Nación

Un bosque en medio de la ciudad


Eran las seis de la mañana. El cielo estaba nublado, y la gira al Parque Natural Metropolitano corría peligro. Una hora después, en las oficinas centrales estaban varios jóvenes que participarían de la gira. Eran estudiantes de la carrera de Aviación de la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Universidad Tecnológica de Panamá, su profesor de Ecología esperaba que los chicos llegaran y se anotaran en una lista.

A las ocho de la mañana, ya estaban completos y pasaron a un salón para ver un video con información del parque, y de lo que podían encontrarse en los tres senderos que caminarían.

 

Media hora más tarde de ver el video, y realizar algunas preguntas, ya estaban listos para emprender la aventura, pero la lluvia quería estropear el paseo.

Ante ello, varios decidieron alquilar capotes, pero esto no impediría el senderismo, que era la primera vez para la mayoría.

 

Empezaron con el sendero El Roble, donde la guía Clarivel Sánchez explicaba sobre la flora y fauna que encontraban en el camino. En varias ocasiones se detenían para que Clari diera información sobre los árboles que había en el sendero, como el árbol Panamá, el espavé, el roble, entre otros.

Además daba sugerencias de supervivencia si en algún momento alguien del grupo se perdía en el bosque. Aprendieron que el comején puede saciar el hambre, y que si tienen sed pueden tomar agua de una planta parecida a la sábila.

 

Durante este recorrido apreciaron varias especies de aves, de las 276 que existen en el parque. También vieron tortugas en un pequeño lago artificial que se creó para este tipo de animales, y no podía faltar el popular ñeque y los monos tití, y aunque nunca se dejó ver, el mono aullador estaba presente porque lo escuchaban en algunos instantes.

Después de casi una hora de recorrer este primer sendero, que era llano y lodoso por la lluvia, entraron al sendero Cieneguita, llamado así por los charcos que se encuentran en el camino.

Luego, ingresaron al camino más pesado, pues hay que subir lomas, y Clari dijo que en más de una ocasión, algunos de los visitantes no llegan a la parte más alta, la más inclinada, y que para muchos el más atractivo del parque es el Mirador Cerro Cedro que está ubicado en el tercer y último sendero que caminaron los jóvenes.

 

Algunos de los chicos decidieron correr hasta la cima, casi llegan sin aire, y los demás prefirieron, entre los relatos de Clari y las risas, caminar lentamente hasta llegar a punto que se encuentra a 150 metros de altura sobre el nivel del mar.

Desde este mirador se puede observar, si el día beneficia, el puente Centenario, el Puente de las Américas, el Cerro Ancón, y parte de la ciudad de Panamá.

Antes de llegar al mirador, los recibió uno de los residentes más comunes de este lugar, un gato solo, quien aprovechó los pedazos de guineo que le brindaron para posar para las cámaras.

Luego de subir esa loma, varios descansaron en las bancas que tiene el mirador, para aquellos agotados por subir la loma, otros aprovecharon para tomar fotos de la espectacular vista de la ciudad de Panamá y sus íconos.

Al bajar se encontraron con otro mirador llamado Los Trinos, que es especial para la observación de aves. Este parque es muy visitado por personas aficionadas a las fotos de aves, en su mayoría extranjeros.

Casi tres horas después del punto de partida, regresaron al mismo lugar; aunque muy agotador, el paseo fue muy instructivo. Era la primera vez para la mayoría de los chicos en las entrañas del parque, a sabiendas de que está en el medio de la ciudad de Panamá, y es el único parque a nivel de Centroamérica que se encuentra en una urbe capitalina.

Además de hacer ejercicio y conocer un poco del entorno natural en plena ciudad, también se puede hacer pic nic sin ir muy lejos.

Se recorrieron tres senderos de los cinco que tiene el parque. Los otros son Los Caobos y Los Momotides.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América