Muchas veces las personas son sorprendidas por altas mareas, las cuales generan fuertes corrientes en las costas del pacífico panameño.
Roberto Velásquez, director del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), afirmó que las marejadas no afectan, si estas no coinciden con torrenciales aguaceros, es necesario ser precavido, ya que puedan aumentar el cauce de los ríos y quebradas.
Por otra parte, en vez de invertir reservas del Seguro Social en acciones, para que sufran la misma suerte del famoso fondo que crearon las privatizaciones, ¿por qué no invertirlas en las obras nuevas del Canal de Panamá a los mismos intereses comerciales que la Autoridad del Canal tendría que pagar?
Además, si hay fuentes de generación de energía comprobadas y actualmente establecidas en casi todos los estados más ricos de Europa, como es la energía solar y la energía eólica (de hélices movidas por el viento), ¿por qué no se empeña la Autoridad del Canal en establecer ese tipo de fuentes de energía a lo largo de todos los territorios que tiene bajo su control además de las áreas intocables que forman su "derecho de vía"?
¿Cuáles son las fuerzas políticas que se opondrían a estas cosas? Locales no pueden ser a menos que sus dueños y sus gerentes sean lo suficientemente imbéciles como para no prever que cada disminución de la capacidad adquisitiva de la población representará una disminución de sus ventas y de sus ganancias.
Hay, además de éstas, otras soluciones, pero de nada servirá mencionarlas si los que toman las decisiones no tienen la capacidad mental para comprenderlas a menos que las hayan leído en los textos de economía o en las revistas de economía a que están suscritos.
Las críticas de los políticos suenan a paja mojada si sólo se limitan a una censura que debilite a los que están en el poder. Si de verdad quieren servirle al país, ¿por qué no se toman la molestia de ponerse a pensar?
Pensar es ciertamente difícil y una facultad que muy pocos tienen, pero allá arriba y entre los que quieren estar allá arriba, debe haber siquiera la capacidad de comprender ideas nuevas como las que expongo aquí, no como poeta, sino como ciudadano preocupado por los cataclismos sociales que nos esperan si no comenzamos a usar la cabeza para otra cosa que no sea el Tricófero de Barry o sus más recientes y más finos sucedáneos.