El candidato a la Presidencia por el opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD), Martín Torrijos, se mostró preocupado por la flexibilización de las normas preestablecidas con lo relacionado a la apertura de libros de inscripción porque esto podría beneficiar a los candidatos de gobierno.
Torrijos, quien desarrolló ayer una jornada en el área de Arraiján, específicamente en las comunidades de Paraíso, La Polvadera, Cerro Silvestre y Vista Alegre, en el distrito de Arraiján, dijo que esta preocupación surge debido a la habilitación de una nueva fecha para la inscripción de adherentes en partidos políticos.
Señaló que confía en los magistrados del Tribunal Electoral, sin embargo, dijo sentirse preocupado por las decisiones que pueda asumir el organismo en el futuro.
Torrijos manifestó que desea conocer si las reglas del juego van a ser iguales para todos, o más adelante "tendremos un Tribunal Electoral complaciente con los partidos de gobierno; esa es mi preocupación". dijo Torrijos.
A juicio de Torrijos, no existen argumentos para extender el período de inscripción en partidos políticos, debido a que todos los panameños saben de antemano que el día 31 de diciembre, fecha establecida para el cierre de los libros, no se trabaja en horario regular.
Es toda una historia de mezquinos egoísmos, de intolerancias, de violaciones al derecho internacional la que acaba de desembocar en los trágicos sucesos que han bañado de sangre inocente nuestra tierra. Hay que relatar la triste verdad de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos desde aquel convenio oprobioso, viciado de nulidad absoluta por su letra ilógica, por su espíritu esclavista, por su significado colonialista, por su expresión violatoria de los más elementales principios de humanidad. Solamente en esa forma lograremos mostrar ante la América y el mundo la verdad completa, de la cual la destrucción y la muerte, la sangre y el dolor que hoy abruman a nuestro país, no es más que la lógica conclusión, la inevitable consecuencia.
De allí la necesidad de que nuestra representación ante el Consejo de Seguridad y ante la Organización de los Estados Americanos lleve en el corazón y en la mente el cuadro total de los sucesos que todavía se están desarrollando en esa parte vital de la Patria que es el territorio por donde cruza la vía interoceánica. Panamá tiene que presentar ante esos organismos un retrato fiel de los atropellos contra la enseña patria, del asesinato de los estudiantes, de la masacre de hombres y mujeres, de la invasión de las tropas estadounidenses al territorio nacional. Porque ante esas pruebas y ante esa historia, el mundo entero tendrá que condenar a los Estados Unidos y tendrá que reconocer no solamente la plenitud de nuestros derechos sino también la justicia de nuestras demandas.
Esas demandas sólo podrán ser plenamente satisfechas mediante la cancelación definitiva del ominoso Tratado de 1903 y la fijación de un término perentorio para que la franja canalera vuelva al completo dominio de la República de Panamá, única soberana en ese territorio.
Toca al Ejecutivo, en consulta con los dirigentes cívicos y políticos del país, proclamar oficialmente las aspiraciones integrales del pueblo panameño en relación con la Zona del Canal, a fin de que la lucha por el logró de las reivindicaciones nacionales no se detenga en la simple gestión ante el Consejo de la Organización de Estados Americanos y ante el Consejo de Seguridad.
Nuestra cita con la historia debe concretarse en una demanda oficial dirigida por el Jefe de Estado Panameño al Secretario General de las Naciones Unidas para que en el Programa del próximo período de sesiones de la Asamblea General de esa Organización, se incluya el tema relativo a “la Cuestión de la Zona del Canal de Panamá”.
Nuestros mártires estudiantes, los patriotas que cayeron inmolados por las ráfagas arteras de una soldadesca vengativa, no habrán muerto en vano si la Nación entera, los panameños todos, actuamos unidos en un solo haz para rescatar nuestra soberanía y reclamar justicia para la República, honor para su bandera, respeto para sus instituciones y gloria para los caídos.