Buenos Aires. Guido Di Tella reconoce que en los países del Cono Sur la transferencia del Canal de Panamá tuvo poca repercusión, a pesar de que se trataba de un episodio de gran significado para la historia de las relaciones interamericanas.
"Sin duda no se le dio la importancia que merecía," anota Di Tella, quien fungió como ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Carlos Saúl Menem.
El ex canciller, que el próximo mes se incorpora al prestigioso St. Anthony"s College de la Universidad de Oxford, reflexionó sobre las relaciones con Panamá y otros aspectos de la política exterior en una entrevista exclusiva con enviado de El Panamá América.
Di Tella no escatima elogios a la gestión del nuevo gobierno del presidente Fernando De La Rúa. Esto es algo poco usual en la política argentina, donde durante años diferencias de ideología y estilo separaban a los partidarios justicialistas de Menem de los demócratas radicales que hace unos meses llegaron al poder con la elección del presidente Fernando De La Rúa.
Quien fuera jefe de la diplomacia argentina durante casi siete años hizo especial mención del equipo de política exterior del nuevo presidente, encabezado por el ministro de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini, un connotado economista.
"Los nombramientos de De La Rúa han sido excelentes", sentenció Di Tella, un destacado economista, dos metros de alto y de cabellera blanca.
"En Relaciones Exteriores hay un equipo de gran calidad y me satisface saber que están siguiendo una línea de conducta similar a la nuestra, o sea, de especial amistad con los países hermanos de Latinoamérica así como con Estados Unidos".
Di Tella, un hombre de infatigable energía con un acérbico sentido de humor sacudió al "establishment" cuando un día calificó de "relaciones carnales" la decidida política de acercamiento a Washington del gobierno de Menem.
Sin embargo detrás de esta referencia jocosa se había generado un cambio de orientación política sin precedentes: Argentina, que durante un siglo se erigía de rival de Estados Unidos al liderazgo latinoamericano, repentinamente se convirtió en "aliado incondicional" de los gobiernos de George Bush y Bill Clinton.
Durante una conversación en sus modestas oficinas en un edificio tradicional a sólo cuatro cuadras de la nueva y monumental sede del ministerio de Relaciones Exteriores, cuya construcción fue impulsada por el propio Di Tella, éste explicó algunos de los fundamentos que impulsaron el radical cambio de la política exterior argentina.
"Desde la Primera Conferencia Panamericana celebrada en Washington en 1898, Argentina adoptó una posición de claro antagonismo hacia el gobierno de Estados Unidos", recordó. "Era una política influenciada más por ideologías de origen europea que basada en nuestros intereses y de los de la comunidad americana.
"A tal extremo llegó esta política que durante las principales sesiones de la conferencia, los delegados argentinos se paseaban ostentosamente en carruajes por la ciudad para demostrar su desprecio por la política de Washington. Y de allí en adelante nuestra política exterior era una continua serie de desafíos a Estados Unidos, como se vio durante la Segunda Guerra Mundial y luego en los foros interamericanos".
"Entonces estaba en los valores sociales de Argentina molestar a los Estados Unidos", resaltó. "Cuando entró el gobierno de Menem era obvio lo que había que hacer porque esa política no tenía valor alguno para nuestros intereses. Eso se acabó. Ahora hablamos en términos normales y las relaciones se volvieron normales".
"Cuando Bush pidió ayuda al Occidente para repeler la agresión de Irak respondimos, al igual cuando se produjo la intervención de Naciones Unidas en Haití" dijo Di Tella.
"Hemos sido un principal contribuyente a las fuerzas de paz del organismo mundial. Paulatinamente Estados Unidos entendió que éramos un genuino aliado y se estrecharon nuestros lazos como nunca se había visto en el pasado", aseguró.
Di Tella reconoce que la nueva política con Washington tendrá algo más de reserva, como ha sido la tradición de los radicales, aunque tanto de La Rúa como su canciller expresaron su intención de continuar una política de "estrecha amistad observando un respecto mutuo a la vez que defenderemos nuestros intereses nacionales, seguro de que seremos un aliado confiable".
Al ex canciller ésta le parece una posición correcta.
"Quizás nosotros a veces tuvimos que ser algo exagerados porque se trataba de un cambio muy brusco que sólo se puede lograr de esa manera", reflexionó Di Tella con su famosa sonrisa sardónica.