Los vecinos del volcán Tungurahua seguirán en sus pueblos "hasta que Dios nos lleve", dijo a Efe, Gerardo Casco, de 86 años, del caserío de Ganzhi, en el cantón Penipe, uno de los más afectados por la erupción del pasado jueves.
Pese a ser conscientes del peligro que supone para ellos el volcán, Casco insiste.
"Aquí no más tengo mi casita y mis animales, y también tengo fe en Diosito, que cuando quiera me llevará. ¿Cuándo?, nunca se sabe", manifestó.
Esta y otras historias abundan en esta región ecuatoriana azotada por la furia del volcán Tungurahua, que el jueves arrojó lava, gases y cenizas sobre poblados, y dejó por lo menos tres muertos, siete heridos, dos desaparecidos y unos 30 mil afectados.
De los 3, 200 rescatados, por lo menos la mitad fue sacada del lugar en medio de la terrible erupción.
"Nos jugamos la vida para sacar, con presión, con amenazas y por la fuerza, a los 1.600 que aún quedaban", recalcó ayer el alcalde Juan Salazar en declaraciones a Efe.
Confió que no siente la presión de los medios de comunicación, aunque algunas veces de forma parca informa sobre los casos, pues necesita que los periodistas, a quienes considera que lo entienden, deben preservar la presunción de inocencia de los sospechosos.
Admitió que realizar el trabajo de jefe de la Fiscalía Auxiliar es una carga bien grande para un solo despacho pero ha sobrellevado días difíciles sin algún tipo de presión, emitiendo sus informes mensuales a la Procuradora de la Nación y laborando con un equipo especializado que coadyuva en las investigaciones preliminares.
De 1981 a 1991, Martínez formó parte del Organo Judicial. Fue asistente del magistrado Fabián Echevers y laboró en la Sala Segunda de lo Penal.
Con su cambio al Ministerio Público, logró ser Fiscal Superior, Anticorrupción y de Circuito.
Se graduó en Derecho en la Universidad de Panamá y tiene un post grado en Ciencias Penales de la Universidad de Costa Rica y de Derecho Penal parte especial en la Universidad de Salamanca, España.