Los familiares de las 18 víctimas del bus 8B-06 que murieron calcinadas el 23 de octubre de 2006, siguen decepcionados.
Luego de dos años de la tragedia, lo único palpable es el monumento en honor a los mártires y las muestras de fraternidad y afecto que reciben esporádicamente.
Pese a ello, la unidad de las familias afectadas es evidente. Ayer, durante una misa en la Iglesia Catedral, junto a los sobrevivientes, le reiteraron al presidente Martín Torrijos que la justicia y los cambios reales en el sistema de transporte público están pendientes.
Luis Contreras, uno de los sobrevivientes, aseguró que desde el accidente no es el mismo y dijo sentirse "decepcionado" porque no hay justicia y el transporte público sigue con buses viejos y conductores irresponsables.
Torrijos, por su lado, afirmó que existe un compromiso con la ciudadanía y aunque no se tiene el ritmo de avance que quisiera, sí existe la voluntad de trabajar para ofrecer una respuesta al reclamo de un transporte seguro.
Convenio.
Horas después, Panamá y Ecuador firmaron el acuerdo para establecer el programa "Corazones Azules", que busca evitar más muertes por accidentes de tránsito en el país. En tal sentido, los familiares y los sobrevivientes volvieron a la Martín Sosa, el sitio que marcó profundamente sus vidas, para pintar 18 corazones azules, en un acto simbólico por las 18 personas que perdieron la vida.