy nerviosos. Así como ella muchas madres tuvieron que salir con sus niños en brazos por temor a que la fuerza de las explosiones destruyera este deteriorado edificio.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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