Líderes religiosos coinciden en que se está perdiendo el verdadero significado de abstenerse de ciertos alimentos en Semana Santa.
La tradición católica evita el consumo de carnes rojas y otros cortes apetitosos para esta época, y en su lugar los creyentes acostumbran comer pescado.
“Pero en este tiempo la corvina y los mariscos son los más caros, así que es absurdo gastar tanto. Sería mejor seguir comiendo carnes baratas y concentrarnos mejor en hacer el bien y en compartir”, aseguró el padre José Israel, de la parroquia de Las Tablas.
Agregó que según la costumbre judía antigua, se comía pescado en esta celebración religiosa porque era lo que más abundaba.
“Pero la realidad ahora es muy diferente, porque el precio de los mariscos se pone por los cielos”, aportó el padre José Brutúa, quien recuerda que la Iglesia invita a la abstinencia, no a comer solo pescado.
Y monseñor José Domingo Ulloa recalca que si no nos alcanza para los mariscos, eso no impide cumplir el verdadero objetivo, “que es tener la capacidad de compartir lo poco que tenemos con los demás”, destacó.