Tengo una emoción tan grande, soñaba mucho con este momento, fueron las primeras palabras del pintor panameño Pacífico Castrellón, al llegar a suelo patrio, luego de purgar una condena de 16 años, en Perú, por terrorismo.
Visiblemente emocionado y sollozando se limitó a decir: “Sólo quiero abrazar a mi madre...” y ambos, con lágrimas en sus rostros, entrelazaron sus cuerpos por varios minutos.
Las lágrimas eran incontenibles entre los familiares. Incluso, aquellos que no sabían qué pasaba y se toparon con el encuentro en la terminal aérea, fueron afectados por la emotividad del momento.
Hermanas, hermanos y sobrinos no paraban de abrazar a Castrellón, quien al ser cuestionado sobre lo sucedido en Perú, afirmó que “es un capítulo cerrado... ya quedó atrás”.
“Viví una expectativa muy grande, pensaba mucho en este momento, he pasado años pensando en esto”, expresó con voz entrecortada Castrellón y agregó que “en mis pinturas lo añoraba”.
Así lo demuestran sus obras, una fechada en 1999, que denominó “Desde la oscuridad” y otra, “Una ventana a la libertad”, que son muestras de lo que vivía en el penal de máxima seguridad Miguel Castro.
“Voy a trabajar, a rehacer mi vida... eso es lo que voy hacer, pienso seguir pintando y montaré una exposición en Panamá”, añadió.
Para Castrellón, a pesar de ser un momento importante y de gran felicidad, también hay dolor, porque dejó en Perú a sus hijos. Una niña de nueve años y un pequeño de cinco, junto a su compañera, a quienes espera traer al país en diciembre.
He orado mucho.En mis oraciones nunca faltó la petición para poder tener a Pacífico de vuelta, y le doy gracias a todo el pueblo que apoyó y a muchas personas que siempre nos ayudaron, relata Doña Isabel Castrellón, madre del pintor.
A Papito (como lo llama su familia) lo esperaba la típica comida nacional: arroz con guandú, plátano en tentación, ensalada de papas y verde, puerco, carne y no faltó el flan.
Deuda de gratitud.Contaba los días cuando iba a visitarme el Embajador de Panamá en Perú (todos los que estuvieron durante mi condena, Linares quien me vio llegar y salir y Roberto Díaz Herrera), porque eran mi contacto con mi familia, con Panamá y el mundo, me entregaban cientos de cartas” y lo agradezco mucho, recuerda Castrellón.