Llegaron para hacer desaparecer a los diablos rojo, pero el tiempo demostró lo contrario. Ni la comodidad de viajar en aires acondicionados y evitar ser víctimas de accidentes ha sido suficiente para los 730 mil usuarios que se trasladan diariamente en el sistema metrobús.
Podrá haber cambiado el medio de transporte, pero Mi Bus ni con sus más de 1,200 unidades con las que cuenta ha podido, en casi cuatro años de operación, brindar un servicio continúo en las más de 150 rutas en las que opera a nivel del área metropolitana.
El tiempo ha comenzado a pasarle factura a la tecnología Volvo y carrocería Marco Polo. Ahora los usuarios no solo pierden más de los 15 minutos de la frecuencia estimada esperando un metrobús bajo sol o en paradas improvisadas, sino que viajan muchas veces a bordo de un vehículo que, principalmente en invierno, llueve más adentro que afuera. El sistema de aires acondicionado presenta fallas que han sido denunciados por cientos de usuarios y que no se logran corregir.
La inseguridad también ha sido parte de las deficiencias del sistema, donde el manejo desordenado de los buses no se ha quedado atrás y mucho menos la presencia de carteristas, que encontraron como escabullirse para hacer fiesta con lo ajeno. Esto, sin enumerar una serie de detalles que no escapan de la realidad diaria de este sistema, y la que los propios operadores aducen se debe a la falta de mantenimiento por parte de la empresa.
El vocero de los operadores, Antenor Guadamuz, en reiteradas ocasiones se ha hecho eco de los problemas que presentan las unidades, entre estos el caso de los extintores de incendio, donde algunas unidades viajan con estos, pero sin carga, así sigue en la lista el que algunos vehículos tienen los interruptores de aviso de paradas dañados. “Nos damos cuenta porque en el tablero se prende una luz de aviso y así le podemos abrir la puerta a las personas”, contó.
Antes las críticas, la concesionaria (Transporte Masivo de Panamá) responde a las quejas con el argumento peculiar para estos casos. “Mi Bus cuenta con 1,236 buses los cuales reciben mantenimiento preventivo cada 10.000 kilómetros, de acuerdo a estrictos planes, recomendaciones y estándares del fabricante, y por parte de un equipo altamente calificado.
Las escusas no justifican las deficiencias. A Gisela Pascual, quien le ha tocado hacer filas de 45 minutos para esperar un bus, las explicaciones sobran, ella solo reclama un mejor servicio. “Los vehículos están bien deteriorados. Sinceramente, los buses no son nada cómodos”, describió.
No conforme y, aunque haya pasajeros que no tengan nada contra los vendedores ambulantes que, se las ingeniaron para poco a poco mercadear sus productos en los metrobús, aun cuando es considerado como una falta leve estipulada en el contrato con el Gobierno, la proliferación de esta actividad ha crecido sin fiscalización alguna por parte de la concesionaria colombiana.
Ni siquiera la inversión de alrededor $6 millones en la implementación del sistema de control de flotas contribuyó a mejorar el servicio, la herramienta concebida para optimizar la frecuencia y tener una mejor distribución de los buses se ha quedado corta para atender la demanda de los usuarios.
A los usuarios, no les ha quedado remedio que adaptarse al vaivén de la situación, a pesar de la oleada de voces críticas que han llegado al Gobierno, quien negocia la compra de Mi Bus, mientras la población está atrapada en la anarquía de un sistema que no ha demostrado dar la talla, abriéndole las puertas a la piratería.
