Berlín.- A pesar de las declaraciones oficiales de solidaridad con Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo internacional, algunas cancillerías europeas, al igual que destacados académicos a nivel mundial, se muestran nerviosos ante el repiqueteo de los tambores de guerra que acompaña la política exterior del equipo del presidente George W. Bush.
Los portavoces de la Casa Blanca y el departamento de Estado insisten que "nuestros aliados" permanecen fieles a la posición estadounidense, pero en las cancillerías de Europa y Latinoamérica cunde la impresión de que en Washington "la obsesión con Irak" ha dejado en el tintero las buenas intenciones que Bush tenía para estrechar las relaciones hemisféricas y transatlánticas. En su lugar, el visible cambio de prioridades ha creado "nerviosismo y expectativas", según un veterano diplomático latinoamericano.
Un ejemplo de esta crítica proviene de un antiguo aliado de Bush, el profesor Brian Xiao, experto de la Rand Corporation, de tendencia conservadora de California. Adoptando un lenguaje marcado por una fina discreción diplomática insinuó que la reciente retórica del presidente, es precisamente una ayuda para llevar a Corea del Norte al desarme o tranquilizar a los Europeos que Washington se ha plegado al multilateralismo.
El académico, así como otros comentaristas, señalan que la retórica que emana de la Casa Blanca es resultado directo de la estrategia elaborada por el presidente Bush para cumplir su nueva misión esbozada en la estrategia de defensa nacional anunciada en septiembre.
Esta estrategia, mucho más fina de lo que se suele reconocer, parece estar orientando la acción internacional de Estados Unidos. Según estos observadores, el gobierno de Bush propone tres tareas principales: "defender" la paz, luchando contra terroristas y tiranos; "preservar" la paz, construyendo buenas relaciones entre los grandes poderes; y "extender" la paz, alentando sociedades libres y abiertas en cada continente.