Nación

Tres de sus tesoros se hunden en las aguas del océano Pacífico

Las 27 personas que transportaba la embarcación de Jaqué a Santa Fe viajaban sin salvavidas. Ayer, el Ministerio Público inició las investigaciones, para conocer las causas de la tragedia.


" Mamita, mamita", fue lo último que escuchó Ilda Arboleda de su hijo preferido Johny Panezo, "El Negro", quien se ahogó en el naufragio de la embarcación La Práxedes, ocurrido en Punta Caracoles, en la provincia de Darién.

Si presenciar la muerte de un hijo constituye un dolor indescriptible, para Arboleda este sufrimiento fue triple. Ella perdió a tres de sus cuatro hijos en esta tragedia.

Con una serenidad sorprendente, producto de la ingestión de sedantes, Arboleda compartió con Panamá Américael peor momento de su vida, que se inició a las 9:00 a.m. del miércoles último, cuando Jonathan Panezo, su esposo, avisó a los 26 tripulantes que la embarcación "La Práxedes" se estaba hundiendo.

Contó que Panezo advirtió a los adultos que saltaran al mar, y dejaran a los menores dentro de la lancha para evitar que se hundiera, pero nadie se movió.

 

Fue cuando una gran cantidad de agua ingresó a la embarcación que los pasajeros decidieron saltar, pero fue muy tarde, el barco se sumergió en cuestión de segundos a una velocidad impresionante, recordó Arboleda.

Ese momento fue su primer trago amargo, pues con la lancha se hundió su hija Kiara Panezo, de 16 años.

 

Aunque fue muy duro para ella aceptar la muerte de su hija, mirar el rostro de "El Negro", le dio fuerzas para seguir nadando con la ayuda de un tanque de gasolina, que luego de calentarse con el sol le causó profundas quemaduras en el brazo derecho.

Esta inspiración se vio cortada de tajo, cuando su pequeño de cinco años repitió "mamita mamita", antes de desesperarse y safarse de los hombros de su primo Edwin Rivas, quien lo socorría.

El cuerpo de Ilda se estremeció, y no fue capaz de mirar atrás, por el dolor de perder a su hijo preferido y la razón de su existir.

 

Por segunda vez en un mismo día, Arboleda sintió aquel espeluznante vacío en el estómago.

¡Se me ahogaron mis dos hijos!, ¡Se me ahogaron mis dos hijos!, sollozó y repitió Arboleda con angustia, a Práxedes Ibarguen, otra de las sobrevivientes, quien es dueña de la lancha naufragada.

En ese momento le dijo a su compañera de tragedia: Apenas me queda esta. Se trataba de Nilka Pulgarín, de 13 años, su otra hija adoptiva.

Arboleda sintió que el mundo se le acababa, por la pérdida de sus hijos, pero aún así se aferró a Pulgarín, a quien llevaba sobre una tabla.

Pero de pronto, Pulgarín empezó a preguntar con insistencia, ¿dónde está El Negro?, ¿dónde está El Negro?

Arboleda intentó calmar a la menor, al decirle que iba detrás de ellos, pero Pulgarín se percató que el pequeño había desaparecido.

La menor se desesperó tanto que su cuerpo empezó a amoratarse, eran los signos de un infarto fulminante. Su cuerpo se sumergió entre las aguas, pero luego fue rescatado.

El último aliento de vida de Ilda se hundió junto a Pulgarín, pero, ese no era su día de morir, casi al instante, apareció una lancha que la salvó junto a otros cuatro sobrevivientes del naufragio.


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339301
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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