Antes quienes deseaban este tipo de receso popular tenían que ir a una fonda, pero ahora las fritangas nos llegan a la puerta de nuestros lugares de trabajo.
La falta de dinero tampoco es un problema, ya que los ingeniosos "chicheros" alimentan a sus comensales a crédito.
Ellos también estudian el mercado y eligen rutas llenas de hambrientos cristianos, y como la competencia es férrea estos negociantes no dudan en dar una generosa ñapa.
El actividad de vender viandas en la calle es dominada por los extranjeros, en especial por los colombianos.
Un chichero exitoso puede facturar hasta B/. 800.00 por quincena.
Si desean pueden trabajar media jornada. En la mañana es cuando más venden. En la tarde el producto que tiene más demanda es una refrescante chicha.
Ante el calor sofocante un paragüita nunca sobra.
Para el comisionado presidente de la CLICAC, el consumidor panameño ha madurado mucho, pues ha empezado a quejarse. Recordó que antes, cuando no existían, nadie se quejaba y en el comercio hacía con el consumidor lo que quería. Incluso, detalló, que aún cuando el consumidor tenía la razón, resolvían la queja "como si le hicieran un favor", a pesar de tratarse de un derecho del usuario y un deber del negocio.
Consideró que dentro de este proceso, los negocios también han mejorado, se han dado cuenta que atender los reclamos del consumidor y darle la mejores informaciones a los consumidores es una de las mejores herramientas de mercadeo.