La competencia entre los canales de televisión local cada vez es más intensa. Todos quieren ser el número uno y, para ello, invierten grandes cantidades de dinero y esfuerzo. Los presentadores son parte de la eterna lucha por el rating, pues ellos y ellas representan al medio y deben verse lo mejor posible.
Lissette Condassin, quien fuera por años presentadora de noticias de Canal 4, contó que cuando ella hizo la prueba para el noticiero, no estaba maquillada. Vestía una camisita tejida sin mangas "era amarilla como mi color de piel sin maquillaje". Añade que ahora hasta para los "castings" se pone a las chicas en manos de profesionales.
La intuición guiaba su aspecto, lo que le gustaba, se quedaba. Recibió un curso de maquillaje correctivo del desaparecido Guillermo Bobbio, gracias a lo que sacó mejor provecho a sus facciones.
Manifestó que el glamour de un presentador de televisión es momentáneo, porque a veces hay que literalmente amarrarse los pantalones, chapalear lodo y aprender a vivir con el estrés, un compañero inseparable.
Martha Alvarado siempre tuvo problemas de peso, pero con la ayuda de una nutricionista y su motivación por embarazarse pudo adelgazar. Hoy, más flaca que nunca, sigue cuidando su alimentación.
Considera que en la televisión, la imagen es tan importante como la preparación. "Lo que la gente ve en la televisión es imagen y si lo que ven no les gusta, te rechazan". El domingo se siente libre porque no tiene que maquillarse.
Otra que sabe lo que es batallar con las libras de más, créanlo o no es Gisela Tuñón, ella pesaba 200 libras. Sabe que hubiera sido muy difícil que la hubieran considerado como presentadora siendo tan obesa como era. Cuida su peso tanto por estética como por salud, ya que quiere vivir mucho para disfrutar de su familia.
"Hay gente que comienza a hablar mal de las personas gordas delante de mí pensando que me hacen un halago, pero lo que hacen es ofenderme. Sólo valoran la apariencia exterior, algo que cambiará en 20 años. Yo sigo siendo la misma persona, cambió lo físico, pero la esencia, el pensamiento y la personalidad es la misma", comentó.
El sobrepeso no es problema exclusivo de las mujeres; Celiano Fonseca cuando dio el salto de las radionovelas a la televisión, entrenó como si se tratara de un campeonato deportivo y mantuvo un régimen estricto para bajar las 45 libras que tenía a cuestas. El opina que toda cara de televisión debe tener vanidad además de talento, para estar contento consigo mismo y hacer bien su trabajo.
Hay en el canal quienes todavía recuerdan a la pequeña Susan Elizabeth Castillo, presentadora de Ciudad Desnuda, cargando una gran caja de herramientas donde llevaba su maquillaje. Ahora sólo lleva lo necesario.
Cuando la maquillan se le irritan los ojos, y en más de una ocasión la han molestado preguntándole qué se fumó. Una vez cinco minutos antes de comenzar el programa estaba llorándole tanto un ojo que se le corrió el maquillaje. "Hay muchas presentadoras de televisión que dependen de alguien para que las arregle, pero como me han pasado tantos chascos, yo he aprendido a hacerlo sola. Yo misma me puedo peinar y maquillar".
A Renato Pereira le encanta ser negro. "Yo me siento bien, el problema lo tienen los otros", dijo entre risas. En la pantalla chica resalta el color de su piel vistiendo de azul, un color que le favorece y que, afortunadamente, es su favorito. Tiene alrededor de 50 camisas azules.
Expresó que muchos productores siguen con los patrones tradicionales y no dan lugar a más personas negras en la televisión nacional, porque creen que el público no los aceptará. "Oscuros somos sólo Lucy (Molinar) y yo, los demás son mulatos, pero en los grandes países los actores y modelos negros gozan de mucha aceptación", agregó.
Pereira piensa que querer verse bien para uno mismo y los demás no es censurable, por lo que disfruta pasar la primera mitad del día con el maquillaje que le hacen en el estudio.