Nación

Un accidente le cambió la vida a Lidia y Luis

Los dos sobrevivientes del incendio del bus que más quemaduras sufrieron, tratan de volver a su vida normal.


"Mi fortaleza es Dios", dijo suavemente Atencio, la enfermera de 41 años, quien está sobrellevando el calvario que marcó su vida para siempre.
El incendio, ocurrido en La Cresta, ha dejado en ella y en Contreras enormes y dolorosas cicatrices, sumadas al dolor que secretamente llevan en su alma, porque tienen que demostrar a su familia que hay que salir adelante a pesar de todo.
Ambos vivieron esta Semana Santa de una manera diferente. Más espiritual que nunca y entregados a la fe de que Dios los ayudará a salir adelante, pese a la tragedia que los embarga.
Este Viernes Santo representó para Lidia un encuentro con la vida, al ver reflejada la pasión y muerte de Cristo, de lo cuanto que soportó al morir por nosotros.
Esta mujer siente que aún Dios está con ella, más en estos momentos difíciles en que sueña con seguir siendo la enfermera que con esmero y dedicación ha sido por once años.
Luis, por su parte, definió cada uno de sus días como doloroso, pero encontró refugio en monseñor José Domingo Ulloa el pasado miércoles, cuando asistió a la Curia Metropolitana para explicar los problemas que enfrentan con la investigación que adelanta la Fiscalía Primera de Circuito, a cargo de Zuleika Moore.
Contreras calificó con duros términos la investigación que adelanta Moore, señalando que "la fiscal piensa que han muerto 18 perros. Nos ha tratado muy duro", advirtió.
Él encabeza una cruzada que no terminará hasta que se haga justicia, y recordó que aún en el expediente hacen falta nuevos exámenes forenses para ambos.
Ha tocado todas las puertas que ha podido, la de diputados, en la Procuraduría de la Nación, el Ministerio de la Presidencia, la iglesia Católica, pero todos miran hacia un lado y nadie se pronuncia. Nada los conmueve.
"Miro como estoy quemado, me pregunto si es justo, todos los días pienso eso. Esto nos ha dañado la vida", reflexionó.
"Estamos pasando mucho trabajo y dolor", recordó, aunque dijo no sentir ningún tipo de rencor hacia los transportistas.
Parte de la fortaleza de Lidia proviene de Dios. Esta virtud que ahora tiene, también se la debe a las personas que en la calle la reconocen. En gran medida se siente mal cuando la miran, pero sabe que todos la ven como una heroina.
Lidia está encontrando la fuerza que necesita para sacar adelante a sus pequeños hijos, de 10 y 6 años. Dice que muchas personas, que no conoce, se le acercan y le piden que siga luchando por su vida y eso la hace sentir bien.
Al regresar a su vida diaria, Luis lucha para pagar la escuela de sus hijos, la tarifa eléctrica, el agua y el transporte para ir al hospital. Comenta que los taxistas se niegan a llevarlo. "Estoy sobreviviendo por la gracia de Dios".
"Estoy como los pájaros que no trabajan, pero comen y no se mueren de hambre", reflexionó, al ver todas las angustias que pasa diariamente, sin trabajo, y a la espera de nuevas intervenciones quirúrgicas.
En este accidente resultaron heridas 16 personas, de las cuales 11 eran adultos y cinco niños.
De los 37 pasajeros que viajaban en el bus, 31 iban en sus respectivos asientos y 6 iban de pie.
Entre los 18 muertos de ese accidente, cuatro eran niños.


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273619
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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