Carlos Mora, rector encargado, indicó que el docente que quisiera entrar lo hiciera; pero por órdenes superiores, Juan Daniel no podía entrar al plantel.
Entre discusiones, los docentes pedían conocer el nombre de la persona que había dado la orden. Mora contestó que era una "orden superior".
Una y otra vez, los profesores exigían que el separado rector entrara al plantel, pero todo fue en vano.
Frente a la negativa de las autoridades, no les quedó otra alternativa que ingresar al plantel sin Daniel.
Otros que no pudieron ingresar al colegio fueron los pocos estudiantes que asistieron.
Notablemente molestos, los jóvenes dijeron que acudieron al lugar, porque se enteraron, por los medios de comunicación, de que las clases se reanudaban. "Y ahora no podemos entrar, eso no es justo", dijeron.
Después de dos horas de estar reunidos a puerta cerrada en la biblioteca del plantel, los docentes señalaron que mantenían su apoyo a Daniel.
Ileana Harper, profesora del plantel, manifestó que la medida es ilegal e injusta.
Acotó que Daniel fue separado del cargo sin pruebas.
Agregó que no entienden la falta de corazón y humanidad del Ministerio de Educación, ya que se le ha quitado del puesto y no le pagarán su sueldo, siendo el sustento de un hogar con niños discapacitados.
De acuerdo con la Ley 38, si en la evaluación social que se hace a las víctimas, se demuestra que la vida de la persona o los hijos de quien hace la denuncia corre peligro, entonces deben las autoridades sacarla de la vivienda, pero insistió en la demora del proceso.
El otro aspecto que indica la Ley, como sanción al agresor, es que él puede optar por recibir un tratamiento, o ir presa por un tiempo determinado.
Generalmente, las personas se acogen al tratamiento, pero este no es integral, pues no existe el lugar apropiado para darlo y terminan asistiendo dos o tres veces como máximo.
La psicóloga Geraldine Emiliani considera que el estrés detona la violencia, porque se genera por la inseguridad en las calles, el transporte ineficiente y las presiones económicas. Estas circunstancias se sienten como amenazas y la persona que lo experimenta reacciona a la defensiva.
Monseñor José Domingo Ulloa considera que el problema de la violencia doméstica se debe a que "se ha perdido el valor de la vida".