El arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, expresó ayer que en medio de la crisis de la justicia se tiene que escuchar la percepción del pueblo y aprovecharla para que sea una oportunidad, refiriéndose a las duras críticas de la sociedad civil en contra el Gobierno por el nombramiento del nuevo magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Harry Díaz.
“En medio de la crisis hay que pararse, meditar qué se puede fortalecer, cómo podemos fortalecer la institucionalidad. Hay que escuchar el sentir del pueblo un poco más”. acotó.

La sociedad civil sustenta que Díaz no puede fungir en el cargo porque actuó como funcionario con mando y jurisdicción, cuando fue viceministro de Finanzas.
Las declaraciones de Monseñor Ulloa se dieron luego de su primera misa crismal del Jueves Santo, en la que recordó que Jesucristo invita a que se profundice en su pasión y muerte, que se abra la puerta sin temor a Dios que es necesario en la vida.

Afirmó que el Jueves Santo Jesús instituyó la Eucaristía y el sacerdocio, pues hace 2000 años, en una pequeña sala de Jerusalen, el Señor se reunió con sus discípulos y les dijo: “Con gran deseo he deseado comer esta Pascua con ustedes”.
Y en una cena de despedida, sin complicaciones, les abrió el corazón a los apóstoles y los constituyó sacerdotes de la Eucaristía y del perdón, de la Palabra y del amor.

Ulloa estuvo acompañado del Nuncio Apostólico, Monseñor Andrés Carrrascosa Coso; el obispo Auxiliar, Pablo Varela Sever; el Vicario General, Reverendo Carlos Mejía y Josko, secretario de la Nunciatura Apostólica.
A la iglesia Catedral totalmente abarrotada asistieron unos 150 sacerdotes, entre 20 a 30 diáconos, representando a las 98 parroquias en la Arquidiócesis de Panamá, así como miembros de la vida consagrada, seminaristas, fieles cristianos laicos.
Monseñor Ulloa trajo consigo el Báculo de Monseñor Tomás Alberto Clavel Méndez, recordando que cuando tenía nueve años tuvo el atrevimiento de llegar hasta su oficina en el Arzobispado en el Marañon, casi temblando y le dijo que quería ser sacerdote y él puso sus manos y le bendijo.
Para él, Clave fue celoso y ejemplar pastor, como signo de esa continuidad que arranca de los mismos apóstoles.
Expresó su cariño, admiración y respeto a los sacerdotes, que por su gracia especial y entrega singular a el Salvador,soportan el peso del día y del calor.
Mencionó que tiene en mente a los hermanos que están estudiando en el extranjero, a los enfermos como Monseñor Laureano Crestar Durán, a los que salieron del redil, a los que abandonaron el ministerio y a los que se acogieron a su jubilación como el ex arzobispo, José Dimas Cedeño.
Consagración del bálsamo bendito.
En la celebración se consagró el crisma y se bendicieron los óleos. El santo crisma se coloca a los filigreses que se acercan a pedir el bautismo, a los que reciben la confirmación o a los que serán ordenados presbíteros y diáconos.
Mientras que los santos óleos son derramados a los catecúmenos y a los enfermos, que significa fortaleza contra toda debilidad moral o física, dando lugar al Espíritu Santo.
El máximo dirigente de la Iglesia Católica manifestó que el pueblo sacerdotal es el portador del bálsamo bendito, bálsamo de Dios que necesita el pueblo, pues son muchas las heridas por las que en estos días la humanidad se está desangrando, tanto metafóricamente como realistamente.
“Los frascos que son bendecidos son para distribuirlos en todas las iglesias, para que cada uno de nosotros los sacerdotes podamos salir a tocar la carne vulnerable del pueblo fiel a Dios, que necesita el bálsamo de la bondad divina para continuar su duro peregrinar por esta vida”.
Renovación de las promesas.
También los sacerdotes renovaron sus promesas . Ulloa les pidió a los presentes que no le exigieran a Dios sacerdotes buenos, sino sacerdotes ungidores, que sepan salir de la autocomplacencia y eficientismo y den simples gestos de bondad.
“La bondad cansa porque es trabajadora y requiere repetición de gestos personales, eso que pide con insistencia nuestro pueblos fiel: que le bauticemos a sus bebés, que le unjamos a los enfermos, que le demos la bendición a sus cosas, estampitas ya sus botellitas de agua, que visitemos sus casas y escuchemos sus confesiones, que les demos la comunión.....”, indicó.
A sus colegas les manifestó que necesitan de ese bálsamo porque pueden tener heridas que los debilitan en la pertenecia de Jesucristo, heridas que les hacen extraños ante la madre Iglesia, cuando andan por los caminos pródigos lejos de su hogar entrañable o cuando permanecen con tristeza en su seno.
Unción al pueblo.
Ulloa planteó que la ciudad debe ser ungida en lugares donde la bondad está en lucha, en alusión a los espacios de injusticia social y económica, en los que la bondad y el bien común deben reinar.
Asegura que la ciudad debe ser ungida en donde se concentra el mal: la agresión y el robo; el descontrol y la corrupción, la mentira y la violencia, sobre todo la violencia doméstica.
Por la gravedad de estos hechos, que ha llenado de luto a muchos hogares, sugiere denunciar el maltrato y apoyar a las víctimas pese a que se ha dicho que en pelea de marido y mujer nadie se debe de meter.
A su juicio, los jóvenes necesitan y reclaman gritos que alguien los unja y les revele a Cristo, que sus dueños no son la droga ni la cerveza, sino que es Cristo su Señor, el que los puede convocar y plenificar, misionar y acompañar.